El maestro como inspiración
La asociación Entredessiguales homenajea a Ignacio del Río con una muestra colectiva en el Consulado del Mar hasta el 1 de noviembre
Iban a exponer sí o sí. El Consulado del Mar era el espacio elegido, y reservado. Allí volcarían su arte, ese que les funde en un colectivo creado precisamente para promocionarlo y estimularlo. La actualidad, triste en este caso, hacía el resto. La muerte de Ignacio del Río provocó en una parte de Entredessiguales, grupo integrado por más de 60 burgaleses, la necesidad de convertir la cita prevista desde hace meses en un último homenaje, una despedida digna del que fuera maestro para alguno de ellos y figura admirada para muchos. Así, decidido el tema, ponían a trabajar sus miradas propias y particulares con ese objetivo común.El resultado ya luce en las paredes de la sala de exposiciones ubicada en el paseo del Espolón y allí permanecerá hasta el 1 de noviembre.Las primeras obras que ocupaban su hueco eran las de Susana Azcona, Carlos Anuncibay y César Santillán. Cada uno con su estilo, cada uno con su recuerdo del pintor ahora pintado. Azcona optaba por enfrentarse al reto con el garabato, una técnica ideada por ella que «se asemeja al puntillismo» y bebe de «la ilustración».Y así, a partir de una instantánea del artista la autora ‘garabatea’ su perfil en blanco sobre negro. Aunque reconoce que no era especial devota de la creación de Ignacio del Río, Azcona sí subraya lo especial del vínculo que lo unía a Entredessiguales. «Siempre apoyó al colectivo y no faltaba a las exposiciones que organizábamos», indica.Más contacto tuvo con él Carlos Anuncibay, que suma cuatro retratos a la muestra. «Con Ignacio tenía relación desde hace muchos años. Tuvo una vez la deferencia de regalarme un retrato y por eso lo he elegido para este homenaje. Además creo que era lo que mejor hacía, no tanto en la forma como en lo que transmitía con ellos, sabía captar el espíritu de la persona a la que pintaba», explica mientras ultima la pancarta que presidirá la exposición e insiste en la calidad humana de Del Río: «Daba y no pedía nada a cambio».Anuncibay tiene de hecho muy presentes los consejos que le regalaba: «Me decía que nunca hiciera caso de las críticas, que pintase con el corazón y que no pidiera opiniones. Así era él», comenta.Los gallos estaban muy presentes en la temática del fallecido artista burgalés. Nunca faltaban en la exposición anual con la que tomaba cada año el Arco de Santa María, cargado con su desparpajo. El joven César Santillán -el menor de todo el colectivo- se encarga de rescatarlos en este tributo. Para ello se ha despojado de su estilo habitual, labrado en la carrera de Bellas Artes, y ha tomado prestado el trazo del propio Ignacio del Río. «Fue lo primero que conocí de su obra, era un referente. Normalmente soy más figurativo pero en este caso he querido acercarme a su forma de trabajar, he usado pastel y mucha línea para crear movimiento, como lo hacía él. Ha sido una experiencia interesante», explica. No tuvo un trato íntimo pero lo conoció y, preguntado por lo que aportó al arte, lo define como el último expresionista.Las rubricadas por Azcona, Anuncibay y Santillán son solo tres ejemplos de las decenas de miradas que desde ayer apuntan a Ignacio del Río y le recuerdan por lo que fue, lo que hizo y lo que de él permanecerá en la historia artística local.