BURGOS / Publicación
«Es un libro de historia contada por un niño»
Javier Ikaz y Jorge Díaz ‘destripan’ en el MEH la aventura que sigue siendo ‘Yo fui a EGB’

Jorge Díaz y Javier Ikaz (d.) charlaron en el Museo de la Evolución sobre los dos volúmenes de ‘Yo fui a EGB’.-Santi Otero
Vamos a jugar, tus problemas déjalos, para disfrutar ven a Fraggle Rock... Javier Ikaz elige esta canción, a la que muchos pondrán melodía sin remedio, como banda sonora para el proyecto Yo fui a EGB, algo que desde el principio fue afrontado con seriedad y responsabilidad, con una dedicación de casi 24 horas, pero del que tanto él como Jorge Díaz gozan cada segundo y con ellos el casi millón de personas que forma parte de la comunidad de Facebook y/o tienen en la estantería los dos volúmenes que los han vuelto a convertir en niños. Porque ahí, en ese regreso a la infancia, cifra Javier Ikaz el éxito de este fenómeno.
«Era la época en la que éramos niños, sin responsabilidades, y a quién no le gusta recordarla. Somos muchos los que cursamos la EGB, los que ahora estamos entre 30 y 50 años, e, igual que hace unas décadas se hablaba de los sesenta, ha llegado nuestro momento de echar la vista atrás», comenta minutos antes de visitar el Museo de la Evolución Humana, donde después charlarían sobre este proyecto, que ya tiene el tercer volumen en cocción, con el que escribirán el punto y final -«no queremos hacer churros»-.
¡Quién les iba a decir que la EGB se convertiría en una gallina de los huevos de oro!
«Desde el principio supimos que era algo que teníamos que trabajar bien, pero nunca esperas que lo que haces vaya a tener tanto éxito», observa Ikaz.
Pero lo han tenido y les bastó desempolvar la memoria dormida de esos treintañeros y cuarentones para desencadenar una cascada imparable. Son incontables las llamadas y las colaboraciones que han recibido desde que hace tres años se dasatara el fenómeno en las redes sociales con los coleccionistas como principales aliados. A través de ellos han conseguido productos que ni el propio fabricante tenía guardados, aunque también los hallazgos inesperados han resultado ser enriquecedores. Cuenta Ikaz como en el segundo libro incluyen una bolsa de Rufinos de color azul con el dibujo de Heidi, que no habían vuelto a ver hasta que una seguidora se lo remitió tras encontrar una aplastada entre las páginas de un libro de la época que nadie había vuelto a abrir.
«Es como pequeña arqueología, ir encontrando cositas que parece que están desaparecidas y te topas con ellas en cualquier esquina», destaca el creativo, quien agradece ser los primeros en el pensamiento de tanta y tanta gente cuando se chocan con algo sospechosamente ochentero.
«Son detalles por los que estamos muy agradecidos, pero, aunque lamentamos tener que hacer una criba, porque ya solo que alguien coja un móvil y te mande una foto merecería estar ahí, es imposible publicarlo todo, aunque sí contestamos a todos personalmente», detalla Ikaz, que se ha encontrado con cientos de fotos de libros de escolaridad, de bolsas de monchitos, de los célebres walkman...
«Yo fui a EGB es un libro costumbrista. Es de lo que te hablaría un niño si le pidieras un relato de su actualidad. No te hablaría de religión ni de política, sino de las chucherías, de la ropa, de las broncas de su madre... Es un libro, entre comillas, de historia contada por un niño», anota y echa de menos que ahora no se cuide tanto la cultura destinada a la infancia. «Los productos están menos elaborados, no sé si sería factible hacer unos dibujos animados sobre un libro de hace quinientos años como se hizo con El Quijote o sobre el Cid», dice y cree que estas páginas sí pueden dar una idea de lo que fue aquella época y, apostilla, ojalá llegue a los pupitres dentro de unos años. Se cerraría el círculo.