El Correo de Burgos

BURGOS / Música

La vida desde una furgoneta

La Maravillosa Orquesta del Alcohol, Cronómetrobudú y Fetén Fetén llegan a diciembre tras un año de gira de escándalo que los ha mantenido en la carretera

La M.O.D.A. concluyó la gira con tres noches consecutivas en la Sala El Sol de Madrid.-Javi Bravo

La M.O.D.A. concluyó la gira con tres noches consecutivas en la Sala El Sol de Madrid.-Javi Bravo

Publicado por
A.S.R.
Burgos

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El movimiento musical de la ciudad no se queda en ella. Los grupos que quieren ser algo más que un divertimento entre amigos no dudan en empeñar su tiempo, y algo más, por cumplir su sueño, por salir cada noche a un escenario y ver como se les ponen los pelos de punta cuando una sala repleta corea sus canciones. Les ha pasado este año a los chicos de La Maravillosa Orquesta del Alcohol, que tras la salida de su primer disco, ¿Quién nos va a salvar?, han vivido en una nube, aunque siempre con los pies en el suelo. La misma vorágine ha envuelto a Cronómetrobudú, que ha saltado más que fronteras con su quinto trabajo, Ama Gi, aclamado en México y a punto de verse las caras con los japoneses. Internacional también ha sido el periplo de Fetén Fetén. El niño de los ojos de Diego Galaz y Jorge Arribas va viento en popa y a toda vela y su presencia ante el gran público cada vez es mayor. Llega diciembre y, aunque algunos tienen por delante más fechas, más propuestas en escena, más ilusiones que alimentar, es un buen momento para ver la vida desde la furgoneta.Una M.O.D.A. imparable

Al final del final, donde ya no llega el mar, las noches se queman, la luz nunca se va, cuándo vamos a parar... Las canciones de La Maravillosa Orquesta del Alcohol han acompañado muchos viajes en el coche rumbo a unas vacaciones soñadas o con destino a alguno de los festivales en los que el grupo burgalés se ha hecho hueco esta temporada, un año al que pusieron el punto y final el pasado 21, 22 y 23 de noviembre con tres noches de entradas agotadas en la Sala El Sol de Madrid, con un aforo de 450 personas, después de más de 90 directos. Ya en casa, sin la premura de tener que coger al día siguiente la furgoneta y ponerse en carretera, el sexteto solo quiere descansar. Aún no ha llegado el momento de responderse al ‘y ahora qué’. «No hay ningún plan de futuro concreto, nos vamos a tomar un respiro para ver lo que hemos hecho, tomar consciencia, porque desde que creamos el grupo no hemos parado y van a ser cuatro años en marzo. Necesitamos tomar un poco aire», apunta David Ruiz, voz, banjo, guitarra y armónica.

Y es que cuando echa la vista atrás, le parece increíble todo lo que han conseguido.

«Estamos muy contentos. Hemos hecho más de 90 conciertos en 13 meses presentando el que ha sido nuestro primer disco y hemos sentido que cada vez hay más interés tanto en los medios, Radio 3 no ha parado de pincharnos, y entre el público porque las 170 personas que iban a vernos a una sala en enero al volver en noviembre ya eran 300. Estamos muy satisfechos», expone.

Ya solo con eso les ha valido la pena la pechada de kilómetros, los madrugones para estar casi en el mismo día en Santiago y en Murcia, las horas robadas al sueño, los mil y un minutos sin saber qué postura coger en la furgoneta, los cálculos para cuadrar las noches de hotel y las comidas con la viabilidad de un proyecto en el que han puesto mucho más que su ilusión.

Ha sido duro, sí, pero también imposible decir no a la oportunidad de estar por primera vez en el cartel de grandes festivales como el Sonorama de Aranda, el BBK de Bilbao o el Mar de Músicas de Cartagena.

«Nos han llamado desde citas punki a otras más melódicas y en todas hemos cumplido, en todo tipo de ambientes, públicos y horarios, desde abrir un festival en Extremadura a las seis de la tarde a 40 grados delante de 300 valientes a cerrar el BBK a las dos de la madrugada con 6.000 personas», ilustra el cantante orgulloso con el álbum fotográfico del último año.

El ruido generado en octubre ante el estreno del disco con las entradas agotadas en casa, en un Hangar entregado; las llamadas de los medios de comunicación especializados; sus canciones como invitadas habituales en las ondas de Radio 3 -«que tiene su mérito porque no dejamos de ser un grupo de Burgos sin discográfica»-; un periplo de sala en sala de noviembre a marzo -«con conciertos duros, de estar un jueves en Baeza ante 50 personas y al día siguiente en Estepona, con 70»-; gira veraniega y festivalera; seguidores que hacen kilómetros para verlos a ellos cuando poco tiempo antes eran ellos quienes lo hacían para ver a otros...

«Ha sido todo mucho mejor de lo que esperábamos cuando sacamos el disco. Nunca puedes imaginar todo. Es un goteo de cosas buenas que te van pasando fruto del trabajo y la ilusión con la que lo haces», sostiene David Ruiz, que está viviendo esta aventura con Adán Ruiz (guitarra y mandolina), Álvar de Pablo (saxofón y coros), Caleb Melguizo (batería y percusiones), Jorge Juan Mariscal (bajo) y Joselito Maravillas (acordeón y coros).

Aunque mucha gente piensa que solo llevan un año en la carretera, en marzo cumplirán cuatro y su cantante asegura que en ningún momento se les ha subido a la cabeza.

«No dejamos de ser un grupito pequeño comparado con el resto. Tenemos muy claro nuestro sitio. Esto no deja de ser música aunque lo signifique todo para nosotros. El éxito o no éxito se mide en el público y en ese sentido nos consideramos afortunados», concluye antes de que suba el volumen. Te sientes vivo en el andén, esa sensación de no haber perdido tu tren... México ama a Cronómetrobudú El año también ha sido redondo para Cronómetrobudú. Su quinto trabajo, Ama Gi, publicado hace un año, los ha llevado a lo más alto con más de 40 conciertos en la agenda, 3.000 discos vendidos y el salto al mercado latinoamericano con un éxito rotundo en México, donde hicieron once bolos en abril y colocaron 2.000 álbumes. Tal ha sido el flechazo producido con el país azteca que la banda liderada por Javier Castro ya sabe que volverá. Solo falta concretar la fecha: marzo o mayo.

«Allí hemos encontrado lo que buscábamos, esa pasión por la música y las ganas de vivirla con esa fuerza que, como nos dicen, se parece mucho a lo que pasó aquí en los ochenta», comenta el cantante y compositor, que hasta, dice, tienen un club de fans que siguió sus pasos por aquellas tierras. «Está visto que tenemos que hacer las maletas y emigrar», apostilla y, por los contactos que han hecho allí, saben que lo mismo ocurre en el resto de Latinoamérica por lo que ya están moviendo los hilos para ir a Argentina a finales del próximo año. Cruzan los dedos. «Es un mercado para el rock muy apetecible».

No pasa lo mismo en España, donde las facilidades se tornan en trabas, aunque el público se mantiene fiel.

«Aquí hemos tenido que seguir peleando con la situación de la música rock, con pocos apoyos y condiciones duras para tocar, pero ilusionados porque hemos visto que las salas se empiezan a llenar fuera de Burgos y se nota que el trabajo da sus frutos», asegura Javier Castro. No se muerde la lengua y lamenta lo complicado que es llegar a la gente y lanza su dedo acusador hacia Radio 3. «Es la cadena más potente de música alternativa y no da un apoyo masivo al rock y nos encontramos que fuera de ahí toda la promoción hay que pagarla, pero es lo que hay y tenemos que aprender a jugar con esto», espeta y se consuela con que, sin embargo, los festivales de rock se siguen llenando.

Y eso esperan conseguir con el I Festival Invernalia, que tendrá lugar el 26 de diciembre en El Hangar, y han creado ellos mismos para despedir el año y para decir adiós a su batería, Roberto de Vega, que tiene que dejar la banda. Tocarán ellos y Lobocordero, el grupo de Paco Juez, vocalista del desaparecido Entrevías.

No se acaban ahí las buenas noticias para Cronómetrobudú. Una discográfica japonesa se ha interesado por Ama Gi, que, si no se tuerce nada -ahora están con los trámites legales-, se distribuirá en el país nipón, donde además se podrían abrir puertas para actuar. Se verá. De momento, la canción en japonés que incluye el álbum, (Zerosán (03)), fruto del enamoramiento de Javier Castro tras un viaje a ese país, parece que ha tendido un primer puente, que Cronómetrobudú va a aprovechar.La experiencia baila Fetén Fetén«La ilusión siempre está ahí, aunque con 40 años quizás sea más pragmática. Ahora valoras el éxito que tienes como el máximo. No aspiramos a mucho más». Habla Diego Galaz, el violinista del dúo Fetén Fetén, más que conocido en la ciudad donde nació y donde hace más de treinta años empezó su flirteo con la música, una pasión y un modus vivendi al que a estas alturas de la película no está dispuesto a renunciar.

Él y el acordeonista Jorge Arribas, nacido en Aranda y afincado en Valladolid, apostaron fuerte por este proyecto musical hace tres años y la jugada los salió redonda. A la salida de su primer disco, homónimo, le siguieron una retahíla de conciertos. El guion se ha repetido tras el lanzamiento del segundo, Bailables, el pasado mes de marzo.

¿Qué ha cambiado de la primera a la segunda gira? Galaz apunta el mayor componente internacional, que los ha llevado por distintos países europeos como Estonia, Lituania, Eslovenia, Eslovaquia, Portugal o Alemania, a acariciar África con el asalto a Túnez y a cruzar el charco para tocar en Costa Rica y Nicaragua.

«Ha sido un año muy viajero, el más internacional», puntualiza el violinista convencido de que cada vez se van a multiplicar más las oportunidades de salir fuera del país. Ellos tienen la maleta presta para no perder ese tren.

De vuelta en España, observa que en casa, han realizado más o menos el mismo número de bolos, pero llama la atención sobre la mayor calidad de las programaciones en las que ha bailado el nombre de Fetén Fetén. También que lugares donde tocaron con el primer álbum los han vuelto a llamar «y eso significa que algo hemos hecho bien».

Han notado igualmente que cada vez concitan a más público en las salas y que los medios de comunicación nacionales los han hecho mucho más caso. Les gusta especialmente ver al otro lado a muchos niños porque su música no es expresa para ellos y aplauden haber conseguido un pequeño grupo de seguidores. Desde el escenario ven muchas caras que se repiten de concierto a concierto y eso les da un empujón más.

«Creo que vamos por el buen camino», anota el violinista.

Con todo, perros viejos como son, no se duermen en los laureles y apuestan por la diversificación, «fundamental si has hecho de la música tu oficio», con la creación de dos programas paralelos que explotan la vena didáctica que siempre ha tenido su propuesta: Museos Fetén y La Maravillosa Historia del Violín Trompeta.

El primero se estrenó por todo lo alto en mayo dentro del ciclo familiar del Museo del Prado. No se puede pedir más.

Con el segundo arrancarán el año, del 12 al 16 de enero, en el Corral de Comedias de Alcalá de Henares, donde trazarán un recorrido por los instrumentos más insólitos que en la historia han sido y a los que ellos han rescatado.

Termina el año, pero en la agenda de Fetén Fetén no existen los puntos y apartes. Tienen el mes de enero completo, se mantiene en pie el proyecto de hacer un disco en Argentina y quieren impulsar el programa Fetén Sinfónico, que tuvo su prueba piloto en el concierto con la Orquesta Sinfónica de Burgos en marzo de 2013.

La versatilidad es más que una opción, es una necesidad. «En nuestro estilo no queda otra. No tenemos un mercado muy grande. Quizás un grupo de rock no tiene que hacer más formatos, pero a los músicos de oficio no se nos rasgan las vestiduras por hacer un didáctico en una clase. Los músicos de toda la vida se han buscado la manera de sobrevivir haciendo todo tipo de cosas», resalta Diego Galaz, que pronto, además, sacará su primer disco en solitario. Un no parar. 

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