BURGOS
¡Larga vida al folk!
El dúo leonés Tarna gana el Concurso Burgos. Raíz y Evolución, seguido del acordeonista gallego Andrés Penabad y el grupo burgalés The Taverners

Andrés Penabad con su acordeón y su banda salió al escenario del Espacio Atapuerca en primer lugar. Luego llegarían Tarna y The Taverners.-Israel L. Murillo
Pasadas las doce de la noche, el Concurso Burgos. Raíz y Evolución se resolvía. Tarna ocupaba la primera posición y, por lo tanto, formará parte del cartel del Castilla Folk del próximo año. Al dúo leonés le siguió el gallego Andrés Penabad, que estará en el Demandafolk, y The Taverners, que se auparán al programa del Pollogómez. Unas horas antes eran otras cosas las que sucedían... Mientras el jurado compartía mesa y mantel en un local climatizado, los artistas que anoche se la jugaron en la segunda edición del Concurso Burgos. Raíz y Evolución sudaban la gota gorda en las pruebas de sonido en el escenario del Espacio Atapuerca a la tímida sombra de los tilos. Los de casa, primero. Tras The Taverners pasaron los leoneses Tarna. Y mientras Andrés Penabad, el acordeonista gallego y tercero de la tarde, afinaba los instrumentos con su nueva banda, los otros dos daban buena muestra de camaradería con una cerveza en la mano. Faltaban horas para que las tablas se convirtieran en un cuadrilátero y unos y otros se miraran de reojo pero sin rencor. El fair play también es cosa del folk.
«Eso es, eso es», asentía divertido Rodrigo Martínez, uno de los integrantes de Tarna, que llegaba a Burgos a por todas y dispuestos a compartir con el público burgalés la música tradicional leonesa más desconocida, la que ellos recogen de pueblo en pueblo o descubren en los cancioneros de otros inquietos folcloristas previos a ellos, y devuelven luego al público en clave contemporánea.
«Es una música muy rica porque es de una tierra que está en un cruce de caminos, la Ruta de la Plata y el Camino de Santiago, y se nota en su variedad de modos y géneros. Nosotros, una vez que sabemos bien de qué música hablamos, la trabajamos y la traemos a un lenguaje de hoy con influencias del jazz, de la música clásica, del pop...», añade el músico que puso en marcha el proyecto hace ocho años junto a Diego Gutiérrez.
Nada que ver, más que la etiqueta folk que ambos comparten, con el sonido de The Taverners. El grupo burgalés apenas lleva medio año de andadura, pero sus integrantes son avezados músicos -Ali, Rubén Velasco, Javi López y Óscar Calvo-, con una larga trayectoria, que suple cualquier carrera contra el reloj.
Desde que dieron su primer concierto, el 17 de marzo, día de San Patricio, en La Casa de las Musas, no han parado y esperan no hacerlo. Ya vislumbran la grabación de su primer disco. Será cuando vuelva el frío y las nieves a la ciudad. ¿Fecha? «El invierno es largo y más en Burgos», apunta el violinista, Óscar Calvo.
Sea cuando fuere, sí aparece como un buen empujón conseguir la corona de laureles del concurso, que los ha sorprendido por haberlos seleccionado entre 37 aspirantes, y al que aplauden por la oportunidad que brinda a los participantes de tocar el próximo año en el Castilla Folk (primer premio), Demandafolk (segundo) o Pollogómez (tercero).
Su repertorio se asienta sobre la música tradicional irlandesa. Tocar estos sonidos motivó el nacimiento del cuarteto y estos ritmos iban a desplegar anoche. Cantan en inglés, pero ya preparan algo en castellano para ese primer álbum.
«De los irlandeses se dice que sus guerras son alegres y sus canciones, tristes y si las escuchas es verdad que es así y nosotros también queremos recoger ese espíritu», explica Calvo y agrega que los nueve temas propios que ya tienen cocinados se embarcan en letras para la melancolía como la emigración, tan típica en aquella tierra y ahora aquí, pero también en la fiesta y la alegría de vivir que se respira en las tabernas irlandesas.
El acordeonista solista
Más cerca se quedan los sonidos que propone Andrés Penabad. Tras años tocando para otros sintió la necesidad de apostar por su propio proyecto. Rompió la hucha y hace poco más de un año sacó su primer disco, Crossing, para el que ha contado con las colaboraciones de Kepa Junkera o Bieito Romero (Luar Na Lubre). Vals da Fraga, Camiño da Cova, Kaio Kai, Jota da Praza da Pedra... Correrían a orillas del Arlanzón en el que él considera su primer concierto de la gira de verano.
No son llorones los artistas del mundo del folk. Saben que no van a llegar a masas como otros sonidos más comerciales y no les importaría aumentar su radio de acción, pero se conforman con el tirón que tienen, sobre todo en el norte de España, y con su público, quizás minoritario, pero muy fiel. Lo ven así Rodrigo Martínez y Óscar Calvo.
Andrés Penabad pone el acento en la crisis, que haberla hayla, y en los recortes que sufre la cultura en general y la música en particular. «En los tiempos que corren hay que echarle un par de bemoles para hacer cualquier cosa», espeta. Él los echó. Después de quince años tocando con otras formaciones necesitó expresarse solo y se lanzó. «Consideré que era mi momento. O saltaba ya o no lo hacía nunca. Con cincuenta años no me veía», declara este gallego que, además, se atrevió con el más difícil todavía y apostó por el acordeón. «Es un instrumento que ha estado infravalorado, aunque ahora cualquier tipo de música está recurriendo a él», valora y observa que él ha sido el primer acordeonista solista en Galicia. ¿Andrés sin miedo? «O con mucho miedo», se ríe.
A por todas salió al Espacio Atapuerca aún de día. Luego lo harían Tarna y The Taverners. La suerte queda echada aquí. Más allá de la medianoche -la imprenta no espera- se sabría el nombre del ganador.