BURGOS / Exposición
Paisajes sin consciencia del tiempo
La ensoñadora pintura de Regue Fernández compite con el lujo de los vehículos expuestos en la Sala Infiniti del Grupo Julián, convertida en un nuevo e insólito espacio para el arte con motivo del veinte aniversario de la empresa

Regue Fernández ha seleccionado pinturas y grabados que hablan de los momentos de intemporalidad que se viven de forma inconsciente.-Israel L. Murillo
Las líneas elegantes del Infiniti QX50 se abren paso entre los ensoñadores paisajes de Regue Fernández. Atraviesan lagos trufados por delicados nenúfares, irrumpen en frondosos bosques y tupidas selvas, se elevan hasta un cielo azul sin estrellas, esquivan escarpadas montañas y enfilan lomas verticales que se pierden sin remedio. La reflexiva pintura de Regue Fernández compite con la alta gama de los vehículos expuestos en la Sala Infiniti del Grupo Julián (kilómetro 234 de la carretera Madrid), convertida en un nuevo e insólito espacio para el arte que el creador burgalés estrena con una colección de pinturas y grabados que permanecerá tres meses con una continua renovación.
«Compartir espacio con unos coches es un reto y, aunque puede parecer contradictorio, si se buscan sí se encuentran lazos de unión», comenta Fernández, que sí ha tenido en cuenta las particularidades de esta sala a la hora de elegir la obra exhibida, escogida entre la que mostró en el Arco de Santa María en septiembre, y que irrumpe en ella «como un elefante en una cacharrería».
El artista admite que le parecía sugerente esta contraposición entre una obra de arte y un objeto de consumo tan cotidiano como es un vehículo de cuatro ruedas y alta gama, «con las connotaciones sociales que implica un coche así».
«Yo me considero un artista nada afamado y era sugerente la oposición con un coche de tirón mundial, ligado a una clase social y un poder adquisitivo determinado frente a mis obras, que son pobres, con materiales sencillos, que desde el punto de vista económico no se pueden comparar con ellos», apunta y no se lo pensó cuando el Grupo Julián, que está en plena celebración de su vigésimo aniversario, le lanzó el guante.
«La idea es mi fuerte, el concepto es lo importante, y el trabajo del artista y lo que cuento sí pueden competir con cualquiera de las ideas que pueda estar vendiendo un coche. Esa disputa me gusta», observa y completamente convencido cree que de esa carrera saldrá victorioso «porque mis obras están llenas de vida y ellos solo de gasolina».
Y el relato que narran las piezas de Regue ahonda en la consciencia del tiempo, en la noción que se tiene de él cuando no hay un reloj que marque las horas, ni rutina convertida en una pequeña tirana ni calendarios que apremien el paso al tiempo.
«Hablan de momentos de intemporalidad. A veces perdemos la noción del tiempo en muchos momentos que tienen que ver con los grandes dolores, traumas, angustias y dramas de la vida, pero también en los de excesiva felicidad. Traspasamos la barrera del tiempo de una manera inconsciente, sin reparar en que diariamente vivimos estos momentos, y no solo durante el sueño, por lo que al ser inconscientes no hacemos una valoración y no aprendemos», explica Regue, quien vuelca estos «no tiempos», «no espacios», en unas piezas que son «paisajes mentales, sentimentales, filosóficos, conceptuales, abstractos...».
Huye Regue del cerco de los estilos. «Es un cajón demasiado cerrado para hablar de lo que se está haciendo en el arte contemporáneo», anota y enumera varias posibilidades como la pintura abstracta e incluso de instalación «al planteármelo como una especie de competición con el mundo del automóvil».