BURGOS / Las Noches del Clunia
El clarinetista de Pradoluengo que pisa la alfombra roja
De la mano del compositor Mariano Marín, la música ha asaltado grandes pantallas, asomado a humildes casas a través de la televisión y la radio y subido a mil escenas. El viernes lo hace a la del Clunia.

Mariano Marín.-David Ruano
Mariano Marín se ríe al otro lado del teléfono cuando se alude a su gigantesca trayectoria. «Es que soy muy viejo», apunta jocoso este pradoluenguino del 59, que ha compuesto bandas sonoras tan importantes como la de Tesis o Abre los ojos, ha trabajado con los grandes directores de teatro del país como Tamzin Towsend, Eduardo Vasco o Juan Carlos Pérez de la Fuente y se ha colado en millones de casas a través de la televisión y la radio.
Empezó con nueve años en la banda municipal de su pueblo. Del clarinete pasó al piano cuando llegó a la capital burgalesa a estudiar en el Seminario Menor. Y desde el principio tuvo una ilusión: componer.
Hizo sus pinitos al tiempo que cerraba bares con los grupos Slim Harpo School o Adnoby y dio la bienvenida al amanecer a ritmo de pasodoble con las orquestas Tizona, Gigante...
La patria llamó a su puerta. Se fue a Madrid a hacer la mili y allí vio un mundo de posibilidades -«el panorama en Burgos era muy limitado, tocar en los pueblos en verano y en invierno poco más»-, una oportunidad de cumplir su sueño de hacer música para el cine. Pronto se toparía con la cruda realidad. «Vi que meter la cabeza en ese mundo era imposible», recuerda y se coló en la publicidad, televisión y radio, donde trabajó mucho con Carlos Tena.
Hace tiempo que no compone en Burgos, donde ya en 1979 hizo la música para El principito, de Alfoz Teatro, y aunque enfila la A-1 con frecuencia lo hace para disfrutar, para visitar a la familia y a los amigos -«Tuco y yo somos como hermanos»-, pero se mantiene al margen de su vida cultural -«ya no voy a los bares y en mi época la cultura estaba allí (se ríe)»-.
Este viernes su música sonará en el Teatro Clunia, en las canciones que ha compuesto para La copla negra, el espectáculo de Chirigóticas que cerrará las Noches del Clunia (23 horas, 10 euros).
Marín conocía a su director, Antonio Álamo, con el que había colaborado en Cantando bajo las balas, con texto suyo e interpretado por Adolfo Fernández, y hacía tiempo que tenía ganas de volver a bailar sobre sus partituras. Le convenció y lo hace con la copla como reinona. «También hay tanguillos de Cádiz en rap, un chotis, un pasodoble... Todo género español», explica el músico, que ya había trabajado antes con la letrista, Ana López Segovia, una de las chirigóticas, de las que dice: «Son todas unas máquinas».
El teatro tiene pocos secretos para Mariano Marín, aunque asegure que sigue estudiando. Los montajes caen en su currículum a manos llenas y los directores con los que ha trabajado, también. Olga Margallo, Towsend, Vasco, Javier Veiga, Juan Margallo, Pérez de la Fuente, Natalia Menéndez, Andrés Lima...
¿Qué debe tener claro un compositor cuando salta al escenario? «Tiene que ser uno más de la compañía, puedes ejercer de músico alejado del hecho teatral, pero te interesa estar muy involucrado, a mí por lo menos. Una de las ventajas del teatro es que estás dentro desde el principio, no como en el cine, que entras al final del proyecto», asegura. Él va a las lecturas y a los ensayos y reconoce que su experiencia como actor también le hace verlo así.
Conquistó pronto la escena, pero cuando llegó a Madrid suspiraba por que su música sonara en los cines de la Gran Vía. Al final lo consiguió. ¿Cómo? «Las casualidades de la vida», comenta y cuenta que durante dos años dio clase de sonido en una escuela, donde un alumno suyo, Pelayo Gutiérrez, «uno de los técnicos de postproducción de audio de cine más conocido ahora mismo», estaba haciendo Tesis con Alejandro Amenábar, un joven cineasta que buscaba a alguien que le enseñara un programa de ordenador. Congeniaron y ambos firmaron la banda sonora de la ópera prima del director, un bombazo en la cartelera. Luego llegarían Abre los ojos, Cuarteto de La Habana, Para entrar a vivir...
A pesar de todo, su entrega al cine siempre ha sido complicada, por su amor por el escenario y por la creación del dúo Quésquíspás, con el actor Ángel Ruiz, que le obligaba continuamente a estar fuera de casa. «El teatro es menos exigente en tiempo que el cine, que no podía compatibilizar de la misma manera, aunque sigo teniendo películas», anota y calcula que cuatro o cinco semanas de dedicación exclusiva no se las quita ninguna banda sonora, con una asfixiante labor de investigación previa.
Más de cuarenta años lleva Mariano Marín en el brillante mundo del espectáculo y sí observa que la crisis ha apagado su luz. «La sufrimos como cualquier trabajador de este país. Hay que trabajar muchísimo más para cobrar muchísimo menos y yo me puedo dar con doscientos cantos en los dientes porque tengo qué hacer. Por ejemplo, este verano he estado con una película, dos obras de teatro y un ballet porque todas pagan mucho menos. El trabajo no se resiente porque soy muy burro, pero la salud, sí», ilustra el clarinetista de Pradoluengo que cumplió su sueño.