Disparates de un pintor
Fran Herreros desata todas sus emociones en ‘Nonsense’, una colección en la que por primera vez se atreve con la escultura y con los audiovisuales y gira hacia una pintura cada vez más poética e irónica. En la Sala Círculo Central hasta el 28 de noviembre

‘Nonsense’ engloba al Fran Herreros más reconocible, con grandes lienzos abstractos y coloristas, con uno nuevo, más descarado y guasón.-Raúl Ochoa
Puritita emoción ha sido siempre la pintura de Fran Herreros. Su corazón palpita en sus pinceles, pero en Nonsense, la exposición que ocupa la Sala Círculo Central de Cajacírculo hasta el 28 de noviembre, se ha desatado y alcanzado hasta el último resquicio como si no hubiera mañana. El pintor confiesa que se ha divertido en el estudio. Y se nota. Asegura que no se ha reprimido en ninguno de sus sentimientos, que todos están ahí, que le estaban oprimiendo y le urgía liberarlos. Y se nota. Sostiene, siempre inconformista, que se ha aventurado por distintos caminos en un afán por avanzar, por investigar, por experimentar. Y eso también se nota.
«Es una exposición que trata del trabajo del pintor cuando está en el estudio y siente emociones muy difíciles de plasmar en el lienzo, emociones que se dan en el estudio y en la propia vida. Son esos sinsentidos que se dan en la sociedad en la que vivimos, en la que muchas veces no tiene sentido nada de lo que sucede a nuestro alrededor», dice el artista, al que sigue sin gustarle hablar de su obra, y menos con un micrófono delante.
Nonsense es el Fran Herreros de siempre. Su huella es descarada en las pinturas abstractas, coloristas, de garabatos de apariencia desordenada, aunque el color rosa haya perdido peso en favor de blancos, grises o negros y la necesidad de liberar las emociones sea tan desbordante que la pintura se escape literal del lienzo. También gira esta pintura hacia una presencia más constante de la palabra, que la hace más poética y más mágica.
Posiblementenoentiendasloquetecuentosoloesmagia.
Dependetansolodeltiempo.
A ese pintor más reconocible se suma el saltimbanqui que dibuja una pirueta más en su trayectoria y sorprende al espectador. Ese que se atreve por primera vez con la escultura, 33 «pinturas en tres dimensiones» que juegan con la madera, con el color, con el dibujo...-, y también con los audiovisuales, con un corto grabado en una de las calles principales de Bruselas, que recoge ese disparate en que se ha convertido la vida, ese individualismo que hace que cada uno vaya a lo suyo sin reparar en lo que hace el de al lado.
Da una voltereta más en ese juego del gato y el ratón entre la abstracción y la figuración ya iniciada en su anterior muestra en el Arco de Santa María con la inclusión de pequeños dibujos realistas, esta vez realizados a boli, con mensajes unas veces directos, otras cifrados, con un punto de surrealismo y otro de humor, y con una carga fetichista volcada en los personajes de Disney como un Mickey Mouse muy crítico con quienes se llaman pintores -Una cosa es pintar y otra ser pintor... ¿tú pintas?- y en las grandes divas de Hollywood como Marilyn Monroe o Audrey Hepburn.
Y en auténtico relato de la vida del artista se convierte una serie de pequeños dibujos. Y entonces llegó, me susurró al oído... y me pintó. Ese es el hilo que da pie a una apasionante historia de traiciones, de ladrones, de misterios sin resolver, de pintores y zorras, de excusitas, de besos salvadores, de amor incondicional, de música milagrosa, de árboles de vida...