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Un friso del país en verso

Roberto Domínguez y Marcos Mesa radiografían la realidad en ‘Se ha decretado el invierno’, que presentan mañana en el Tangente

Roberto Domínguez, con el volumen que recoge una mirada de la situación actual.-Santi Otero

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A.S.R.
Burgos

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La llamada poesía social, política, comprometida, extraña en estos tiempos, emerge vapuleada por la realidad, que se desnuda en los versos cruda, cínica, irónica, cruel y se viste con un rayo de esperanza, con una pizca de confianza y fe en el futuro. La poesía militante ha levantado el puño en Burgos en el último año con dos títulos. En abril aparecía ¿Por qué gritamos?, de Rubén de la Peña, Mario de la Peña, Marcos Erro y Rufino Hernández, y ahora llega Se ha decretado el invierno, de Roberto Domínguez y Marcos Mesa, que se presenta mañana en Espacio Tangente (19.30 horas) y que en marzo vestirá las paredes del Bardeblás.

«El país está cambiando. La política vuelve y los deseos de transformación se convierten en ilusiones colectivas. Que retorne la poesía políticamente comprometida es una magnífica noticia que nos dice que la revolución democrática que necesitamos está ya en nuestros corazones y que se convierte en verso que libera. La política que produce poesía es la que incorpora a los hombres y mujeres comunes a dirigir su destino, la que socializa el poder y lo convierte en proyecto colectivo. No es poca cosa», concluye el intelectual y politólogo Manuel Monereo en el prólogo de este volumen, que a Roberto Domínguez le gusta ver como un libro de amor, «a la gente que me rodea, al país, a lo que sucede a mi alrededor, hacia lo que siento y lo decimos en alto porque queremos cambiar las cosas, mejorar el país. Para conseguirlo es necesario reflexionar sobre ello y a hacerlo convocan estas páginas».

Domínguez y Mesa llaman la atención sobre el título del poemario. Ahí, convienen ambos, está la clave: «La situación social y económica no sucede porque sí como los fenómenos naturales, sino que es consecuencia de una voluntad política e ideológica».

Dicho lo cual, Marcos Mesa, autor de las ilustraciones, unas veces a raíz del texto y otras al revés, observa la poca distancia entre las palabras invierno e infierno. Una sola letra. Ese averno tiene muchas caras y él las rastrea «por la realidad socioeconómica y geopolítica que con la crisis financiera están atravesando diversos países europeos», comenta el diseñador, que admite una especial inquietud en su trabajo por las relaciones de poder, por el dominio de unas personas sobre otras, «es uno de los temas que más me cautiva».

Esa realidad emerge también en los versos, que pretenden ser «una foto del país, dura, porque así es», en palabras de Domínguez.

Y en esa instantánea aparecen los jóvenes a los que se auguró un futuro de éxito y ahora están en paro, abocados a emigrar o a vivir un laberinto sin salida, la gente que rebusca entre la basura algo que llevarse a la boca, los que piden por la calle, los órganos y personajes varios creados por el voraz capitalismo, los que luchan por lo que creen justo como lo ocurrido en Gamonal, la exhumación de los fusilados en Estépar, las plataformas contra los desahucios...

Debajo de este friso del presente se vislumbra una mirada histórica, de admiración al liberalismo del siglo XIX, el de la Primera República o Mariana Pineda, e interrogativa hacia los gobiernos socialistas en España -Caballo de Troika-.

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«Es cierto que hay un punto de crudeza porque la situación lo es, pero también es un canto a la esperanza, después del invierno llega la primavera», ahonda el vate con el puño en alto.