BURGOS / Un clásico en horas bajas
La maldición del número 13
El Salón del Libro Antiguo se despide con la mitad de público y menos ventas que el año pasado y con un necesario y urgente replanteamiento

Diez establecimientos procedentes de distintas partes de España han mostrado su género en San Juan.-Raúl Ochoa
El Salón del Libro Antiguo no levanta la cabeza. Si el año pasado se despidió con el público y las ventas por los suelos, este no le ha ido mejor y ayer, minutos antes de la clausura al mediodía, un rápido chequeo entre los libreros pintaba un panorama desolador, con la mitad de público y menos ventas.
El negro era el color dominante en el balance de esta decimotercera edición y entre los libreros era unánime la petición de una necesaria y urgente reflexión de cara a su futuro. ¿Reinventarse o morir? Aunque algunos sí que llegan a ver en este nuevo fiasco la defunción del encuentro, otros cruzan los dedos y confían en la remontada. Alguno incluso se puso al volante con una sonrisa en la cara convencido del carácter cíclico de estos salones, que unos años van bien y otros mal.
«Desgraciadamente va hacia abajo, son necesarios nuevos planteamientos, pero no podemos hablar de muerte porque qué decimos si el año que viene va muy bien», se pregunta Pelegrí Haro (Delstres, Barcelona), quien cree que Burgos tiene un salón «muy bonito y que vale mucho la pena, con buen ambiente, buena gente y grandes compañeros».
En el otro extremo se encuentra Moncho Perales (La Trastienda, León), que, con sus palabras, se pone el crespón negro. «Mucho me temo que estas son las exequias del Salón. Este año era la última oportunidad. No ha habido nadie», dice mientras empaqueta el género y culpa de la situación a la «poca o mala promoción».
A esa falta de publicidad -«se ha puesto tarde y mal»- también dirige su dedo Luis Ceballos (Lyda, Burgos). «Ha ido muy flojo, muy flojo», enfatiza descontento con la afluencia de público, aunque él espera no tener que asistir a ningún funeral: «Tenemos que aprender de los errores y hacerlo mejor. Después de trece años sin fallar ni uno no se puede perder».
No son mejores las noticias para Víctor López (Páramo, Urueña, Valladolid). Participaba por primera vez y, aunque con una sonrisa y feliz por haber descubierto la ciudad, señala que ha ido muy mal. Tanto como para no volver al próximo año. «Nos vamos decepcionados. Ha habido poca gente y la que ha venido, con pocas ganas de comprar», anota y propone como soluciones mejorar la señalización y la publicidad y la organización de actividades paralelas que animen al público a pasear de forma habitual.
Tras tomar nota de la radiografía, Álvaro Manso, presidente de la Asociación Provincial de Libreros, entidad organizadora, garantiza la continuidad de la cita y considera que, a tenor de las cifras, es urgente darle una vuelta. «La fórmula es obsoleta y tenemos que ver qué podemos hacer para atraer público porque una caída del 50% es mucho», reconoce y desmiente que no haya habido promoción: «Se ha hecho más que otros años».