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El anarquismo se queda sin secretos
Fernando Ortega, Ignacio Soriano y Francisco Barriocanal recopilan la historia de este movimiento en Burgos trufada de numerosas anécdotas

Portada del libro que se presenta hoy en la Sala Polisón-ECB
El anarquismo se ha quedado sin secretos en Burgos. Ignacio C. Soriano Jiménez, Francisco J. Barriocanal Nuño y Fernando Ortega Barriuso han rastreado su historia, sus personajes y sus circunstancias desde el año 1871 hasta 1975 y lo han puesto negro sobre blanco en el libro El anarquismo en Burgos, editado por la Fundación Anselmo Lorenzo (FAL), entidad cultural perteneciente al sindicato CNT. El volumen, en el que sus autores llevan trabajando casi dos años, se presenta hoy en la Sala Polisón del Teatro Principal (20 horas), con la presencia de los escritores, a los que acompañarán el presidente de la FAL, José Ramón Palacios, y Javier Antón, vocal de memoria histórica.
En palabras de sus creadores, El anarquismo en Burgos está lleno de sorpresas, informa la CNTen una nota de prensa. ¿Cuáles son? La primera, destacan, su presencia temprana en la capital burgalesa, «donde ya se muestra tímidamente en el año 1871 la Federación Regional Española, sección de la Alianza Internacional de Trabajadores, de inspiración bakuninista».
Otra de esas sorpresas es «la línea ideológica ‘anárquico- colectivista’ que inspiró a las primeras sociedades obreras de resistencia que se crean en la ciudad (1882), antes incluso que la aparición en la escena del mundo del trabajo del Círculo de Obreros de Burgos (católica) o la Unión General de Trabajadores (socialista)».
Será en el periodo de la Segunda República, añade ese escrito, cuando mayor amplitud adquiere el movimiento anarquista en la provincia, con presencia de sindicatos de CNT en diversas localidades, así como de agrupaciones de la Federación Anarquista Ibérica (FAI), Federación Ibérica de Juventudes Libertarias (FIJL). Llegaron igualmente las ondas de la asociación Mujeres Libres.
«Con la sublevación militar de julio de 1936, se desata la represión que termina con la desaparición de la vida pública de las organizaciones anarquistas y anarcosindicalistas», prosigue la presentación de ese volumen, que, y ahí va otra de las sorpresas, ha rastreado la existencia, a mediados de la década de los cuarenta, de una red provincial de oposición al franquismo, denominada Resistencia Confederal.
La ardua investigación llevada a cabo ha dejado casi sin misterios a un movimiento que, precisamente, siempre ha seducido por su aversión por el poder, la neblina que lo envuelve y sus etapas de obligada clandestinidad.
El volumen incluye un CD con parte de los diferentes materiales de los que se han valido los autores en su investigación y con el Diccionario del anarquismo histórico burgalés 1871-1975, que recoge las reseñas biográficas de centenares de anarquistas burgaleses.
En esta nómina de nombres propios aparecerán los de los militantes Pasca, un teatrero comprometido, y Vicente García y Paulino Díez, figuras de los albores del anarquismo, hacia finales del XIX. Más adelante surge la figura del ferroviario y destacado miembro de la CNT Nicolás Neira y el del periodista José García Pradas, que ejercerá una importante actividad durante la República y la Guerra Civil, entre otros muchos.
Las filas del anarquismo no se nutrieron solo de hombres. Las mujeres tuvieron su papel y El anarquismo en Burgos enciende las luces sobre ellas.
Destacan en esa lista los nombres de Carmen Pérez Balbás, que ocupa un lugar de honor al ser la única mujer en la junta administrativa del Ateneo Popular, y el de Sebastiana Alonso, que luchó contra el franquismo, a la que, para su sorpresa, llamaban, la Pasionaria.
A estos hombres y a estas mujeres reconocen su aportación histórica las páginas de este libro que arroja luz sobre un movimiento que siempre ha tenido un tanto de seductor, de romántico y de misterioso.