Una mirada a la cantera / Música coral y cultura tradicional
Los niños quieren cantar y bailar
La directora del Orfeón Infantil, el único con Pueri Cantores para público menudo, y la presidenta del Comité de Folclore confirman que hay relevo en estos dos campos

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A.S.R. / BurgosMientras los niños de siete grupos del Comité de Folclore bailaban en el escenario de Cultural Caja de Burgos, los ochenta integrantes del Orfeón Infantil preparaban voces y calmaban nervios entre cajas antes de la subida del telón. Los primeros participaban en la segunda jornada del Festival de Folclore Infantil en favor de Unicef que, dado el alto número de formaciones a participar, se ha alargado a dos días y los segundos escribían un año más el prólogo a las fiestas de San Pedro. Ambos acontecimientos demuestran que el relevo en el mundo coral y folclórico de la ciudad están garantizados.Las palabras de la directora del coro, Ana Isabel Ayala, y de la presidenta del Comité de Folclore, Regina Peñacoba, confirman esta apreciación, aunque ambas realidades sean distintas.Mientras solo existen dos coros menudos, el Orfeón y la Escolanía Pueri Cantores, todos los grupos de folclore burgaleses cuentan con su escuela infantil, más o menos nutridas, pero con un tejido muy vivo.La única explicación que Ayala encuentra a esta exigüidad es que enfrentarse y educar las voces de los niños dista mucho de las de adultos y son pocos los dispuestos a hacerlo.«El trabajo es muy diferente en todos los aspectos, en dinámica de ensayo, repertorio, de disponibilidad... A mí, desde luego, me parece muy interesante y si hubiese más coros con esta oferta estoy segura de que habría respuesta», comenta la directora del Orfeón Infantil, también profesora de Música.Porque interés por parte de los niños, cree que sí existe. El reciente encuentro escolar en el Fórum, que reunió a más de 400, es un botón de muestra así como el aumento de manos que llaman a su puerta. El conjunto se recuperó en 2008 tras años extinguido con 26 niños y ahora trabaja con 80, que ha obligado a dividirlo en dos secciones, infantil (hasta los 14 años) y juvenil (desde los 15 años). Esta última, que debutaba ayer, demuestra que el interés no es un capricho de papás, sino que crece con ellos y se mantiene al llegar a la adolescencia.«A nosotros no nos faltan, incluso tenemos lista de espera», observa.Algo que no pueden decir todavía en el mundo del folclore si el foco se enciende en el sexo masculino. Aunque poco a poco la tendencia cambia, el balón tira más que las castañuelas cuando el niño empieza a dejar de serlo y los prejuicios siguen existiendo en los patios de los colegios por lo que las niñas continúan siendo mayoría en las escuelas de folclore.A pesar de este escollo, «la cosa va bien», en palabras de Peñacoba, quien confirma que desde hace unos años se ha producido un repunte en las inscripciones, que le hace sentenciar, siempre con prudencia y reservas, que, por ahora, el relevo sí está garantizado. Y toca madera.En el mundo del folclore, todos pueden seguir en sus grupos. En el caso del Orfeón Burgalés es imposible. «Es una formación de gente muy estable, con poco movimiento y escasas plazas libres. Pero sí tengo la esperanza de que estos chicos pasen a otras masas y ser cantera nuestra, pero también del resto de corales, que hay muchas y muy interesantes», expone Ayala.