El Correo de Burgos

BURGOS / Una mirada a Oriente

Aquellas maravillosas noches

Siete ‘culturetas’ comparten sus recuerdos junto a los Reyes Magos y cuentan qué esperan ver hoy en sus zapatos

José Luis Manso (de jersey amarillo).-

José Luis Manso (de jersey amarillo).-

Publicado por
A.S.R.
Burgos

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Madrugón, sorpresa, emoción, sonrisas, besos, papeles de colores... Estas palabras sobrevolarán hoy muchas casas. La noche más mágica del año las propicia. Llegarán también a las de la artista plástica Paula Sampelayo, el empresario teatral José Luis Manso, el folclorista Alfonso Díez, el escritor Carlos de la Sierra, la cantante Gemma Sanz, el presidente de los libreros, Álvaro Manso, y el concejal de Cultura, Fernando Gómez. Todos, en mayor o menor medida, mantienen esa ilusión de la infancia que la mañana del 6 de enero les llevaba a creer que algo grande había pasado, encontraran muchas o pocas cosas.

La nostalgia salpica sus respuestas al viajar a aquellos cándidos años: los primeros copos de nieve que eclipsaron a cualquier regalo cuando Fernando llegó de Uruguay, la felicidad con la que José Luis iba al banco de su padre a sentarse en las rodillas de Baltasar, las primadas en el pueblo de Gemma, el chocolate con churros de Álvaro, las lágrimas de un Alfonso perdido entre carrozas, las naranjas de Carlos o la tejedora con mil colores de Paula.

Y a casi todos se les ve el plumero cuando miran a sus majestades desde el presente. Hoy comprobarán si han sido buenos este año. A Melchor, Gaspar y Baltasar no se les escapa una y quieren saber: 1. ¿Qué noche de Reyes de su infancia recuerda con más cariño?

2. ¿Cómo se vivía ese día en su casa? ¿Qué tradiciones mantenían? ¿Iban a la cabalgata?

3. ¿Sigue celebrando esta fiesta con la ilusión que la rodea?

4. ¿Qué espera encontrar este año en los zapatos?

Fernando Gómez: «La primera que viví en Burgos fue mágica. Nunca antes había visto nevar»

1. Quizás la que más recuerdo sea la primera que viví en Burgos después de haber venido de Montevideo. Nunca había visto nevar y ese día lo hizo y mi madre nos despertó para que viéramos como caían los copos. Por supuesto, no sabría decir qué había en los zapatos después de esa impresión.

2. Eran noches de impaciencia y nervios. Primero tocaba ver la cabalgata y luego preparar los zapatos, dejar una zanahoria para el camello y una copita de anís para el Rey, el mío era Melchor, que aparecía vacía siempre al día siguiente y la zanahoria a medio comer.

3. Siempre es un día de ilusión, aunque en nuestra casa no haya niños pequeños, pero aunque la impaciencia ya no nos invada como en nuestra infancia siempre está la intriga de saber qué habrán dejado los Reyes Magos en nuestros zapatos y cumplir con la tradición de comer un trozo de roscón de reyes.

4. Para mí no muchas cosas. Espero que caiga algún libro -me apetecen especialmente El Castillo Blanco, de Orhan Pamuk, La soledad de los perdidos, de Luis Mateo Díez, o Al otro lado del muro, recopilación de relatos durante la RDA- y algún equipamiento para andar por la nieve. Lo que sí espero ver es ilusión recobrada y empleo en los zapatos de todos los burgaleses.

Carlos de la Sierra: «La ilusión renovada sería un gran regalo»

1. Recuerdo con más cariño las noches más lejanas, al filo del año 1960, cuando era todo inocencia, candidez e ilusión. En los zapatos había muy pocas cosas -en mi casa éramos muy pobres-, pero se me presenta especialmente un año que encontré dos naranjas, un puñado de castañas, un indio americano de goma pintada, con penacho de plumas y, a compartir con mis hermanos, un Colt 20 de plástico plateado, refulgente, con varias tiras de pistones para disparar. En años posteriores, tuve Juegos Reunidos Geyper y, otros, un plumier con pinturas Alpino y objetos para el colegio... Siempre cosas muy modestas.

2. La noche se vivía con la candidez de la inocencia. De muy niño iba a la cabalgata de la mano de mi madre o hermanas y hermanos mayores, pero, enseguida, con menos de diez años, iba con los amigos del barrio o solo. Aunque no recuerdo una gran tradición de acudir a estos desfiles, era todo más espontáneo, sobre todo si pasaba cerca de tu barrio. Aquellos eran tiempos muy distintos. Nada que ver con los actuales. Algo se ponía a los camellos, a los reyes, algunas galletas, una copita de licor, pero eso era más cosa de mi madre y mis hermanos mayores.

3. En las casas donde hay niños, sí se sigue viviendo así. Otra cosa es que se han producido grandes cambios sociales y culturales, con la única excepción, tal vez, que se mantiene una idea demasiado clerical y religiosa de una celebración que tenía que ser mucho más cercana a la inocencia de los niños que a los intereses comerciales. Sobra decir que el nacionalcatolicismo actual, copia del que vivimos los niños de antaño, ensombrece el sentimiento de pureza que encarnan los más pequeños de las familias, únicos destinatarios de la parafernalia festiva.

4. Poco. Como en los mejores años de mi niñez, ahora de mayor, espero encontrar pocas cosas en mis zapatos. Naturalmente, el concepto mucho o poco evoluciona con el tiempo. Y ahora, transcurridos muchos años desde el tiempo evocado más arriba, mantengo la idea, latente en mí desde siempre, de la importancia de las cosas pequeñas, ilusionantes y, como todo buen regalo, inútiles en apariencia. Un buen libro -no es un tópico- sería perfecto. También un buen recuerdo, un día de luz, un encuentro con la ilusión... Ahora, ver a mi nieto Teddy. Repito, la ilusión renovada sería un gran regalo de vida.

José Luis Manso: «Espero que dejan risa, mucha risa, para los cinco continentes»

1. La noche de Reyes la vivía con mucha ilusión en mi infancia. Me fascinaba dejar algo de comida y agua para los camellos, pero lo mejor era al día siguiente. En mi casa no había costumbre de dejar los zapatos, te encontrabas el sofá del comedor lleno de regalos y golosinas. ¡Me encantaban esos cigarrillos de chocolate! De allí nos íbamos a casa de mi abuela. Otro salón lleno de regalos para ¡los cinco nietos! No se me olvidará la imagen del cuarto, sin mobiliario y como única decoración un montón de paquetes de colores con casete de Los Pecos, el Quimicefa, los cliks, un barco pirata, el juego del misterio o el nuevo vestuario de los Madelman. ¡Quiero volver a ser niño!

2. El día antes íbamos a la Cabalgata, veíamos a los animales y a los Reyes en sus enormes carrozas. No había en aquella época compañías de teatro que amenizaran el desfile, todo un cambio y una suerte para los niños en la actualidad...

3. Hoy celebramos con mucha ilusión este día. Tengo dos preciosos hijos a los que les encanta y, aunque empiezan a hacerme preguntas difíciles de responder, quiero que mantengan muchos años la ilusión y la magia que yo tenía de pequeño. Su cara y la emoción que veo cuando abren los regalos son indescriptibles. Y lo mejor de todo es tener tiempo ese día para jugar con ellos, para compartir, reír, querer...

4. Espero que vengan con muchos regalos. Las expectativas son altas. Juegos de mesa para que Inti, Luna, Daniel y Carla vayan aprendiendo a jugar y disfrutar en grupo; un mordedor para Zapa; el lego para diseñar naves espaciales; muñecas que se puedan sumergir; la reducción del IVA cultural y más inversión en arte y cultura, un valor que, como decía Federico García Lorca, representa el desarrollo y evolución intelectual de un pueblo y el nuestro como personas y como país. No está solo en consumir productos para que mejore la economía. Y algo esencial: ¡Risa, mucha risa, para los cinco continentes!

Paula Sampelayo: «La emoción intensa de cuando eres niña se queda en esos años»1. Recuerdo con mucho cariño una tejedora que me trajeron porque me gustaba muchísimo aprender a hacer tapices con lanas de colores. Ese juguete lo tengo grabado en mi memoria por lo que, supongo, debió ser especial.2. Lo vivía con mucha, pero mucha ilusión. Enviábamos las cartas todos, los cuatro hermanos y mis padres, y todos esperábamos nerviosos e ilusionados a que amaneciese para poder abrir uno a uno los regalos. La noche previa, preparábamos un vasito de orujo de guindas que hacía mi madre y alguna galleta de coco y siempre se lo bebían y comían. Aquello era genial. También, antes de acostarnos, dejábamos cada uno una zapatilla de estar en casa en el salón e íbamos a la cama a pata coja, y bien pronto.3. Ya no es lo mismo, es diferente, la emoción intensa de cuando eres niña se queda en esos años, pero sí me gusta ver cómo viven el momento los niños que tengo cerca, me encanta la emoción en sus caras y disfruto con ello.4. Mucho amorGemma Sanz: "Eran bonitas las noches en el pueblo, todos los primos juntos1 y 2. Las noches de los Reyes eran especiales de niños en el pueblo, cuando dejábamos los zapatos todos los primos y nos acostábamos nerviosos, alertas a aquellos sonidos que procedieran del balcón. Al día siguiente, nos levantábamos prontísimo e inventábamos que habíamos oído ruidos, camellos o incluso visto un retazo del manto de algún Rey escapando. Lo mejor era compartirlo y jugar todos los primos juntando los juguetes. Ya de menos niña, en los zapatos siempre había algún libro o diccionario que me interesaba o algún disco que sus Majestades sabían que deseaba.3. En casa seguimos dejando los zapatos debajo del árbol y también donde mis padres y al llegar a comer juntos el día de Reyes, encontramos regalos y, rápidamente, nos las arreglamos para rellenar los de los demás.4. Me gustan las sorpresas, así que espero encontrar cualquier detalle escogido con cariño. Este año empieza con todo lo que ya tengo y valoro: salud, mi familia, un nuevo disco, el cariño de tanta gente y la vuelta a casa. Así que todo lo que venga sumará a una lista ya completa y satisfactoria.Álvaro Manso: "La sensación de mariposas en el estómago era especial"1. Para mí lo más mágico era levantarse y ver el salón repleto de regalos, saber que, efectivamente, habían estado allí. Y recuerdo especialmente el año que me trajeron una bicicleta. Me hizo una ilusión terrible, aunque luego fue mi abuelo el primero en probarla cuando bajamos a la calle. Y luego estaba la sensación de mariposas en el estómago durante la noche, el nervio de la espera, de las ganas de verlo.

2. Siempre hacía lo mismo. Iba a la cabalgata con mi madre y mi tía y después tomábamos chocolate con churros en el Casino y desde sus ventanas veíamos cómo entraban los Reyes Magos a la Plaza Mayor. Era muy divertido porque durante el desfile, en las parihuelas que llevaban los pajes, casi identificábamos nuestros regalos. Luego en casa también teníamos parafernalia. Ese día limpiábamos los zapatos, poníamos una copa de coñac -mis hijos ahora, cómo han evolucionado los tiempos, dejan leche- y un cubo para los camellos. En los zapatos siempre había golosinas y carbón dulce para recordarnos que nos habíamos portado mal, aunque yo no era mal chico.

3. Ahora mantenemos estas mismas tradiciones, aunque yo, como mi padre antaño, me pierdo algunas porque me toca trabajar. Pero sí seguimos jugando a conservar esa magia. Ahora, además, los padres de la panda nos juntamos antes a hacer un cotillón de reyes con los niños. Es muy bonito.

4. Creo que encontraré algo relacionado con el deporte.

Alfonso Díez: «Tengo grabado el año que me perdí en la cabalgata»

1. Viene a mi memoria siempre una noche en la que me perdí. Tendría 5 años, había salido con mi tío Jesús y su novia a ver la cabalgata y yo era bastante trasto así que me fui corriendo detrás de las carrozas. Una señora me encontró llorando en el edificio Feygón y me subieron a los estudios de Radio Castilla. Me preguntaron el nombre y por qué estaba solo. Acerté a decirles que estaba en casa de mi abuela Basi, que ha fallecido recientemente, y que vivía en Cáritas. Llamaron allí y me vino a buscar. Yo estaba hecho un saco de lágrimas (se ríe).

2. Mis padres me llevaban a visitar a los Reyes, pero me daba mucho miedo cuando nos sentábamos en sus rodillas y después en la Cabalgata temblaba. Nunca faltaba la copa de anís ni las galletas para los Magos, de las que mi padre daba buena cuenta, ni el agua para los camellos.

3. Mi padre y mi abuela siempre me contaban que sus regalos no eran mucho más que unas castañas y una naranja, todo un manjar para la época, y la famosa anguila de mazapán, que a mí ahora me gusta comprar para rememorar lo que me contaban.

4. En mis zapatos nunca faltaba el carbón dulce porque mi hermano y yo éramos unos trastos y este año espero... ¡Ay!, paz en el corazón para las personas que más quiero y para el mío, que también le hace falta. No es un tópico, juro que es lo que quiero. Y un museo para mi colección de indumentaria.

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