El Correo de Burgos

BURGOS / Exposición

Un misterio desvelado

Cultural Cordón reivindica a los pintores españoles a caballo entre el XIX y el XX en 74 obras de la colección de Rudolf Gerstenmaier, que vuelve a romper una lanza por este desconocido periodo

Pintura de Anglada Camarasa.-Raúl Ochoa

Pintura de Anglada Camarasa.-Raúl Ochoa

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A.S.R.
Burgos

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Han pasado poco más de cuatro años desde que Rudolf Gerstenmaier, un enamorado de España, un apasionado por el arte, aplaudiera la evolución de una ciudad que él había visitado en los años sesenta, cuando también eran los españoles quienes iban a Alemania a buscarse la vida y no al revés, como fue el caso. Sin ese asombro inicial, pero con el mismo entusiasmo, el coleccionista germano regresa a la Casa del Cordón y se maravilla con la nueva lectura que su coordinador de exposiciones, Javier del Campo, ha realizado sobre sus fondos, que superan las trescientas obras. Frente a aquella primera muestra, Erlesene Malerei. Obras escogidas, que comprendía la pintura española del siglo XVI al XX, la actual tira de zoom y se detiene entre los siglos XIX y XX, una época ya abocetada en aquella, sobre la que Gerstenmaier rompió una lanza entonces y lo vuelve a hacer ahora.

«España ha dejado de lado una pintura excelente a nivel internacional y tiene unas posibilidades enormes de rescatarla», resalta el coleccionista, para quien cada cuadro encontrado en una casa de subastas o en una tienda de antigüedades es un descubrimiento, un misterio desvelado, un tesoro a compartir.

Anglada Camarasa, Rusiñol, Darío de Regoyos, Sorolla, Picasso, Gutiérrez Solana, Zuloaga, Mariano Fortuny, Benjamín Palencia, Martín Rico, Aureliano de Beruete, Pérez Villaamil o Juan de Echeverría pisan la alfombra roja en 1860-1959. Cien años de pintura española en la Colección Gerstenmaier.

El propietario invita a dejarse seducir por estas pinturas, a sentir el mismo flechazo que a él le ha atravesado tantas veces en su búsqueda.

Y así, sin prejuicios, el espectador se preguntará por la enigmática dama coqueta, escotada y de posibles que se deja mirar por Sorolla, nada que ver con la rigidez de la recatada señora que posa para Benjamín Palencia. O se moverá entre la castiza merendola de Canals Llambí y el exotismo de las Bayaderas indias de Chicharro Agüera. Se perderá por una plaza de Bilbao envuelto por la sugerente atmósfera de Regoyos, se beberá el chorro de luz de Aureliano de Beruete en Toledo o se adentrará en la negra profundidad de la pincelada de Gutiérrez Solana. Abrirá sus pulmones para emprender el asalto al Mont Blanc con José Garnelo y jugará con los niños en la playa de Granaella, Navarro Llorens mediante. Viajará a Venecia con Martín Rico y a un misterioso caserón de París con Ginés Parra. Se llevará a la boca una uva del bodegón de Anglada Camarasa y retará en chulería al joven con pipa de Moreno Carbonero.

Esta miscelánea temática se exhibe al margen del ondeo de cualquier bandera. Óscar Martínez, responsable de Actividad Cultural de la Fundación Caja de Burgos, se sumó a la de Gerstenmaier y ve en esta exposición una «magnífica oportunidad para reivindicar un arte, un tiempo y unos artistas, los que transitaron entre los siglos XIX y XX, imprescindibles en nuestra historia de la pintura y no siempre tratados con justicia en un país más dado al olvido que al reconocimiento».

En ese, quizás tardío, aplauso abunda Javier del Campo, quien advierte de la escasa representación que este periodo artístico tiene en las colecciones tanto privadas como públicas.

«El público español tiene una especial querencia por algunos episodios de la historia del arte universal, puede hacer cola para ver una exposición de pintura impresionista francesa o expresionista americana y, en cambio, desconoce que entre nosotros tenemos una pléyade extraordinaria de artistas de primer orden y que algunos protagonizaron los momentos más relevantes del arte europeo en Francia, Estados Unidos o Inglaterra, ellos concitaban la atracción del mercado internacional de aquel momento», se explaya y observa la presencia de una veintena de obras no mostradas desde que lo hicieran los autores en su época.

Y aunque lo suyo es embriagarse por estas pinturas, con independencia de sus circunstancias, la muestra se puede seguir por capítulos: El alma desvelada. Visiones de España; De Roma a París. Modernidad y clasicismo; Lo nuevo y los profundo. Color, pincelada y atmósfera; y La vanguardia afianzada.

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