BURGOS / Día de la Poesía
«Escribir es ir quedándose sin palabras»
Benjamín Prado hablará hoy en la Sala Polisón sobre su nuevo poemario, ‘Ya no es tarde’, publicado tras ocho años de ‘silencio’

Benjamín Prado.-Santi Cogolludo.
Ya sé que este es un libro que habla de ti y de mí; / que aquí no hay sitio / para la usura, / el hambre, / los desahucios, / el miedo, / que ser feliz no es cerrar los ojos / ni las sábanas son lo opuesto a las banderas. // Pero mira esa gente sin trabajo, / el dolor, / la injusticia, / las guerras, / el expolio, / la opresión, / el cinismo, / los pactos de silencio... / Mira cómo funciona / el negocio de la desigualdad: / para que sigan llenas algunas cajas fuertes, / tiene que haber millones de neveras vacías (...).
Tablón de anuncios ocupa una de las últimas páginas de Ya no es tarde, el nuevo poemario de Benjamín Prado, y resume alto y claro las pretensiones de este libro, que, sobre todo, es una celebración del amor, pero sin dejar de mirar la dura realidad que discurre más allá de la cama.
«Representamos el amor como un angelito ciego, pero a mí me gusta levantarle la venda de vez en cuando y que vea lo que ocurre a su alrededor, que esté atento también a este mundo de todos los demonios y, por otra parte, tan maravilloso», explica el vate, que hoy hablará de esa a veces contradictoria realidad en la Sala Polisón del Teatro Principal (20.15 horas, entrada libre).
«Las personas con conciencia cuando somos felices y nos van las cosas bien siempre tenemos un cierto grado de sentido de culpa -prosigue Prado-, pero es que uno puede luchar por su felicidad y también por denunciar aquellas cosas que le parecen injustas vengan de donde vengan», expone el escritor, que con Ya no es tarde vuelve a poner ojitos a la poesía tras un silencio de ocho años, unas, entre comillas, vacaciones que tienen sus porqués.
«Porque, primero, no tenía a nadie a quién escribírselos y, segundo, porque, de alguna manera, escribir es ir quedándose sin palabras, vas diciendo cosas y si no te quieres repetir debes ir afilando el estilo, los temas y las opiniones poema a poema y se necesita tiempo, tanto desde el punto de vista del contenido, para que se te ocurran nuevas cosas sobre las que hacer poemas que te importen, como desde el de la forma. Yo soy muy pesado escribiendo, horrorosamente pesado, le doy a todo millones de vueltas, casi hasta el abismo. Hasta que no estoy completamente convencido de que no lo puedo hacer un poquito mejor no paro», desvela y añade un tercer motivo: «A la poesía no le van bien las prisas, hay que escribirla con cuidado, con paciencia y sin dejarte guiar por otra cosa que no sea el deseo de conseguir, como decía Paul Valéry, las mejores palabras en el mejor orden».
Y, aunque la espera ha sido larga, confía en haber encontrado imágenes e ideas distintas a las ya aparecidas en sus anteriores libros. El lector dirá si lo ha conseguido o no.
«Me obsesiona muchísimo no repetirme, pero también escribir una poesía que sea compartible, que cuente cosas no tanto de mí, sino del lector, que es lo que hace que los libros perduren, por eso hay versos más allá de lo que rodea a la pareja», sostiene.
Así se ve en los que alumbran Poesía social: (...) Que no te extrañe verte dentro de este poema: / el amor se parece a las otras libertades / en que a todas les siguen los mismos enemigos.
Benjamín Prado aún cree en el poder transformador de la poesía. No está de acuerdo con su colega Elena Medel, que, en una visita a Burgos, dijo que, por desgracia, hoy día el poeta ya no es un ser peligroso.
«La inteligencia se suele mirar con sospecha por aquellos a los que no les interesa que se cuente la verdad, los que prefieren las versiones maquilladas e intentan convencer a la gente que lo que ven es lo que pasa, aunque no siempre sea así. Y la poesía si es buena sí es peligrosa para aquellos que no quieren que algunas cosas se sepan. En la literatura aprendemos las cosas que se nos ocultan en los manuales de historia. Balzac dice que la novela es la historia privada de los países y es verdad. En los volúmenes históricos aprendemos fechas, lugares y nombres y en los literarios vemos el efecto que todo eso tuvo sobre personas reales, qué felicidad, qué dolor, qué hambre, qué ocurrió puerta a puerta y apellido a apellido... La literatura no siempre debe ser de denuncia, pero puede serlo y está bien que lo sea», sostiene y cita a Baudelaire: ‘Un poeta puede ser lo que quiera pero no puede dejar de ser contemporáneo’.
Y serlo hoy implica igualmente subirse al carro de las redes sociales, como ha hecho el escritor, que las da su bendición. «Me gustan porque me ponen en comunicación con mis lectores, porque vendrá gente a verme al Principal enterada por Facebook o Twitter, porque puedo compartir poesía, aforismos, dar mi opinión a la gente que me la pide... Pienso de internet lo mismo que de los libros, que es una conversación en la que una mitad es el autor y sus otras muchas mitades son sus lectores, un lugar donde unos dicen cosas extraordinarias y otros, estupideces supinas o se dedican a insultar enmascarados en un seudónimo. Ojalá en la vida existiese la posibilidad de bloquear a un idiota, yo lo firmaría», apostilla el vate que regresa a orillas del Arlanzón tras participar el pasado octubre en la entrega del Premio de Poesía Ciudad de Burgos por segundo año consecutivo. «Siempre he sido un burgalés más, es una ciudad que me encanta y donde siempre me habéis tratado como a un príncipe». Hoy, la alfombra roja se extiende de nuevo para su alteza.