El Correo de Burgos

XXXVIII FERIA DEL LIBRO

El misterio de los aviones alemanes cargados de perros

Gonzalo Giner revela en su última novela, ‘Pacto de lealtad’, qué llevó a los nazis a comprar canes en Burgos en 1937

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Burgos

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A.S.R. / BurgosLa firma de libros en la terraza del Alonso es otro clásico de la Feria del Libro. Gonzalo Giner lo hacía con mucho gusto. Llegaron muchos seguidores con El sanador de caballos, el título que lo lanzó, y también con la última, Pacto de lealtad, una obra que narra la relación entre una joven y un perro sin raza, que la ayudará a recuperar sus sueños, con la Guerra Civil como fondo y que tiene una parte de las cinco dedicada a Burgos.El libro brinda una mirada nueva de la contienda fraticida, quizás nunca antes tratada, que es la de un animal. «El perro se encontrará en medio de la guerra y vamos a intentar interpretar qué puede sentir y, entre comillas, pensar cuando ve que se están pegando tiros los hombres», comenta Giner, quien destaca que no pretende que sea otro volumen más sobre la guerra del 36, pero sí se pregunta qué pasó con los perros durante ella, qué se hizo con ellos y qué papeles desempeñaron.Y, curiosamente, Burgos interpreta uno con mucho peso. El escritor rastrea un hecho histórico poco conocido, del que le costó sudor encontrar documentación. Finalmente, halló una crónica de un coronel de 1937, que relataba como los aviones alemanes que aterrizaban en el aeródromo de Gamonal llenos de bombas regresaban cargados de perros, comprados en toda la provincia.¿Por qué? Las páginas del libro responden al detalle hasta lo que Giner descubrió y que en resumidas cuentas tiene que ver con que el afán de los nazis por conseguir la raza aria auténtica también la extendieron a sus perros.Les gustaba el perdiguero de Burgos porque los recordaba al draco, un linaje propio que mejoró gracias a aquel, pero también compraron alanos, estirpe muy antigua que se daba en tierras burgalesas y que, se decía, era de origen germano. En ella vieron el ancestro del bullenbeisser, perro mitológico alemán, capaz de inmovilizar a un oso o toro bravo, que creó varias razas en Europa siendo el alano el más parecido. «Buscaban el compañero del soldado alemán ario de raza pura», señala y añade que Hitler ayudó mucho porque era un amante de los canes.Precisamente el hallazgo de la literatura de Gonzalo Giner es que convierte a los animales en protagonistas de sus narraciones y no en meros comparsas.«Son personajes insólitos. En la literatura se los ha tratado muy poco, quizás aparecen, pero nunca como protagonistas», advierte el autor, para quien son sus grandes compañeros: «Sigo trabajando como veterinario todos los días y los vivo a diario, entonces cómo no voy a hablar de ellos, a escribir de ellos y trasladar a la gente el privilegio que siento de poder comunicarme, conocer y disfrutar de los maravillosos seres que son».¿Cómo se desenvuelve un veterinario en un ámbito tan distinto como el editorial? «Es como vivir en dos mundos separados, sin dejar de pisar el suelo, soy una persona muy de campo, me gusta hablar y conocer la realidad del ganadero y del agricultor, pero de repente lo compartes con un universo tan fascinante como la literatura y me siento un privilegiado por disfrutar de dos cosas que me apasionan».

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