El Correo de Burgos

BURGOS / Entrevista a Sergio Dalma

«Un concierto sin ‘Bailar pegados’ está inacabado»

Su voz rasgada cortó las ondas a finales de los ochenta con ‘Esa chica es mía’. En 1991 tocó el cielo con la mítica ‘Bailar pegados’, con la que no ganó Eurovisión, pero sí entró a formar parte de la memoria colectiva de un país. No eran fuegos de artificio. Le seguirían ‘La vida empieza hoy’, ‘Qué chica’, ‘Solo para ti’, ‘A buena hora’...

Sergio Dalma.-

Sergio Dalma.-

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A.S.R.
Burgos

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Sergio Dalma suena risueño al otro lado del teléfono, a pesar de que lleva una mañana de maratón de entrevistas. Las afronta con humor. «Aquí estoy, con deberes en la oficina», dice entre risas para apostillar, «y que no falte, que no falte». El intérprete de la voz rasgada, el más italiano de los cantantes españoles y el que más ha bailado pegado mantiene con cincuenta el tirón y la buena forma necesaria para encarar una gira de celebración de sus veinticinco años en los escenarios. Al del Fórum Evolución sale el viernes invitado por la Fundación Caja de Burgos (21 horas, entradas: 40 y 30 euros, las de 45 euros ya están agotadas).

Pregunta- Veinte años no es nada, canta Gardel en el tango. ¿Y veinticinco?

Respuesta- Sí, creo que son muchos. Cuando entras en esta espiral para arriba, para abajo, de conciertos, de promoción... ves que todo pasa muy deprisa, vas a una velocidad casi extrema y no eres consciente, pero cuando estuvimos preparando este 25 aniversario paramos para reflexionar, echar la vista atrás y te das cuenta de que sí, han pasado cosas y de cierto peso, además.

P.- ¿Qué ve cuando echa esa vista atrás? ¿Con qué se queda? ¿Qué quitaría?

R.- Soy de esas personas que piensan que lo que está hecho, hecho está y ya no se puede remediar. Me gustaría pasar por lo mismo otra vez. Me he dado cuenta de que hay muchas cosas importantes y buenas y también he tenido momentos complicados, más difíciles, en los que me he sentido solo a la hora de trabajar, pero siempre me he considerado un luchador nato, he tenido fe y he creído en lo que he hecho. Realmente, miro para atrás y estoy satisfecho porque te sientes un privilegiado: aquello que tenías como vocación se ha convertido en tu vida y en tu profesión.

P.- ¿Repetiría todo tal cual? ¿O pondría bótox a algún pasaje?

R.- Las cosas que he hecho siempre me han dejado buen sabor de boca y las que a lo mejor no eran tan de mi gusto ya están pasadas y también cumplen su función, que es aprender de ellas.

P.- Hablar de su trayectoria es imposible sin Bailar pegados. ¿Fue una bendición o una maldición?

R.- ¡Siempre una bendición! Es una canción que, junto a otras como Esa chica es mía, Galilea o Solo para ti, no he podido dejar de cantar en estos 25 años y no por la gente, sino por mí. Si no lo hago es un concierto inacabado. Y es curioso que Bailar pegados, que viene de un Festival de Eurovisión, se siga recordando. Esta vez hemos hecho nuevos arreglos, siempre me gusta reversionarlas, cambiarlas la vestimenta y que siempre suenen actuales.

P.- Galilea, Esa chica es mía, Bailar pegados... ¡Cuánta parejas se habrán enamorado con sus canciones! ¿Se siente como una alcahueta cuando sale al escenario?

R.- (Se ríe). Entiendo que sí, que algo culpable me debería sentir, pero al final un músico tiene que transmitir y en mi caso cantar y contar historias que, de alguna manera, la gente haga suyas, que sientan que era eso lo que quería contar a su pareja o a su hijo.

P.- ¿Cuál es el tema que ha pasado más desapercibido injustamente?

R.- Hay muchos. Hay un disco, Historias normales, que siempre me ha gustado mucho y, por desavenencias en aquel momento con la compañía discográfica, no tuvo la repercusión que a mí me hubiera gustado. Pero estas cosas pasan y siempre hay canciones que con el tiempo luego las puedes recuperar en el directo y te quitas esa espina.

P.- ¿La pelea en el mundo discográfico es cruenta?

R.- Sí, sí, ahora está todo muy convulso y la gente está muy preocupada porque estamos en un momento en el que solo recibimos palos, los músicos y el resto de la gente de la cultura, con lo cual es una época de muchas dudas y de crispación, que hace que el personal se desanime, pero al final hay que transmitir un mensaje de positivismo. Los músicos siempre hemos vivido del directo, el mundo del disco está complicado, no se ha encontrado todavía la fórmula donde pueda haber comunión con el público y todo crea una sensación de inestabilidad.

P.- En su último álbum, Cadore 33, en Hay vidas dice ‘Otras que un canto de sirena las seducen y les cambia su fin’. ¿A qué cantos de sirena ha tenido que resistirse?

R.- Al final, he intentado siempre tener la máxima libertad a la hora de expresarme y hacer mis trabajos. Ahora con 50 años no tengo mucha diplomacia y no me muerdo la lengua, si a esta edad uno no puede decir lo que siente es imbécil y es mejor que deje de existir.

P.- Esa misma canción anota: ‘Son corazones vulnerables pero siempre especiales, con increíbles arsenales de amor y libertad, que transforman sueños en realidad’. ¿Cuántos sueños ha transformado en realidad? ¿Le queda alguno por vivir?

R.- Esa es una canción que me encanta, escrita por alguien a quien quiero mucho, que entró en el repertorio en el último momento, y es como si en ella tú haces de voyeur y ves como la gente vive la vida a su manera. Yo siempre he intentado soñar con los ojos abiertos porque siento que es más real y siempre ha sido mi filosofía, trabajar en lo que a mí me gusta, en que aquella vocación se convirtiera en profesión y me pongo metas a corto plazo, que es una manera de llegar a ellas, lo que te da el subidón para seguir adelante.

P.- ¿Cumplir ese deseo significa que Josep Capdevila ha sido borrado por Sergio Dalma?

R.- ¡No, nooooo! Nunca he dejado que Sergio Dalma me absorbiera y me poseyera. He aprendido mucho de él, tiene más cara, no es tímido, y de alguna manera me puedo transformar, pero siempre he intentado que el personaje no se comiera a la persona, aunque unas veces ha resultado más complicado que otras. Este es un personaje que algún día desaparecerá y dejará el legado de su música, pero Josep Capdevila es la persona y es la que tiene que prevalecer.

P.- ¿Cómo conviven ambos?

R.- Es complicado. Al principio de mi carrera sí tuve momentos en los que me sentía absorbido, pero yo empecé a los 16 años cantando como profesional en orquestas, con lo cual a estas alturas de mi carrera el que yo sea famoso o no, palabra que odio, o tenga más éxito o no, no va a afectar a mi persona, porque lo que estoy haciendo es lo que me gusta, subir a un escenario, cantar para una persona o para mil, lo importante es seguir teniendo la oportunidad de salir.

P.- ¿Cuesta mantener la coherencia durante tanto tiempo?

R.- Hay momentos de todo, al menos yo he luchado para ser coherente y consecuente y lo habré conseguido más o menos. Cuando llevas 25 años, la gente ya sabe tu trayectoria y al final sí se puede dar cuenta de que desde el primer día he intentado ser y mostrarme como soy.

P.- El último disco está grabado en Italia, como los dos volúmenes del anterior, Vía Dalma. ¿Qué tiene ese país?

R.- He mamado mucha música italiana desde que era pequeño en casa de mis padres, donde sonaban muchas de aquellas canciones que interpreté en Vía Dalma. Mi forma de sentir e interpretar la música tiene mucho de aquel país y cuando he trabajado con músicos y productores de allí mi voz les resulta muy familiar y el tipo de melodía y manera de componer siempre me ha ido muy bien.

P.- También tiene otra tierra mimada que es Sanabria (Zamora). ¿Qué ha encontrado en el paisaje castellano?

R.- Descubrí ese paisaje un día accidentalmente porque mi director musical era de allí y me encantó. La gente me gusta, el paisaje y la naturaleza me atrapan y que aún siga siendo una zona poco conocida y muy salvaje me encanta, es uno de los sitios donde cargo las pilas.

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