BURGOS / Cine
La pérdida centra el nuevo corto de Carlos Velasco
El director burgalés firma su tercer filme, ‘Flora’, donde la actriz Marta Belaustegui da vida a una madre incapaz de superar la muerte de su hijo. Su estreno coincidirá con el inicio de la primavera

Carlos G. Velasco da instrucciones a la actriz Marta Belaustegui en un momento del rodaje del cortometraje.-
Primero fue la tierna historia de dos indigentes que supieron conservar sus sueños y su humor en Uh la lá. Después la dulzura dio paso al sarcasmo y al absurdo en el esperanzado relato de La Pleimobil. Y ahora Carlos G. Velasco dibuja una nueva pirueta en la gran pantalla con Flora, un cuento duro, de atmósferas oscuras, cuyo estreno coincidirá con el inicio de la primavera.
Flora, cortometraje financiado a través del micromecenazgo -«siempre he sido mi productor, desconozco lo que es tener una productora o un mecenas detrás. No es fácil conseguir dinero para obras audiovisuales»-, ahonda en las secuelas por la pérdida de un ser querido y del sentimiento de culpabilidad y vacío que embargan a quien la sufre. Sus únicos personajes son una madre incapaz de superar la muerte de su hijo, interpretada por la actriz Marta Belaustegui (El principio de Arquímedes, La decisión de Julia, Malena es un nombre de tango...), y una naturaleza acechante y hostil, en palabras de su director, que firma su primer proyecto en solitario tras realizar los anteriores con el canario Isaí Escalada.
«Efectivamente, se trata de un cambio de registro brusco porque La Pleimobil, pese a ser una comedia muy negra, albergaba algún tipo de esperanza. En cambio, Flora vive en la desesperanza, en un punto de no retorno, en la culpa y la melancolía», observa Velasco y añade que le apetecía mucho este viraje, explorar el drama y hacerlo en una vertiente más poética, menos narrativa y convencional y dejar al espectador que rellene huecos.
«Es un poema audiovisual, un fogonazo sobre un estado de ánimo del ser humano: la tristeza. Se trata de una historia que habla de la pérdida, del duelo. Intentar transmitir ese sentimiento obligaba a ser árido, seco, nada benevolente con el personaje», expone el cineasta.
La película se rodó en diciembre en Madrid y, reconoce el director, levantarla ha costado mucho porque tenía muy claro qué buscaba. «En este trabajo están muchas de mis obsesiones estéticas, intenté pintar un lienzo en cada plano», explica y señala como reto de logística conseguir mantener vivas numerosas y diferentes especies de plantas en el set de rodaje y como acierto la elección de la actriz: «Entendió a la perfección su personaje y le prestó sus ojos, sus manos, su cuerpo entero para conseguir transmitir ese dolor que lleva a cuestas».
Como ocurrió en los anteriores trabajos, tras su estreno, Flora recorrerá los principales certámenes y festivales tanto a nivel nacional como internacional para llegar al mayor número posible de gente. ¿Parará en Burgos? «Me encantaría que hubiera hueco para Flora en cualquier festival de mi ciudad», responde Carlos G. Velasco, que nunca ha cortado el contacto con sus raíces, aunque viva en Madrid, donde sus inquietudes creativas le han llevado a compaginar su pasión por el corto con el mundo de la ilustración. «Desde siempre me gustó dibujar, me relaja mucho, me da pie a sacar todo lo que tengo dentro... y es más barato», bromea.
Esta infidelidad no va mucho más allá. Apenas una canita al aire aplaudida y necesaria en el mundo de la creación pues para no perder la senda de los cortometrajistas, Carlos G. Velasco ya ansía ese irremediable salto al largometraje.
«En un corto te presentas, en un largo te conocen. Claro que tengo alguna historia que me ronda pero requiere de más reescrituras de guion para terminar de ser redonda. Al fin y al cabo, la idea lo es todo. Y si cuentas con una buena todo lo demás es fácil», dice convencido de que Flora es un paso adelante hacia esa meta.