El Correo de Burgos

BURGOS / Exposición

Los caminos convergen en ‘La cámara’

El CAB ahonda en la mirada en este proyecto que ha implicado a 11 autores burgalesesque apuestan por su continuidad

De i. a d., Javier Álvarez Cobb, Iris Justo, Víctor Ludeña, Julián Vega, Regue Fernández y Estela Rojo, en el CAB.-Israel L. Murillo

De i. a d., Javier Álvarez Cobb, Iris Justo, Víctor Ludeña, Julián Vega, Regue Fernández y Estela Rojo, en el CAB.-Israel L. Murillo

Publicado por
A.S.R.
Burgos

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Javier Álvarez Cobb, con su guasa habitual, comenta que todos los inicios de los héroes son míticos y él suyo con la fotografía no iba a ser menos. Su tía Pilar fue la clave. Le hizo mirar a través del agujerito de un cajoncito y a mover una palanquita. A aquel niño inquieto de seis años no le pareció gran cosa. Llevó aquello al Fotoclub sin gran ilusión. Apenas llegaba al mostrador. Cuando al cabo de unos días volvió, recogió un sobre y vio lo que allí se guardaba... «¡Me pareció tan mágico!». Aun hoy se lo sigue pareciendo. Víctor Ludeña cayó rendido al canto de sirenas de una vieja ampliadora abandonada en un sótano. Se juraron amor eterno. De forma autodidacta aprendió a entenderla y ya han pasado más de treinta años. La estética del rugby llevó a Julián Vega a coger una cámara de fotos. Tenía 18 años, acababa de llegar a Burgos y sintió la llamada. Conocer a Sacris fue un empujón decisivo. Y cuando en el año 72 se compró su primera cámara buena, una Canon, sabía que la relación iba a ser duradera, aunque la irrupción del mundo digital provocara una pequeña crisis de dos años, ya más que olvidada. La fotografía digital marca el paso del idilio de Iris Justo Rodríguez con la fotografía. Esta estudiante de Comunicación Audiovisual de 20 años empezó a tontear con esta disciplina cuando la regalaron su primera cámara con 13 años. Supo que entre ellas habría algo especial.

La influencia del destino a la hora de abrir una vía en su vida dedicada a la fotografía, de manera aficionada o profesional, es el único apunte en común de Javier, Víctor, Julián e Iris. Hasta que el Centro de Arte Caja de Burgos (CAB) se cruzó en su camino. También en el de Alejandro Martín Seijas, Fernando Esteban Pérez, Rodrigo Álvarez Delgado, Fernando González López, Francisco Villar Mata, Francisco Javier Martínez Martínez y Félix Alonso García.

De la mano de sus educadores, Regue Fernández y Estela Rojo, lanzó el proyecto La cámara. Después de más de un mes y medio de sesiones, de disparos, de definición del trabajo, de idas y venidas, de puestas en común y de análisis se materializó en la exposición del mismo nombre, que se puede visitar hasta el domingo en este mismo espacio.

«La idea era plantear un trabajo sobre la forma de mirar. Ver cómo se materializa la mirada, algo único y personal de cada uno, dónde está el límite, hasta dónde se arriesga el autor», convienen Rojo y Fernández, quienes lanzaron la convocatoria a todo el mundo, aficionado o profesional, con una réflex o con un teléfono móvil.

Se trataba de ahondar en tres aspectos: Zoom, aquello que no se ve, lo inaccesible a la mirada, llevar a los límites la máquina biológica que es el ojo, meter la cabeza en un hormiguero o alcanzar una cumbre para ver qué guarda...; Through, lo que está pasando, el rastreo humano, histórico o arquitectónico; y Lugares olvidados, un tema recurrente en esta disciplina, que no necesita más explicación.

Uno de los fines principales, apuntan Fernández y Rojo, ha sido brindar la posibilidad de que unos aprendieran de los otros. Y lo han conseguido.

Por lo menos en el caso de Iris Justo. Para ella ha sido una oportunidad, la de ahondar en una materia que no toca en la Universidad de Burgos y para la que no ha encontrado otras ofertas en la ciudad durante el curso, y un reto, el de conseguir cada semana el número de fotografías que pedía y que fueran de calidad.

Esa obligación semanal, ese campo acotado, motivaba especialmente a Vega. «Ha sido una iniciativa muy bonita por parte del CAB de cara a artistas de Burgos, con independencia de que creo que no lo han sabido vender bien, no le han dado demasiada difusión a esta planta», anota con el asentimiento de Ludeña. A este, que la propuesta llegara de un centro de arte contemporáneo le decidió. Aunque confiesa que cualquier trabajo relacionado con la fotografía le seduce y más si le da la posibilidad de encontrarse con más colegas e intercambiar experiencias.

En la misma línea se mueve Javier Álvarez Cobb. «Me sorprendió mucho que alguien en el CAB hubiera pensado que alguien en Burgos podía hacer fotografía. Fue una sorpresa muy agradable», asegura el fotógrafo que dirige un taller permanente en Espacio Tangente, que se sumó al proyecto en cuanto llegó a su oído quiénes estaban detrás y porque se veía capaz de hacer algo con fundamento. La cosa no pareció tan fácil como había imaginado. No quería repetirse. Pidió ayuda al azar y la línea número 7 del autobús municipal le marcó el rumbo a seguir. A él y a su cámara.

Los cuatro coinciden en que el proyecto debe continuar. Apuestan por nuevas entregas de La cámara. Miran a los comisarios. No dicen ni sí ni no. Consultarán con las altas esferas. Mientras tanto el resultado de este aplaudido proyecto viste las paredes del nivel -2.

Imágenes abstractas y realistas, instantáneas atemporales y pegadas a la actualidad, vestigios de un pasado que se resiste a desaparecer, juegos visuales, relatos atrapados en un instante, invitaciones a la imaginación más o menos sutiles...

Cada fotografía tiene detrás su propia historia. Pero todas ellas forman parte de un mismo relato titulado La cámara.

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