BURGOS
Testigos de un corazón verde roto
Luis Mena abre una ventana al problema de la deforestación en la Amazonía con una intervención en la Escuela Politécnica de La Milanera que se suma al veinte aniversario de la Universidad de Burgos

Luis Mena ha intervenido las paredes de la Escuela Politécnica en La Milanera.-Raúl Ochoa
Irrumpen misteriosos entre las copas de árboles que siempre han estado ahí, se camuflan con ellas y, seguramente, han quitado la legaña a más de un estudiante en estas primeras mañanas del curso. La nueva intervención de calle de Luis Mena abre una ventana a la selva amazónica desde la Escuela Politécnica de La Milanera. Testigos es el nombre que recibe esta acción enmarcada en el veinte cumpleaños de la Universidad de Burgos patrocinada por La Caixa y la Fundación Caja de Burgos.
Testigos esconde una historia detrás, la de los árboles que sobrevivieron a la deforestación que aún azota a los bosques del Amazonas. Solitarios supervivientes en medio de un desierto de ceniza. El autor documentó esta tragedia en la región brasileña de Mato Grosso, donde viajó hace seis años con la ONG Amycos.
«El entorno universitario me parecía el lugar propicio para recordar la atrocidad ambiental amazónica que ejemplifican estos árboles solitarios en un paisaje carbonizado. Allí los llaman testigos porque son los únicos que recuerdan que ese paraje antes estuvo lleno de árboles como ese», comenta el fotógrafo, que rechaza hablar de concienciar. No es su estilo. Pero sí de llamar la atención sobre esa realidad que continúa siendo una amenaza contra la que es difícil luchar.
El criterio estético también cuenta. Estas imágenes gigantes, de 12x12 metros, se marcan un baile perfecto con los árboles que crecen en las aceras del aparcamiento de este campus. Esos supervivientes vuelven a estar acompañados, aunque el entorno diste mucho del corazón verde amazónico.
Esta intervención se suma a las que Mena tiene ya en otras calles capitalinas. Inició este camino hace ocho años en el Mercado Norte, con unos montajes para el Festival Escena Abierta que han aguantado las embestidas del tiempo, el urbanismo y los bárbaros.
Más recientes son sus últimas obras con las que se ha propuesto avivar rincones cotidianos y tapar algunas vergüenzas del callejero. Hace algo más de un año que un anciano con su boina guiña un ojo a la nostalgia en Jesús María Ordoño y que Espacio Tangente se alarga hasta el infinito y más allá. Y desde hace unos meses nuevas fotografías visten un local vacío en Laín Calvo, sustitutas de otras anteriores destrozadas por los vándalos.