El Correo de Burgos

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Un libro, una rosa y un rayo de sol

La fiesta de la literatura deja una estampa inmejorable en la Plaza Mayor. El público y las ventas aumentan con los niños como grandes protagonistas, con permiso de María Dueñas. Los floristas se estrenan con una sonrisa

Pasar el Día del Libro en la Plaza Mayor ya es una costumbre para los burgaleses.-Raúl Ochoa

Pasar el Día del Libro en la Plaza Mayor ya es una costumbre para los burgaleses.-Raúl Ochoa

Publicado por
A.S.R.
Burgos

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Bastaba poner un solo pie en la Plaza Mayor para darse cuenta de que iba a ser un gran día. Apenas llevaban los libreros una hora con los tenderetes al sol y el ágora principal capitalina bullía como en las mejores ocasiones. No era para menos. Señoras, señores... ¡El Día del Libro!

La gente se agolpaba en las casetas y manoseaba el género que daba gusto, un buen corro de niños y grandes jugaba a contar leyendas con el grupo de teatro Sin Trastos, que obró el milagro de que los dragones saltaran de las páginas al adoquinado, los más mayores se sentaban al sol intrigados por el misterio de las rosas, que ayer se sumaron a la fiesta de la literatura con un sorprendente éxito. Una tradición exportada que a alguno hizo dudar si no se habría despistado en demasía por la noche y se hallaba en las Ramblas barcelonesas.

La jornada pintaba bien y hasta los libreros se despojaban de sus habituales pronósticos agoreros y al filo de la hora de comer ya asentían contentos. La cosa iba muy, pero que muy bien. Más público y más ventas. Por la tarde lo confirmarían. Después de nueve años ininterrumpidos, para los burgaleses ya es un hábito acercarse a la Plaza Mayor.

El buen tiempo había sido el mejor aliado y los niños, los auténticos protagonistas. Esa sí es una tradición. Con placer se rascó el bolsillo Mariajo para comprar ¿Eres mi mamá? a Inés, tres años recién cumplidos. Ella también se dio el capricho e incluyó en la bolsa Emocionario. Di lo que sientes, un diccionario de emociones, y por el camino se encontraron con un libro plegable de Los tres cerditos. ¿Alguien da más?

Pues sí. Había para dar y tomar. Pasó por allí la familia Pascual Briones al completo. Mientras Adrián jugaba con los rayos del sol desde la sillita, Martín se las ingeniaba para presentarse con una rosa para su mamá, que se le comió a besos allí mismo. No era para menos.

Y es que el puesto colocado por la Asociación de Floristas y Jardineros de Burgos (Flojabur) con rosas rojas, naranjas, blancas, rosas... a dos euros resultó un éxito. Lo decía el interés de la gente en torno al carromato y lo confirmaba Jimena Barriuso, una de sus miembros, que incluye esta actividad entre las realizadas para impulsar al gremio.

Una novedad que el presidente de la Asociación Provincial de Libreros, Álvaro Manso, espera que se sume en ediciones sucesivas a esta fiesta que, afirma, cada año va a más y está más que consolidada.

Una convocatoria a la que se va a mirar, a comprar y a distenderse. Allí cada cual vive su historia. Para Ignacio y Ana, que iban detrás de Mafalda y acabaron pillando el último de Álex Grijelmo, ya es un punto de encuentro social.

Con indignación la recorría el escritor Carlos Sainz Varona, que echó más de un rapapolvo al no ver su último libro, Visitas reales a Burgos (1880-1931), en los estantes.

Feliz lo hacía Alberto Marroquín. Es uno de los clásicos de esta cita. A última hora, se recorrió los puestos en familia y entre ‘Darío deja eso’ y ‘Gonzalo ven aquí’ se llevó a casa dos biografías, la del cineasta Luis Buñuel escrita por Ian Gibson, que acaba de salir en bolsillo, y la autobiografía de Andrés Calamaro. La de Juan Marsé la deja para la Feria, que ya habrá ahorrado los buenos euros que vale.

Charly Blanco no es un habitual, pero sus pasos le guiaron hasta allí y a casa se fue con una rosa de papel -en el marcapáginas- y el último de Pérez Reverte.

Hombres buenos no consiguió reventar las ventas como se presumía, aunque sí estuvo muy arriba. No tanto como María Dueñas. La autora de El tiempo entre costuras mantiene el tirón y su tercera novela, La templanza, arrasó. Entraba en las previsiones de los libreros. Hasta ahí las coincidencias. Luego una larga lista de títulos: El tesorero, la nueva entrega de Mortadelo y Filemón; Las gafas de la felicidad, de Rafael Santandreu; La vida perenne, de José Luis Sampedro, con fotos de Chema Madoz; Número cero, de Umberto Eco; Charlotte, de David Foenkinos... ¡Será por libros!

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