El Correo de Burgos

El forense de la fotografía enamorado de Roma

El burgalés Andrés Torca expone ‘Fotopsias’ en la galería 201 de la capital italiana, un proyecto de experimentación en blanco y negro con un guiño a los métodos tradicionales

Burgos

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A.S.R. / Burgos

Andrés Torca siempre quiso vivir en Roma. Es un enamorado de la ciudad eterna y desde hace un tiempo se deja engatusar por su belleza. Una beca de Cittadellarte, de la Fundación Michelangelo Pistolettto, le expidió el billete de avión. Y allí es feliz. «Es un continuo recoveco de magia, un laberinto que te atrapa. Intento compaginarlo con Burgos», señala el artista a través del correo electrónico, que utiliza para promocionar y contar qué es Fotopsias, la exposición que ocupa la Galería 201 de la capital italiana hasta el 6 de diciembre.

«Es un proyecto de experimentación fotográfica en blanco y negro, donde los métodos tradicionales de la fotografía argéntica son el punto de partida para un viaje que hace pedazos la fotografía, conceptual y físicamente, y ofrece nuevos modos de mirar», relata Torca, que expone por primera vez en Europa, pero no fuera de España ya que anteriormente lo hizo en la Universidad Nacional de Colombia.

El creador burgalés explica que el título es un nombre inventado que surge al unir las palabras fotografía y autopsias, y que, además, corresponde a un término médico asociado a la visión de destellos. «Ha sido casualidad. Es una coincidencia curiosa y coherente con la intención del proyecto», observa.

El objetivo de la colección, detalla el folleto de la muestra en Italia, es resituar la fotografía analógica de blanco y negro en la contemporaneidad. «El ojo, engañado, baila como un autofocus desorientado al son de estos cruces, se pierde y se encuentra entre los diversos fragmentos, que a modo de hiperenlace analizan cada rasgo, cada pliegue, abriendo ventanas a una nueva dimensión del mirar», detalla sobre este proyecto que se probó primero en Medellín (Colombia) y pasa ahora por Italia camino de España. Torca tiene previsto mostrar su trabajo en el Consulado del Mar de Burgos en enero de 2015.

Fue en esta ciudad donde nació y donde empezó a dar sus primeros pasos en el mundo de la creación.

Se inició en la Escuela de Arte burgalesa. «Fue una época genial, creando y dibujando mucho», recuerda. Después se tiró por el camino de la Restauración, durante un breve periodo de tiempo volcó sus enseñanzas en la Catedral. «Luego el alma creativa salió de nuevo», dice e hizo las maletas para estudiar Bellas Artes en Cuenca. El tercer año se fue de Erasmus a Leipzig (Alemania).

La experiencia le gustó y fue un definitivo alimento para su espíritu aventurero. Se apoderó de él y desde entonces no ha dejado de viajar.

Ha pasado por Barcelona, Granada, Biella, Roma, Berlín, donde fue asistente de fotógrafo, Medellín, como artista-profesor, y otra vez a Roma.

Torca tiene la suerte de haberse movido por el mundo más que por necesidad por su afán de aprender y probar nuevas experiencias. Cree que es algo innato al artista. Pero también tiene muy claro que la emigración obligada de los españoles es una lacra.

«Si los productores culturales, no solo me refiero a los artistas, se ven forzados a emigrar, o a dejar su actividad, esa civilización tendrá dificultades para progresar. Las ideas, el arte y la cultura son el antónimo de la inmovilidad. En el Renacimiento, una de las épocas excelsas de Europa, los potentados se peleaban por tener a los mejores creadores, imanes de calidad de vida y prestigio, pero estamos a años luz. A este paso volveremos al medievo, eso sí, con wireless y tarifa plana», reflexiona y reconoce que ahora mismo hay más mercado fuera de España, «pero la recesión cultural no es sólo ibérica. Todos los países emergentes están pujando fuerte en el mercado». Y lo dice alguien que se ha movido por ellos y conoce su empeño por hacerse un hueco en este mundo. El tiempo dirá.

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