Salón del Libro Infantil / Encuentro
«En España hay una censura brutal en la literatura juvenil»
Jordi Sierra i Fabra se cita con los lectores en dos jornadas maratonianas

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A.S.R. / BurgosLa misma pasión que le ha llevado a escribir más de 400 libros y a vender 10 millones de ejemplares derrocha Jordi Sierra i Fabra cuando habla. El escritor llegó ayer en avión desde Barcelona y regresará hoy a casa después de una apretada agenda con el Salón del Libro Infantil y Juvenil de fondo.Lo afronta con alegría. Recuerda cuando antaño pasaba de octubre a mayo de charla en charla. Recaló también en Burgos, pero la ciudad del Arlanzón provoca su sonrisa por otra cosa. Vivió como periodista musical el que ha pasado a la historia como Festival de la Cochambre -«nunca lo olvidaré»-. Todavía se ve con aquellas melenas, esos enormes pantalones de campana, botas con plataforma...Aquella época en la música -«nunca puedes olvidar tus orígenes, de dónde vienes, quién has sido»- quedó al fondo del cajón, aunque un pin en forma de guitarra lo delata, cuando consiguió su otro sueño.«Yo era y soy un romántico, apasionado, me encanta soñar, quería ser Kipling, Verne, viajar, vivir aventuras, experiencias... y eso la música no me lo daba, aunque sí había viajado en Concorde, ido en limusina, codeado con roqueros... Son etapas. Yo estoy mejor ahora que antes», expone y asegura que sus sueños se han cumplido: «Viajo, vivo de escribir, soy feliz, libre, independiente, hago lo que me gusta, no tengo ningún jefe, nunca he hecho nada que no sintiera y escribo tanto porque me gusta, porque hago mía esa frase: ‘escribir es un orgasmo continuo’».Y adicto debe ser porque escribe sin descanso. No miente. Enseña un cuaderno con una caligrafía pulcra, sin tachones, en el que se lee Vuelo de BCN a Burgos. 20-XI-2013. Jordi Sierra i Fabra registra cada paso que da. Desde siempre. Desde que era un niño y fechaba sus dibujos (el museo de la Fundación que lleva su nombre en Barcelona, tiene otra en la colombiana Medellín, da fe).Cuenta que trabaja a todas horas, en un aeropuerto, cuando lee el periódico... Primero traza un guion, que hace en cualquier lugar o situación y siempre manuscrito, y después escribe el libro, en su casa y en un tiempo récord. «No puedo escribir fuera de casa, pero sí pensar», aclara y enseña su libro Mis (primeros) 400 libros. Memorias literarias de Jordi Sierra i Fabra en el iPad, donde desvela todos sus pasos.¿Cuál es el secreto para que el pozo de la imaginación no se seque? «Soy una parabólica con patas. Estoy todo el día pipipipi... Del periódico de hoy te saco tres novelas. Yo no leo noticias, busco historias y me hago preguntas (...). Es todo. Es lo que vivo, es lo que siento. Soy escritor y viajo mucho. Cuando salgo de España me dejo el ego y la piel de escritor en el perchero de casa, me voy a cualquier lugar del mundo, y yo no soy Leonardo di Caprio, seguido de un montón de paparazzi, y ahí te vuelves humilde y escuchas, hablas con la gente y te cuentan cosas. Yo soy una esponja», responde apasionado moviendo las manos, interpelando, hablando en falsete y demostrando que es un escritor para disfrutar en vivo y en directo.«Siempre digo que si la vida fuera un circo sería la mujer barbuda. Soy un fenómeno, no literario, si no el tipo récord, que ha publicado 400 libros», ilustra divertido y admite que tiene tiempo para todo, hasta para sus nietas y para ir al fútbol.Parco, su último libro, Premio Anaya 2013, con el que pasea por Burgos, es una excepción. No hubo guion. Le salió de corrido. Es la historia de un niño que mata a un hombre de 38 puñaladas y hasta la última palabra no aparece la justificación. «Era un libro que nadie iba a publicar porque es muy duro y en España hay una censura brutal en la literatura destinada a jóvenes...», comenta feliz por la nueva voz de Sierra i Fabra que refleja esta novela.El escritor catalán lamenta esa dulcificación. «Es una guerra perdida. Estábamos mejor hace treinta años», se queja y no entiende estos miramientos cuando luego se les deja ver películas pornográficas o matar marcianos en el ordenador. «Me han llegado a pedir que cambiara cerveza por cocacola o hacer que una chica cogiera el sida en un hospital en vez de con el novio. Son cosas por las que no transijo. Yo no cambio nada, no me bajo los pantalones», enfatiza.Sierra i Fabra, que acaba de recibir el Premio Iberoamericano por toda su obra, dice que, si encontrara la lámpara de Aladino, pediría que sobreviviera su Fundación y ganar el Premio Andersen, el Nobel juvenil, el cromo que le falta en su álbum y que ve imposible porque España usa la crisis para no presentar candidatura. «Es una vergüenza. Me siento humillado», remata y añade que forma parte de una generación que lo merecería en colectivo. ¿Y el tercero? «Vivir cien años, o más, y morir escribiendo».