El Correo de Burgos

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Un, dos, tres... ¡BurgoSalsón!

Los bailes latinos se apoderan de distintos espacios del Fórum en un encuentro que congrega a 700 personas procedentes de distintos puntos de España y de fuera. El ritmo se mantiene hoy con más clases de nivel de iniciación, medio y avanzado

El BurgoSalsón ocupa este fin de semana distintos espacios del Fórum desde por la mañana hasta por la noche.-Raúl Ochoa

El BurgoSalsón ocupa este fin de semana distintos espacios del Fórum desde por la mañana hasta por la noche.-Raúl Ochoa

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A.S.R.
Burgos

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Me llaman loco por no ver lo poco que dicen que me das, me llaman loco por rogarle a la luna detrás del cristal... Suena Pablo Alborán en el hilo musical y una sala a reventar de parejas se mueve a ritmo de bachata siguiendo como si fueran gurús a una pareja subida a una tarima. Solo tienen ojos para ellos. Nadie atiende a los curiosos que asoman la cabeza por las puertas abiertas para evitar que la sala explote como una olla a presión. Son Chaves y Silvia y su clase fue una de las contribuyeron a transformar el Fórum en una pista de baile, un locurón desatado por la decimotercera edición del BurgoSalsón, que reúne este fin de semana a 700 personas en la ciudad -más de 900 asistieron al espectáculo nocturno-.

Gente procedente de distintos puntos de España, incluida la ciudad anfitriona, pero también de fuera.

Es el caso de Lucy Rodrigues. Se ha desplazado desde Oporto (Portugal) junto a un grupo de alumnos de una escuela de afro latin conexion. Es su primer año y no tiene dudas. Volverá. «Hemos encontrado lo que buscábamos. Es divino», expresa y lamenta no haber oído antes hablar del BurgoSalsón.

Sí había llegado a oídos de Pituka Claret, que, por segundo año, viene dentro del cuerpo de baile de Papa Rumba. Su participación es doble. Encima y debajo del escenario. «Es un encuentro muy completo. Otros se centran solo en un estilo, pero aquí tienes de todo: fusión, kizomba, bachata, salsa, chachachá... Y vienen maestros muy importantes, que lo engrandecen mucho. Sales sabiendo que has aprendido con gente buena», observa y recuerda que la meta aquí no es alcanzar la perfección sino avanzar.

Ninguna edición se ha perdido Juan Esquinas, que valora la relación calidad-precio, además de que a él le pilla cerca. Es de Bilbao y tiene 55 años. Se coló en el mundo de los bailes latinos hace quince años por casualidad. «Surgió un día sin más. Me llevaron a una sala, me encantó el ambiente, empecé con baile de salón y terminé con la salsa. Es otra forma de mezclarse con la gente, puedes bailar con alguien de 13 años o de 70», aplaude.

Los bailes latinos no saben de edad, ni de sexo, ni de peso, ni de modas. Comparten movimientos mujeres entradas en carnes, hombres que en el mejor de los casos peinan canas, jóvenes casual en vaqueros y camiseta con otros ataviados al efecto con sus mallas, sus zapatillas, su gorra cruzada, sus gafas de sol... Los hay temerosos que pasan la mirada del profesor a sus pies sin desviarse un milímetros y los hay con tablas que se atreven a sacar el pie del paso. Pero a todos, todos se les ve felices.

Begoña Ruiz, Vanesa Pineda y Marisa Morón, burgalesas, no la pueden ocultar, aunque no hace ni un segundo que han terminado su clase y siguen sudorosas.

Asegura la primera que, de momento, se han apuntado a kizomba y bachata, bailes desconocidos que quería descubrir después de un año de clases de salsa. El mismo tiempo lleva Vanesa. Cuenta que se apuntó a la academia para conocer a gente, salir y pasárselo bien, sin aspiraciones de convertirse en una gran bailarina, y confiesa que está completamente enganchada.

Ana Isabel Román (48 años) la entiende perfectamente. Ella empezó hace siete años y ahora vive entregada a la salsa. ¡Y que las llamen locas!

«Ya solo soy el rey del ‘bengué’» 

Tiene 65 años, con la técnica de salsa inventada por él siguen aprendiendo a bailar las nuevas generaciones y en los tiempos en los que formó tándem con Tito Puente le coronaron como el rey del mambo, un título al que Eddie Torres, la gran estrella del BurgoSalsón, quita importancia. «Ya solo soy el rey del Bengué (una pomada para los músculos que se dan los atletas contra el cansancio)», bromea y recuerda que lleva más de cincuenta años en las pistas. Cinco décadas en las que ha vivido tantas cosas que ya le han propuesto hacer una película sobre su vida. Una experiencia que le hace asegurar que todo el mundo puede bailar salsa, incluso después de comer un lechazo como él saboreó a su llegada a la ciudad. «Lo más importante es tener una semilla del talento, un buen maestro y dedicación», apunta como receta para tener, como él, «una carrera muy dichosa, muy linda y muy larga».

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