El Correo de Burgos

BURGOS / Exposición

‘Bestiaria’, un misterio científico y mágico

El MEH recorre la relación entre el hombre y el mundo animal desde la Prehistoria a la actualidad

'Bestiaria' estará en el MEH hasta septiembre.-R. Ordóñez (ICAL)

'Bestiaria' estará en el MEH hasta septiembre.-R. Ordóñez (ICAL)

Publicado por
A.S.R.
Burgos

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Magia, misterio y simbolismo se cuelan en el templo de la ciencia y conviven con ella en Bestiaria. El descubrimiento de un Reino, la nueva exposición temporal del Museo de la Evolución Humana (MEH), una mirada cronológica de la relación del hombre con el mundo animal desde la visión más mística de la Prehistoria hasta el dominio del método y el rigor en la actualidad.

El director del centro, Juan Luis Arsuaga, se quitó el sombrero y se puso a los pies de ese punto de vista espiritual de nuestros antepasados que, a su entender, se ha perdido y que, dijo, esta muestra rescata.

«Hemos empobrecido la visión de la naturaleza al estudiarla de una manera científica y solo objetiva», confesó el antropólogo, con permiso del dragón alado que enmarcó la presentación de Bestiaria, en la que participaron el director de Políticas Culturales de la Junta, José Ramón Alonso, el director territorial de La Caixa, José Manuel Bilbao, y el de la Fundación Caja de Burgos, Rafael Barbero, ya que la muestra es la primera de las tres que patrocinarán en este espacio tras el convenio firmado el pasado mes de diciembre, y los comisarios, Ricardo Piñero e Ignacio de Gaspar.

La exposición, abierta hasta septiembre y de entrada gratuita, se nutre de 80 piezas históricas cedidas por archivos, bibliotecas y coleccionistas particulares y se articula en ocho capítulos.

«Ofrecemos una mirada que empieza en las tinieblas y termina asomándose a un microscopio electrónico», resumió Ricardo Piñero, quien, antes de que el draconis alati soltara fuego, invitó a estar atentos a los detalles y a dejarse sorprender.

Un escalofrío siente el visitante al adentrarse en la Cueva de Altamira y viajar en el tiempo 14.000 años para ver la representación de un bisonte en la Prehistoria, donde, en palabras de los comisarios, la relación del hombre con el mundo animal era una cuestión de supervivencia, que, con el paso de los años, en la Antigüedad, se convierte en una de convivencia, a la que presta atención, entre otros, Aristóteles, en De animalibus.

De la supervivencia y la convivencia a la salvación. «Al ser humano de la Edad Media le apetece salvarse porque dicen que se acaba el mundo y ve en los animales una forma perfecta para desencriptar su propio destino», ilustra Piñero.

Lo sagrado y lo profano jugarán aquí a encontrarse y confluirán en bestiarios y beatos como el de Las Huelgas o el de Gerona y sus ricas miniaturas de exóticas y místicas fieras. «Esta iconografía se encuentra a nuestro alrededor, en cualquiera de nuestras iglesias, en una ermita apartada o en una gran catedral», apostilló Arsuaga antes de abrir la puerta al hombre moderno y a su ansia de conocimiento, «con método, precisión y rigor», una nueva etapa que arranca en el Renacimiento, pasa por la eclosión de la Ilustración y sus expediciones científicas como la de Malaspina y llega hasta hoy.

A esta aventura del saber, a sus métodos de enseñanza y a su capacidad de divulgación se dedica el último tramo, trufado con más libros y sorprendentes piezas históricas de los fondos del Instituto López de Mendoza. Una ardilla roja abierta en canal para ver su aparato circulatorio, el interior de un huevo de pollo de 1907 o un musculoso caballo de madera de 1874 cuentan estos desvelos.

Cerca del equino, el imponente rinoceronte de hierro de Cristino Diez, al que acompaña todo un recorrido por las distintas representaciones de este animal a lo largo de la historia, desde una pintura de la francesa Cueva de Chauvet del 30.000 a. C. hasta el pintado por Xavier Veilhan en 2009 pasando por el del mosaico italiano del siglo IV, el grabado de Durero del XVI o el paseo celestial que realiza con Dalí en 1957.

Aunque sus títulos de crédito se alargan porque es el fruto de muchas voluntades encontradas, Bestiaria no se atreve a escribir un fin. «El reino animal aún no se ha descubierto entero. Queda mucha investigación por hacer», aventuró Juan Luis Arsuaga refiriéndose a la más científica de las múltiples lecturas que brinda esta exposición visto que hace poco se descubrió una nueva especie de liebre en la península ibérica. Al oírlo, hasta el dragón alado se despertó.

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