El espectáculo debe continuar
Hijos, amigos y colegas de Ignacio del Río arropan la puesta de largo de su biografía

Los hijos de Ignacio Adriano (i.), Ignacio (2º i.) y Susana, con el autor (d.) y el diputado de Cultura.-Raúl Ochoa
Aunque el nombre de Ignacio del Río casa mal con la palabra solemnidad, con mucha se inició anoche la presentación de su primera biografía, Ignacio del Río. La libertad, en el Teatro Principal. La filigrana isabelina y los cortinones de terciopelo ayudaron a redondear la estampa. Al escenario, pertrechados detrás de una adusta mesa, salieron Adriano, Ignacio y Susana, tres de los hijos del pintor fallecido el pasado verano, para acompañar al autor, Pablo del Barco, y al diputado de Cultura, Luis Jorge del Barco, que interpretaron su papel ante un público entregado. No podía ser de otra manera.
Familiares -sus hijos llegaron de distintas partes del mundo para la cita al igual que algunas de las mujeres de su vida, personajes clave en el libro-, amigos y colegas ocuparon el patio de butacas. Asistieron los artistas María José Castaño, Fernando Arahuetes, Verónica Alcácer, Antonio Doñate, Solaguren, Igor Torres, José Luis Ramos, Raquel Condado, Sacris, Gerardo Ibáñez, Igor Torres o Revilla XII, cuyo retrato ocupa una de las páginas, al igual que el de Ángela Chico, que también acudió a la cita, el escritor Eliseo González, que incluye uno de sus textos en el volumen, o el concejal de Cultura, Fernando Gómez. Más elegante que nunca apareció Marlen, infatigable compañero de aventuras del pintor. Con el acto ya empezado entraría Cristino, otro de sus fieles en las salas y en las barras de los bares. A buen seguro que la fiesta terminó en una de ellas, con un Pesquera en la copa y la guasona sonrisa de Ignacio del Río como la reina de la noche. El espectáculo debe continuar.