ARTE URBANO / LOS EDIFICIOS HABLAN
Trazos de esperanza
El colectivo Sio2 ‘toma’ la pared de las aulas María Zambrano con un mural que apuesta por el futuro / Es su tercera obra permanente

Diego Alonso, Néstor Alonso, Saray Pérez, Rodrigo García y Rachel Merino, integrantes del colectivo artístico Sio2, junto a su nuevo mural.-RAÚL G. OCHOA
Una niña te mira. Sus ojos enormes, abiertos, vivos, te interpelan. Está en cuclillas. Algo ha llamado su atención y quiere que tú también lo contemples. Es un brote, un germen de lo que podría ser una delicada flor, un coqueto arbusto o un árbol imponente. Quién sabe si ese retoño sobrevivirá. Pero ella te mira a ti, espectador, rodeada, de fondo, por un bosque viejo, prácticamente muerto, ocupado por escuálidos troncos secos.La pequeña en cuestión mide varios metros y luce estática, lanzando su inquietante mirada desde la pared del edificio municipal que alberga las aulas María Zambrano, espacio municipal de ocio para personas mayores. Allí la han parido los artistas del colectivo local Sio2 en menos de una semana.La iniciativa parte de la Concejalía de Juventud, al igual que ocurrió con los otros dos murales permanentes que la agrupación elaboró junto al centro de educación de adultos Victoriano Crémer y en el parque infantil del Hangar. A sus responsables «les gusta la idea de llenar la ciudad de imágenes y han confiado en nosotros para hacerlo», detalla Rachel Merino. Una subvención europea para promover iniciativas vinculadas al año del progreso europeo hacía el resto.Fijado el tema, tan ambiguo y poco plástico en esta ocasión, los creadores presentaron varios bocetos. La llamada a la esperanza de Néstor Alonso fue la elegida. «Hoy en día la idea de progreso europeo resulta un poco conflictiva y opté por ir al origen», señala el autor en referencia a la cita de Aristóteles que corona el mural. «Grecia es el germen de la civilización europea», aclara y reconoce el guiño a la actualidad política del país. Hilvanó este concepto con una reflexión sobre la esperanza y así apareció la niña, inspirado también por la propia filósofa y ensayista que da nombre al inmueble.El salto del papel a la pared ha requerido tirar de grúa dadas las dimensiones del lienzo. Colores y trazos coinciden en la sencillez. «Queríamos que la pintura quedara integrada en el entorno, que formara parte del barrio sin molestar», explica Merino.Evitar el ‘susto’ a los vecinos no es tarea fácil. Siempre pasa. Desde el mismo momento en el que descargan los bártulos notan el pavor que provocan. Hasta hay quien se atreve a preguntarles si tienen permiso para hacer lo que pretenden. «Cuando el trabajo avanza la gente se tranquiliza y al final algunos incluso nos felicitan», comentan divertidos.«El arte en la calle aún genera controversia. Si ofreces algo figurativo, que se pueda interpretar fácilmente, hay menos problemas, pero en general la población sigue asociando pintar paredes con vandalismo», reflexiona Merino, que considera que estas expresiones, de potenciarse, «podrían aportar mucho a la ciudad, pero claro, hay que hacerlas sitio».El bulevar, GamonalY que no quede por proponer. Las opciones para dar rienda suelta a los pinceles les brotan al momento: «El bulevar está muy vacío», afirma Rodrigo García. Néstor Alonso sugiere Gamonal, en concreto «esos bloques enormes que están junto al pueblo antiguo». Merino aplaude la idea sin dudarlo: «Sería un proyecto bonito porque es un entorno muy singular».Pero más allá de esperar a que las administraciones reclamen su arte y faciliten los muros para crear, los jóvenes del colectivo Sio2 abogan por erradicar los obstáculos. A su juicio, la principal barrera con la que se topa el arte callejero es la persecución de quienes lo practican. «Si se dejara de castigar acabarían por surgir iniciativas muy interesantes», considera Diego Alonso para subrayar la gran cantidad de fachadas y medianeras «vacías y sucias» que pueblan la ciudad y que son toda una provocación para ellos que, como la niña a la que han dado a luz junto al parque Virgen del Manzano, no pierden la esperanza.Mientras, culminado este proyecto, preparan ya sus próximas citas. La inminente, en el paseo del Espolón, escenario emblemático que de nuevo convertirán en una sala de exposiciones a la intemperie de la mano del Festival Tribu, que se celebra del 21 al 27 de septiembre. Cada árbol servirá de soporte a los artistas que se sumen a esta intervención.