El Correo de Burgos

BURGOS / Música

El piano, en la cresta de la ola

El ciclo Beethoven con acento español, que comprende nueve citas, y la presencia del burgalés José Abel González en el tercer concierto de la temporada de la Orquesta Sinfónica de Burgos concitan la atención en torno a este instrumento

José Abel González.-

José Abel González.-

Publicado por
A.S.R.
Burgos

Creado:

Actualizado:

Instrumento musical de cuerda provisto de un teclado, cuyo accionamiento permite golpear las cuerdas metálicas mediante macillos forrados de fieltro, y de pedales que hacen posible la variación de la intensidad del sonido. La Real Academia Española (RAE) se acerca con frialdad al piano. Lo despoja de cualquier calidez, le arrebata su sensualidad, las mil y una emociones que destila y las que debe sentir un músico cuando se sienta frente a él. Su presencia es majestuosa sobre los escenarios y estos días se multiplican sus citas con los burgaleses.

El tercer concierto de abono de la temporada de la Orquesta Sinfónica de Burgos, hoy en el Fórum Evolución, centra su mirada en él con la interpretación del Concierto para piano, de Tchaikovsky, con la intervención del burgalés José Abel González como pianista solista, una rara ocasión de ver a este joven músico en su ciudad puesto que lleva más de veinte años residiendo en París y las oportunidades en su tierra han sido pocas.

Y el ciclo Beethoven con acento español, puesto en marcha al alimón por el Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) y la Fundación Caja de Burgos, propondrá casi un matrimonio a los hijos del Cid melómanos. Nueve encuentros con sendos pianistas españoles y las 32 Sonatas de Ludwig Van Beethoven en la partitura.

La primera cita se celebró el pasado viernes con Daniel del Pino, que esta semana, miércoles y jueves, vuelve para encontrarse con los alumnos del Conservatorio Profesional de Burgos, cuyo interés le ha dejado con la boca abierta.

La segunda tiñe de rojo el calendario el viernes 6 de febrero. La donostiarra Judith Jáuregui se sentará frente al piano en un escenario que ya conoce puesto que, hace siete años, Cultural Cordón acogió uno de sus primeros conciertos recién llegada de Alemania, donde realizó sus estudios.

El piano baila sobre la nieve y pocos serán los que se resistan a sus encantos. González, Del Pino y Jáuregui no pudieron.

============TEX SIN SANGRIA (44457976)============

«Quiero desabrochar el corsé a la música clásica». Judith Jáuregui (San Sebastián, 1985) hizo esta declaración de principios hace cuatro años en una entrevista en Televisión Española. Entonces ya había empezado a dejar de ser una joven promesa en el mundo de la música española para ser una artista consolidada, así regresa la pianista a Cultural Cordón el viernes, donde protagonizará la segunda cita del ciclo Beethoven con acento español, donde interpretará las sonatas nº 2, nº 13, nº 25 y nº 4.

La artista saldrá a un escenario que no le es desconocido. En él estuvo en 2008 para dar uno de los primeros conciertos en España tras completar sus estudios en Alemania, donde trabajó con el maestro ruso Vadim Sucharov en el Conservatorio Richard Strauss de Munich.

Entonces empezaba a materializarse lo que muchos le auguraron cuando la vieron en su primer recital en su ciudad natal. En esa niña de 11 años había mucho talento. No se equivocaban.

Esa magia ha recorrido un sinfín de auditorios, compartido actuaciones con orquestas de los cinco continentes, desde Madrid a Venezuela, desde Bilbao a Colonia, y escrito su nombre en festivales de referencia internacional como el de Piano de La Roque d’Anthéron (Francia) o la Kammermusikwoche de Schloss Elmau de Alemania.

A este periplo mundial que la lleva a convertirse en una moderna Marco Polo se une su reciente debut en China con una gira que la ha llevado a importantes escenarios del país asiático.

Cumplirá este año los treinta y Judith Jáuregui ya puede presumir de tres discos y de contar con su propio sello, BerliMusic, con el que ha lanzado su tercer álbum, Aura, que recoge la música de Liszt, Debussy y Mompou y cuenta con el aplauso de la crítica.

Su discografía se completa con un homenaje a Alicia de Larrocha, pianista y compositora, considerada una de las más importantes del siglo XX, fallecida en 2009, en Para Alicia, inspiración española, y Robert Schumann. El arte de lo pequeño, Mejor Álbum de Clásica en los Premios de la Música Independiente de 2011.

Cuenta el programa de su concierto del viernes, que sus próximos compromisos la llevarán a dar conciertos con la Orquesta Camera Musicae, la Sinfónica de Bilbao o la de Murcia, a continuar con la gira de presentación de Aura, o a hacer nuevas funciones de su espectáculo Chopin Chopin, junto al cubano Pepe Rivero, que propicia un diálogo entre el jazz latino y la clásica, un intento más de arrancarla el corsé.

Daniel del Pino: «España menosprecia a sus pianistas»

«Un chelista checo con el que toco fuera de España siempre hacía giras aquí con otro pianista checo y un día me dijo que, ya que vivía aquí, le gustaría hacerlas conmigo, pero la agencia le dijo que no porque un pianista español no vendía. Hay muchos casos. Alguna vez he pasado por libanés -nació y vivió en Beirut hasta los tres años-. Les ha parecido más fácil venderme como pianista libanés que español». Cuenta esta anécdota, que es más que eso, Daniel del Pino y por ella aplaude el arrojo del CNDM que ha contado con nueve pianistas españoles para el ciclo dedicado a Beethoven, que él abrió en Burgos.

«Por desgracia, en España a los pianistas nacionales se los menosprecia. Lo veo en ciclos y en las programaciones de muchas sociedades filarmónicas, donde apenas hay españoles. Esta es una apuesta fantástica para demostrar que hay muy buen nivel en este país», espeta el artista que este miércoles y jueves podrá contar a los alumnos del Conservatorio Profesional de Burgos la lucha que aún mantienen para ser profetas en su tierra.

A pesar de los obstáculos, compartirá también lo afortunado que se siente por poder vivir de su pasión. Lo hará frente a un auditorio entregado, pero... ¿Los jóvenes tienen interés por la música clásica o son una causa perdida?

«Desde que estudio piano se oye decir eso, pero no creo que la situación esté peor ahora, siempre ha sido así», observa y cree que se debe al nivel adquisitivo y a la disponibilidad de tiempo, entre otros factores, pero sí le preocupa que el más fácil acceso a la música a través de internet espante a los jóvenes e «ir al concierto se convierta en la última opción».

La sangre no llega al río porque Del Pino ha visto un rayo de luz y siente que se está produciendo un retorno a los directos gracias a los nuevos formatos como los conciertos íntimos en casa para aforos mínimos, la oferta en salas pequeñas... «A la gente le gusta vivir el ambiente de los salones musicales del Romanticismo. No soy nada pesimista con el ambiente», apostilla y pone como ejemplo la buena respuesta de los alumnos del Conservatorio burgalés. «Ha sido una gran alegría».

Cuenta Daniel del Pino que su historia con la música es peculiar porque, aunque su primer contacto con ella fue de niño, en casa de sus padres, donde se escuchaba mucha clásica, nunca tuvo atracción alguna por ningún instrumento. «El primero que pasó por mis manos, cuando tenía 10 años, fue un teclado electrónico, de un amigo mío, del que me hacían gracia los ritmitos y sonidos raros. Mis padres se dieron cuenta de que me gustaba más de lo normal, mi padre era pianista aficionado, aunque nunca hubiera uno en casa, y me compraron uno un poco más grande y luego uno de verdad». A partir de ahí fue imposible separarlo de él.

Juntos han tocado en importantes festivales y auditorios de todo el mundo y colaborado con destacadas figuras. Pero no ha sido una carrera fácil. Eso también se lo contará a los futuros pianistas.

«Hoy en día es difícil decir que algo es fácil. Todas son complicadas y la del músico la hemos hecho más difícil porque, por lo menos en mi época, todo el que entraba en el conservatorio quería ser concertista y, por desgracia, era imposible. Debería haber sitio para otras muchas cosas como pedagogía, investigación... Eso ha generado mucha frustración». No a él. Al que la diosa Fortuna sonríe.José Abel González: «Es un instrumento que no se acaba nunca. Es mágico» Al un lado del teléfono se dirige en francés a alguien, al otro, en castellano. Ese es el sino de José Abel González desde que hace veinticinco años dejara Burgos para continuar sus estudios de piano en París. Entonces, España era casi un desierto en las enseñanzas artísticas. Los músicos se veían obligados a hacer las maletas si querían progresar en una carrera que aún no se veía con seriedad a este lado de los Pirineos. Él los cruzó en busca de su sueño y, aunque viene a menudo a casa, «de vacaciones», estos días regresa para disfrutar de otro deseo cumplido como es tocar con la Orquesta Sinfónica de Burgos (OSBu). Será el pianista solista en la interpretación del Concierto para piano nº 1, de Tchaikovsky, en un concierto que se rinde a los pies del compositor ruso y se completa con su Sinfonía nº 6, la llamada Patética.

«Está siendo una experiencia muy bonita, muy positiva y muy entrañable», comenta el pianista en un descanso de los ensayos y después de una comida compartida con todos los músicos de la formación. «Hay muy buen ambiente», apostilla el músico que no tendrá mucho tiempo de disfrutar de su tierra pues el deber le llama en la capital francesa.

Allí ha pasado media vida. La elección del piano parecía irremediable. Su padre tenía uno en el salón y la atracción era inevitable para aquel niño que se sentó por primera vez frente a él cuando tenía seis o siete años. El interés por él creció y con veinte años se fue a estudiar a París. En aquella época también era inevitable.

«El panorama musical y cultural hace dos décadas era mucho más precario que ahora y tuve que tomar la decisión. E igual que yo otros colegas, tanto de Burgos como de otros sitios de España. Hoy, aunque sigue habiendo problemas, el ámbito de la enseñanza ha cambiado mucho. Hay gente muy interesante formando a los jóvenes con escuelas muy competentes, aunque luego tengan que irse al extranjero a buscarse la vida en orquestas o a participar en concursos», analiza José Abel González, quien cree que más peligrosa que la crisis económica, que también se siente en tierras galas, es la humana.

De una y otra se olvida cuando se sienta al piano, como hará hoy. ¿Qué se siente en ese momento? «Se siente de todo, pero cada actuación es diferente», responde y añade que, acostumbrado a estar solo en el escenario, será especial e intensa por estar junto a una orquesta y con un director.

Deja la puerta abierta a futuras colaboraciones con la OSBu, pero «con tranquilidad, que hay muchos repertorios y muchos solistas interesantes a los que dar cabida».

De lo que no tiene duda es de que seguirá sintiendo las teclas del piano bajo sus dedos. «Es un instrumento muy completo, con un repertorio tan variado y tan bello que no se acaba nunca», asegura y apunta que, a pesar de los años transcurridos, todavía le quedan muchos secretos por descubrir. «Cuando crees que lo sabes todo, aparece otro. Es algo mágico, su sonido es imposible de atrapar, puede ser muy diverso en función de la fuerza física del pianista y de su mundo anímico. Un piano puede sonar diferente cada día. Es todo un mundo», describe este enamorado de este instrumento.Judith Jáuregui, la artista que no quiere corsés«Quiero desabrochar el corsé a la música clásica». Judith Jáuregui (San Sebastián, 1985) hizo esta declaración de principios hace cuatro años en una entrevista en Televisión Española. Entonces ya había empezado a dejar de ser una joven promesa en el mundo de la música española para ser una artista consolidada, así regresa la pianista a Cultural Cordón el viernes, donde protagonizará la segunda cita del ciclo Beethoven con acento español, donde interpretará las sonatas nº 2, nº 13, nº 25 y nº 4.

La artista saldrá a un escenario que no le es desconocido. En él estuvo en 2008 para dar uno de los primeros conciertos en España tras completar sus estudios en Alemania, donde trabajó con el maestro ruso Vadim Sucharov en el Conservatorio Richard Strauss de Munich.

Entonces empezaba a materializarse lo que muchos le auguraron cuando la vieron en su primer recital en su ciudad natal. En esa niña de 11 años había mucho talento. No se equivocaban.

Esa magia ha recorrido un sinfín de auditorios, compartido actuaciones con orquestas de los cinco continentes, desde Madrid a Venezuela, desde Bilbao a Colonia, y escrito su nombre en festivales de referencia internacional como el de Piano de La Roque d’Anthéron (Francia) o la Kammermusikwoche de Schloss Elmau de Alemania.

A este periplo mundial que la lleva a convertirse en una moderna Marco Polo se une su reciente debut en China con una gira que la ha llevado a importantes escenarios del país asiático.

Cumplirá este año los treinta y Judith Jáuregui ya puede presumir de tres discos y de contar con su propio sello, BerliMusic, con el que ha lanzado su tercer álbum, Aura, que recoge la música de Liszt, Debussy y Mompou y cuenta con el aplauso de la crítica.

Su discografía se completa con un homenaje a Alicia de Larrocha, pianista y compositora, considerada una de las más importantes del siglo XX, fallecida en 2009, en Para Alicia, inspiración española, y Robert Schumann. El arte de lo pequeño, Mejor Álbum de Clásica en los Premios de la Música Independiente de 2011.

Cuenta el programa de su concierto del viernes, que sus próximos compromisos la llevarán a dar conciertos con la Orquesta Camera Musicae, la Sinfónica de Bilbao o la de Murcia, a continuar con la gira de presentación de Aura, o a hacer nuevas funciones de su espectáculo Chopin Chopin, junto al cubano Pepe Rivero, que propicia un diálogo entre el jazz latino y la clásica, un intento más de arrancarla el corsé. 

tracking