El Correo de Burgos

Retales de una vida entre viñedos y bosques

Concha Díez Valcabado expone más de una veintena de obras con la Ribera del Duero como telón de fondo / Se puede visitar en la sala de exposiciones del Teatro Principal hasta el 15 de noviembre

Concha Díez Valcabado muestra parte de su ingente obra donde la naturaleza es protagonista.-ISRAEL L. MURILLO

Concha Díez Valcabado muestra parte de su ingente obra donde la naturaleza es protagonista.-ISRAEL L. MURILLO

Publicado por
V. MARTÍN
Burgos

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Oro de los campos de cebada, verde de los bosques, grises de la piedra y azules de los ríos y así una infinita gama de colores que hacen de las obras de Concha Díez Valcabado una oda a las tierras recogidas al amparo de la Ribera del Duero. Una muestra pictórica- ubicada en el Teatro Principal- que pasea entre la narrativa y el contar cosas y una etapa más intimista.

Precisamente en esta zona más intimista, la autora vuelca su memoria en bosques y flores elaborados en un abanico de verdes difícil de imaginar para el resto de mortales. Bosques que ella misma compara con algo tan vital como es el amor. «Un bosque es como una historia de amor, entras y piensas que no se va a acabar nunca pero cada bosque tiene su propia entonación y un punto de salida, no porque nos queramos marchar sino para no ahogarnos», explica la pintora, «cada bosque es un retrato de familia, está la hierba fina, los arbustos, cada uno con la gracia de su independencia, y los árboles, todos con colores y texturas distintas, unidas por una armonía interior».

Bosques que forman parte de su memoria vital, «siempre tengo que explicar que no paseo por bosques, soy viticultora y la alternancia de las estaciones forma parte de mi vida, los vegetales me salen sin sentir, la calidad de los más áspero a lo más tierno o leñoso no sólo acompaña a mi vista sino a todos los sentidos».

En el sector narrativo de la muestra, la pintora refleja en sus obras la plenitud del verano. Predomina el oro, los ocres y las piedra y hace un intenso recorrido por los paisajes de la comarca con óleos de Aza, San Martín de Rubiales, Caleruega o Valdezate. «Estos paisajes reflejan el momento de haber recogido la cosecha, cuando en tu pueblo te encuentras con tu gente y te acuerdas de tu infancia», explica Díez.

Es, por tanto, un reflejo de la memoria emocional; una memoria que se hace mayor en verano porque «los días son más largos y aunque hay efectos muy hermosos en la naturaleza como la primavera o las primeras nieves, son momentos muy fugaces, apenas nos da tiempo a vivir dentro de ese espacio temporal pero, en verano, con la vegetación en su máximo esplendor y la mies madura se refleja en mí un concepto de vitalidad muy especial».

En una exposición con la Ribera del Duero como telón de fondo bodegas y cepas encuentran su espacio particular. «Bodegas y lagares conforman los símbolos femenino y masculino respectivamente, se complementan, son el uno con el otro», comenta la autora, «el lagar es para mí el equipo, el tener que hacer algo deprisa y de forma coordinada, mientras que las bodegas conforman el ente femenino, el interior de la tierra, la quietud y el reposo, se complementan».

La individualidad queda reflejada en las cepas, especialmente con ausencia de vegetación. «Te das cuenta de su magnífica arquitectura, colocamos cuatro palos y en unos años cada una va por donde le parece».

Una vida entera

Concha Díez lleva pintando una vida entera, cuarenta años entre pinceles y óleos que se iniciaron cuando era un estudiante de Artes Aplicadas en Valladolid y comenzaron a llegar los primeros premios. «Ahí empecé a pensar que podía valer para esto», comenta, «es una gozada y una suerte poder dedicarte a tu pasión, pero también es una responsabilidad, es fundamental no perder la calidad que conmueve al público, lograr emocionar». Para conseguirlo, Díez ofrece tres claves; «oficio, cultura y cuidar las relaciones con los demás».

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