ELENA MEDEL Poeta
«Por desgracia, hoy en día el poeta ya no es un ser peligroso»
Tras ocho años en silencio y entregados a los besos de La Bella Varsovia, los labios rojos de esta cordobesa del 85 han roto a bailar con ‘Chatterton’, Premio Fundación Loewe Joven

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A.S.R. / BurgosElena Medel irrumpe en el Museo del Libro con una bolsa repleta de poemarios de colegas que han guiado su carrera literaria y sin saber que luego la presentará su amigo Óscar Esquivias. Habla la poeta, la editora y, sobre todo, la lectora.Pregunta- ¿Qué lecturas la convirtieron en escritora?Respuesta- La lectura que me abre la puerta de la poesía es Poeta en Nueva York, de Federico García Lorca. Con once o doce años me regalaron una antología de Cátedra de la Generación del 27 y me pasó como cuando escucho una canción en un idioma que no comprendo, no entiendo la letra, pero la voz, el tono, la música... me transmiten cosas. No entendía lo que me decían esos poemas, incluso hoy muchas imágenes y significados se me escapan, pero con ellos me entró el virus. Para mí la escritura es una consecuencia de la lectura.P.- ¿Qué es ser poeta?R.- No es nada más importante que cualquier otro oficio. Entiendo que un poema no puede cambiar el mundo, pero sí tu propio mundo. La lectura de un poema en un momento determinado te puede sacudir, indicar el camino a seguir, aclarar las cosas o emborronártelas todavía más y al mismo tiempo la poesía es una manera de ver, ser y estar.P.- ¿Escribir es sufrimiento o diversión?R.- La imagen del escritor como ser sufriente hace mucho daño a la literatura y también a la percepción que tiene el lector de ella. Habrá sufrientes que escriben y también felices. Yo no sé si es un proceso triste o feliz, pero sí que es hermoso y de descubrimiento.P.- ¿Qué debe ocurrir para que en su cabeza se dibuje un verso?R.- Me gusta fijarme en lo que me ocurre a mí, pero también a la gente que tengo cerca o lo que pasa en el autobús cuando voy de casa a la oficina. En esos momentos cotidianos que, en apariencia, no son inspiradores hay muchos poemas. También recolecto muchas imágenes leyendo. Entre la vida y la literatura se van forjando los poemas. En cualquier momento pueden saltar, están más cerca de lo que pensamos.P.- ¿Qué musa nunca le ha fallado?R.- Yo no puedo estar sin leer, pero sí sin escribir, de hecho el último libro es fruto de siete años con muchos parones y bloqueos. Creo que me han fallado todas, pero tampoco me preocupa. Para mí el tempo de escritura es pausado y tranquilo.P.- ¿El amor es aliado o enemigo?R.- Para mí es un ingrediente como cualquier otro. No me interesa especialmente escribir sobre amor al uso. En mi caso el amor es una excusa para hablar de otros temas.P.- ¿Qué temas le interesan especialmente?R.- La poesía que es testigo de su tiempo y consciente de sus circunstancias. Me interesan los poetas conscientes de cuándo han nacido, dónde, qué lecturas han tenido, qué les ha tocado vivir para bien o para mal... Y en ese sentido, una de las poetas que más me han servido, y más he tenido como guía en el último libro, es Ángela Figuera, que supo hacer muy bien estar escribiendo en la España de los 40, 50 y 60, sabiendo cuál era la situación a la que se enfrentaba, escribiendo sobre ella, tomando a la mujer como protagonista de sus poemas, con una voz femenina muy fuerte, recuperando el espacio íntimo como campo de batalla e incluso convirtiendo los lugares públicos en íntimos.P.- Esa voz femenina también se escucha en su poesía...R.- Por supuesto, yo quiero escribir como una mujer y quiero que se note. La voz de las mujeres se escucha mucho menos y a mí como lectora me interesa mucho reconocerlas y como escritora aportar la mía propia. Yo leo a mujeres, las reivindico como influencia, procuro hablar de ellas, en mi editorial hay una presencia fuerte... Es importante que estos pequeños gestos se vayan sumando para conseguir esa visibilidad. Normalmente, lo de los hombres interesa también a las mujeres, pero lo de las mujeres no a los hombres y yo quiero dar la vuelta a eso.P.- ¿Qué supone haber recibido el Loewe Joven?R.- Supone varias cosas: el lujo de que el libro lo hayan podido leer autores a los que admiro como Pablo García Baena o Francisco Brines; formar parte del palmarés del Loewe; la oportunidad de publicar en Visor; y visibilidad. Después de ocho años sin publicar ha sido una alegría y un empujón de autoestima.P.- ¿Con qué poetas se subiría al tiovivo que ilustra la portada de Chatterton?R.- Quizás con poetas no muy alegres pero que a mí siempre me están removiendo. En la corrección de este último libro me encerré con muchas anglosajonas, y sus traductoras, como Anne Sexton, Elizabeth Bishop, Marianne Moore o Sylvia Plath, también con Ángela Figuera, Luisa Castro y Olga Novo y siempre llevo a García Lorca, Louis Aragon, Pablo García Baena, Góngora...P.- ¿Y a quién se agarra siempre?R.- A Lorca, que fue el primero y me sigue valiendo.P.- En su charla se cuelan las libropatías. ¿Tienen cura?R.- Espero que no... Libropatías es un término que me interesa, sobre todo por la raíz líber, libro en latín, que también es un dios romano en cuya festividad se celebraba la libertad de expresión y de pensamiento y quería rescatarla.P.- ¿Siempre ha sido libre a la hora de escribir?R.- Siempre. La poesía es un género tan minoritario que te permite poder decir lo que quieres sin que haya demasiada gente pendiente. Por desgracia, hoy en día un poeta no es un ser peligroso, no es alguien de quien tengas que estar pendiente y yo no he tenido problemas en decir lo que he querido.P.- ¿Por qué sigue siendo un género tan minoritario?R.- Hay un montón de prejuicios, que es complicado, que habla un idioma que no entiende la gente... También porque no se enseña del todo bien en los institutos y en los colegios, los profesores hacen un trabajo heroico pero los planes de estudio no están para animar a la lectura y menos a la poesía.P.- ¿Cómo conviven la Elena Medel escritora y la editora?R.- Desde que comencé con la editorial en 2004 he publicado solo dos libros propios por lo que ha ralentizado mi ritmo de escritura, pero me ha enseñado mucho. Cada libro es un taller de escritura intensivo porque veo como otros se enfrentan a problemas parecidos a los míos.P.- ¿Si fuera un verso, cuál sería?R.- Un día negro en una cárcel de mentira, de Habitaciones, de Louis Aragon. Describe muy bien lo que yo he sido en los últimos años.