El Correo de Burgos

Dos artistas y el juego de las percepciones

El Centro de Arte Caja de Burgos (CAB) abre una nueva temporada expositiva con la obra de la brasileña Lucía Koch y la bilbaína Abigail Lazkoz

La bilbaína Abigail Lazkoz desafía a las dicotomías de la vida en su propuesta.-Santi Otero

La bilbaína Abigail Lazkoz desafía a las dicotomías de la vida en su propuesta.-Santi Otero

Publicado por
A.S.R.
Burgos

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Abigail Lazkoz, que presenta la instalación 'Plasticidad maladaptativa', y Lucía Koch, con tres piezas englobadas en 'La temperatura del aire', son las primeras protagonistas de la última temporada expositiva del año en el Centro de Arte Caja de Burgos (CAB). ABIGAIL LAZKOZ: El fin de la tiranía del dos

«Rebelión ante las dicotomías continuas con las que nos encontramos en nuestra vida». El director del Centro de Arte Caja de Burgos (CAB), Emilio Navarro, lanza esta frase como titular de la muestra Plasticidad maladaptativa, de la artista bilbaína Abigail Lazkoz. «No todo hay que dividirlo en dos: no solo existen dos caminos, no solo hay cerebro y cuerpo, no solo hay pintura y dibujo...», prosigue el anfitrión.

Lazkoz termina con la tiranía del dos y apuesta todo al tres. Abre juego la artista y reta al espectador. Tres salas. Un círculo, un rombo y un rectángulo en cada una de ellas. Algo de madera, algo de cerámica y algo de metal. Un autorretrato, un objeto de Nueva York -ciudad en la que vive- y otro de Covarrubias -el pueblo de su pareja, el también artista Fernando Renes-. «Y en todos también hay algo que no es de mi autoría», apostilla Lazkoz con su hija Sabina en brazos.

Como una niña se lo ha pasado con el alumbramiento de esta instalación. «Es una exposición antidicotómica. Todo se puede relativizar, incluso uno mismo, incluso el artista, que siempre tenemos un espíritu de contradicción. No sé si queremos una cosa, la contraria, todo...», confiesa sobre Plasticidad maladaptativa, que plantea como «una propuesta lúdica, de comunicación con el otro y una apuesta por la construcción».

Abigail Lazkoz es una de esas artistas que prefieren que sea su obra quien se exprese: «Es una reivindicación de lo plástico y es importante no hablar mucho de ella, sino experimentarla con lo que uno sabe del dibujo, de lo figurativo o lo geométrico y, sobre todo, relativizarla».

Y así dibujos enmarcados, dignos de vestir paredes de grandes pinacotecas bajan a la cocina, y se cuelga un plato pringado de acrílico, y un marco se queda sin obra de arte, y un ramo de flores sin olor...

Un buen puñado coge la artista, con quince años de trayectoria en las salas, con presencia en el MoMA de Nueva York, el Honestino Guimaraes de Brasilia, el Guggenheim de Bilbao, el Musac de León, La Panera de Lleida o La Casa Encendida de Madrid, para aplaudir la labor del CAB: «Es un proyecto ejemplar, sin grandes estridencias, un ejemplo de soporte de la creación contemporánea, que está viviendo una situación extraña, parece que es ubicua y también estar siempre en peligro de extinción».LUCÍA KOCH: Cortinas para un drama en vivo

La calma de las cálidas aguas de una playa paradisíaca, la emoción encogida de un atardecer de verano, la incertidumbre de un tendedero lleno de sábanas, el cosquilleo de un campo de cereal... La temperatura del aire es la instalación que la brasileña Lucía Koch (Porto Alegre, 1966) ha creado para el CAB.

Son unas cortinas gigantes de seda y viscosa que juegan con la paleta cromática degradada, crean distintos compartimentos en el espacio e implican unas emociones u otras.

El color es una constante en su trayectoria y con él llega a Burgos. «Las transiciones de color son casi imágenes, logran evocar un pedazo del cielo o una puesta de sol, aunque no llegan a serlo», dice la artista que ha trabajado en Brasil, España, Estados Unidos, Perú, Nueva Zelanda... y que, añade, por primera vez se ha acercado al espacio a intervenir en clave teatral y no con su habitual mirada cinematográfica. Ahora espera que los personajes salgan a escena y creen su propio drama.

Dos vídeos completan esta exposición. El recuerdo interpreta un papel principal en Cachoeira, una pieza realizada en 2011 que tiene su origen en el álbum personal de la artista. «Quería salir de mi registro personal y encontrar algo más allá de la memoria», apunta Koch, que en esa búsqueda se topó con Cachoeira do Sul, la ciudad en la que nació su padre.

Ella la visitó de niña. Nunca más volvió, pero en su memoria, cuenta, siempre quedó la imagen de esa fuente ostentosa, funcionando como si no hubiera pasado el tiempo, en medio de una arquitectura decadente, de una ciudad en ruinas. Esa fuente centra este vídeo. Tres imágenes, tres puntos de vista con el objetivo de crear un espacio. Misión a la que ayuda la canción Chuá, chuá, de Cascatinha e Inhana.

Este mismo fin, el de crear un espacio, persigue Night fever, la tercera pieza realizada en 2010. Relata Koch que es resultado de su afición por fotografiar cajas vacías desde los años ochenta «para intentar comprender qué convierte un espacio en un lugar, cuándo un contenedor se transforma en un sitio vivo». Esta investigación siempre acaba en una fotografía a escala arquitectónica, salvo esta vez, que torna en vídeo. «Me interesaba crear una atmósfera de anticipación, de los instantes previos al momento en que algo ocurre», explica y desvela que ese ambiente es el deseado para toda la propuesta del CAB.

«Todo lo que ocurra aquí dependerá de cómo se muevan las personas en el espacio», insiste y parece dispuesta a vestir una gabardina y espiar los movimientos del público.

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