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El CAB se deja ver en Madrid

El Centro de Arte Caja de Burgos ampara una muestra de ocho de sus artistas en la Escuela TAI

Tres visitantes ven el vídeo de David Shrigley.-Mendía Echeverría.

Tres visitantes ven el vídeo de David Shrigley.-Mendía Echeverría.

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A.S.R.
Burgos

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De vez en cuando, gusta el Centro de Arte Caja de Burgos (CAB) de dejarse ver por la villa y corte y a ella vuelve tras su paso por el Centro de Arte de Alcobendas en 2013 y por el Circo Price en 2008 dentro de PhotoEspaña. Ha recorrido la A-1 para llevar la exposición Estética masiva a la Escuela Universitaria de Artes y Espectáculos TAI, donde permanecerá hasta el 18 de marzo.

Jordi Canudas, César Fernández Arias, Ingo Giezendanner, Claudia Gutiérrez, Joris Laarman, Remy & Veenhuizen, David Shrigley y Daniel Verbis participan en esta muestra que, en palabras del director del CAB, Emilio Navarro, pretende lanzar interrogantes a los alumnos y a la gente que por allí pase en unas fechas -se inauguró el pasado martes coincidiendo con ARCO- en las que el mundo del arte contemporáneo gira su mirada hacia Madrid.

La idea surgió por la amistad del responsable del centro burgalés con el director de la TAI, Pablo Álvarez de Toledo; por la apertura de esta escuela, privada pero ahora bajo el paraguas de la Universidad Rey Juan Carlos, a las bellas artes cuando tradicionalmente solo se dedicaba a las escénicas y visuales siendo, con 40 años, de las más antiguas del ramo; y por su traslado a una nueva sede, en la calle Recoletos, 22, con espacio para estas iniciativas.

«Estética masiva quiere propiciar una reflexión sobre el mundo del arte, sobre su concepto, lo que cabe dentro de él, si es restrictivo o elitista, si llega a todo el espectro de la sociedad que nos gustaría...», destaca Navarro y añade que, «con intención ingenua o peregrina de que la gente abra su cabezas», han apostado por piezas que se mueven en la frontera entre arte y diseño.

«Si la gente entiende que el arte es muchas cosas puede ampliar su abanico de destinatarios y abandonar su carácter de exclusivo, aumentaría la demanda y los precios dejarían de ser tan brutales y elitistas y llegaría a un mayor número de personas», augura convencido de que la escuela TAI es un buen lugar para empezar. «Si alguien puede hacer que algo cambie son los jóvenes y por aquí pasan universitarios que pueden sentirse tocaditos por esta exposición», asegura.

Además de este intento de agitar conciencias, para el CAB esta actividad supone un escaparate y una oportunidad para recordar a los madrileños su existencia a dos horas de allí.

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