EXPOSICIÓN
Cuando Castilla enamoró al joven Alberti
‘La amante’ se recrea en la obra escrita por el poeta durante su primer viaje

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A.S.R. / Burgos¡Castellanos de Castilla, / nunca habéis visto la mar! / ¡Alerta, que en estos ojos / del sur y en este cantar / yo os traigo toda la mar! / ¡Miradme, que pasa el mar! De Aranda de Duero a Peñaranda de Duero escribió Rafael Alberti estos versos. Habla el joven poeta con la emoción de un enamorado, de quien vive una primera experiencia, y él lo estaba haciendo. Acababa de ganar el Premio Nacional de Literatura por Marinero en tierra y emprendió el primer gran viaje de su vida en auto junto a su hermano Agustín, representante de una casa de vinos, por tierras de Castilla. Sus sensaciones alimentaron La amante, el particular Campos de Castilla del vate gaditano, gran admirador de Machado, que ahora es protagonista de una exposición en el Palacio de la Isla sin fecha de fin.La muestra, del mismo nombre que la obra, reúne dibujos, manuscritos, textos, algunos inéditos, y todas las ediciones que aparecieron salvo la primera, que salió publicada en 1926 como segundo suplemento de la revista Litoral, de Manuel Altolaguirre y Emilio Prados.El propietario de parte de esta colección y comisario, Máximo López Vilaboa, destaca el valor de transmitir a los burgaleses estas páginas que trazan impresión a impresión, verso a verso, rutas de viaje por Aranda de Duero a Miranda de Ebro pasando por Canicosa de la Sierra, Gumiel de Izán, Roa, Huerta de Rey, Covarrubias, Salas de los Infantes, Peñaranda de Duero...«Aquí no está la imagen del Alberti que viene del exilio, cargado de años y experiencia, sino la de una persona de 23 años, que acaba de ganar un premio de poesía», anota López, mientras el otro comisario, el director del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, Gonzalo Santonja, apostilla: «Estos versos nacen de una emoción amorosa y de un sentimiento del paisaje y del paisanaje».Este acompañó después a Alberti por estos pueblos en un par de ocasiones en los años ochenta. Volvía el poeta «con los ojos de la nostalgia» y estos le devolvían una Castilla distinta de la que se prendó en su juventud. La construcción y la industrialización se la habían comido. Aquel viejo embeleso pasó fugaz solo al reconocer la barandilla del puente sobre el Duero y sus ojos, en los que él reconoció los de La amante.
Entrometida censura franquista
La amante se completa con un botón de muestra de los últimos estertores de la censura franquista. Reúne el expediente completo de la que tuvo que pasar La arboleda perdida, memorias del poeta gaditano, a petición voluntaria. «Las obras de Rafael Alberti se empiezan a publicar en España muy a finales de los años sesenta y todavía en el 75 estaban sometidas a este tipo de azares, a suspensiones gubernativas, y es bueno que se sepa», observa Santonja, quien advierte cómo el censor habla de supresiones aconsejadas, que no obligadas, y como una vez pasados los trámites y acatada la sentencia sobrevenían los secuestros, que periódicos de la época recogen y cuyos recortes también alimentan la colección.