El Correo de Burgos

Lucha por la vida en el fondo del estanque

Encarna Aguilardz llega al Espacio de Arte Ural Motor con ‘Sereno viaje a Osakai’, su colección más figurativa y más dramática

El uso del formato circular ayuda a adentrarse en la atmósfera oriental perseguida en toda la propuesta expositiva.-Raúl Ochoa

El uso del formato circular ayuda a adentrarse en la atmósfera oriental perseguida en toda la propuesta expositiva.-Raúl Ochoa

Publicado por
A.S.R.
Burgos

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Gracias a la vida que me ha dado tanto, me ha dado la risa y me ha dado el llanto, así yo distingo dicha de quebranto... No suena Mercedes Sosa en el hilo musical. Podría hacerlo. Porque a la vida, a esa que la ha dado tanto, la risa y el llanto, la dicha y el quebranto, canta Encarna Aguilardz en Sereno viaje a Osakai, la exposición que viste el Espacio de Arte Ural Motor hasta el 31 de octubre y con la que la artista burgalesa regresa a las salas después de cinco años.

La vida es la gran protagonista de esta muestra. La misma que te obliga a pelear, la que te clava un puñal en la espalda a traición, la que te duele, la que te muerde sin opción a réplica, la que te deja vagar sin rumbo, la que te regala momentos deliciosos, la que te arrebata alegrías y te da penas...

Esa lucha por sobrevivir se materializa en la pintura de Aguilardz a través de una serie que se recrea en las peripecias de un grupo de peces en un estanque. Unas veces son víctimas. Otras, villanos. «Son los contrastes de la misma vida», dice la autora mientras sufre con la libélula que se agita en el agua, con la mariposa que perderá su belleza y con esas carpas a las que pescará el anzuelo a pesar de su pelea. «A veces pasa en la vida», anota.

Desconoce la pintora cómo surgieron esos peces en su caballete. Llegaron un día. Sin más. «Aparecieron dando vueltas por ese estanque al que se le está yendo el agua por el sumidero y son una metáfora de lo que sientes en un determinado momento», comenta la artista, quien pretendió darle una vis cómica, pero pronto vio que de eso no tenía nada. Era drama puro.

Reconoce que se ha alejado de aquella pintora más alegre y decorativa para acercarse a una más dramática y figurativa. «Y me gusta, estoy muy cómoda, no sé por dónde seguiré, pero esta colección está hecha muy a gusto conmigo misma, muy libre de ataduras», confiesa.

Los intérpretes de este drama son aparentemente los peces koi, carpas japonesas, cuyas formas y colores se ha inventado sin acudir a libros ni a internet. Pero en el fondo cualquiera podría ocupar su lugar.

Esta serie, la que actualmente ocupa el caballete de Aguilardz, se completa con otra radicalmente distinta, que sigue la pista de la abstracción y se regodea en la búsqueda del blanco.

Representa a una ciudad imaginaria en la que cae la niebla a la caída de la tarde. En ese momento en el que cada uno se retira a su casa, se acomoda en el sofá y lee un libro bajo la manta, da un beso a su pareja, juega con sus niños... Otra vez la vida. Y a esa también canta Encarna Aguilardz.

Sereno viaje a Osakai tiene un inevitable aire oriental, a pesar del drama que cuenta, destila espíritu zen, resultado de la querencia de la autora por todo lo que tiene que ver con aquella cultura. No sabe cuándo empezó ni por qué. Desde pequeña la ha atraído aquel universo y no se ha cansado de él.

«Me apasiona, me encantan los contrastes que tienen en las ciudades, como te encuentras pequeños monumentos naturales en medio de rascacielos...», observa la creadora frente a los óleos, antes de reanudar ese sereno viaje a esa ciudad soñada del lejano oriente, en el que Encarna Aguilardz es tan distinta a la de siempre y a la vez tan la misma.

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