Salón del Libro Infantil y Juvenil
«Disney ha despojado a los cuentos de su grandeza»
La escritora y contadora Ana Cristina Herreros rechaza las versiones edulcoradas de los textos populares y reivindica su importancia en la educación del niño para enfrentarse a la vida real

Ana Griott, nombre de guerra de Ana Cristina Herreros, se ganó al público ‘menudo’ y grande de la Sala Capitular.-Raúl Ochoa
Escuchar cuentos no es cualquier cosa. Lo dice misteriosa Ana Griott. Y sin zarandajas insta a limpiarse las orejas llenas de los chillidos que dan las madres por las mañanas, a tener la boca cerrada, a hacer calentamientos con el dedo índice, fundamental para accionar el botón de la imaginación... Solo con el preámbulo, la contadora ya se mete en el bolsillo al público, al pequeño y al grande. Sin artificios, sin lentejuelas ni pantallas luminosas. «Yo no me disfrazo de ratita ni de nada, me parece indigno, yo doy al público la mejor versión de mí misma», anota después de una hora hablando del zamparrón de las islas de León, del baborco de Cerdeña, el ojáncano de Cantabria, el basajaun del Valle de Baztán... en el Salón del Libro Infantil y Juvenil.
La narradora y escritora Ana Cristina Herreros desplegó un repertorio de cuentos sin paños calientes. Alerta del riesgo de confundir justicia con crueldad en ellos y advierte que ese error no lo cometen precisamente los niños. «Si no pedimos la justicia en los cuentos ya me dirás cómo lo vamos a hacer en la vida real. Esa justicia es la que persiguen, además de luchar contra la desmemoria. Qué es eso de que la memoria no sirve, pero si es nuestro seguro para no repetir, para no olvidar», defiende y destaca la importancia de los cuentos de miedo para paradójicamente luchar contra él.
«Conjuran el miedo al miedo, que es el más horrible de todos y el que llena las clínicas de los psicoanalistas. Cuando el niño los escucha sabe que quien vence al monstruo es alguien accesible como una hormiguita, pequeña y además una chica, que gana al zamparrón, o un niño inteligente como Pietrino, que supera al baborco. Y así aprenden que tenemos el poder y la capacidad de vencer a los monstruos y convivir con ellos», relata y observa que en ningún caso se los mata ya que «son esa parte de nosotros que nos asusta mirar».
No confundir a estos monstruos con los asustaniños. A estos los manda al destierro. «Son monstruos utilitarios que construyen los padres para conseguir que sus hijos hagan algo como el ‘duérmete niño que viene el coco y se come a los niños que duermen poco’. A esos hay que echarlos de la imaginación popular», resalta sabedora de que la misión es ardua en una sociedad con una industria fílmica omnipresente.
«Disney ha despojado de toda su grandeza a los cuentos, ha quitado el simbolismo a sus personajes y convertido en mercachifles. Son espantosas todas sus versiones de cuentos populares, además de muy machistas», se queja y pone como ejemplo un clásico como es Caperucita: «Cuando la descafeinamos y provocamos la tontería de que se haga amiga del lobo acabamos con el símbolo, con el cuento que nos dice que aunque seas una niña desobediente si te come un lobo alguien te va a echar una mano, que no estás indefenso frente al abuso».
¿Cómo se lucha contra ese gigante del mercado? «Hay que educar a los niños en la escucha, en la relación con los abuelos para luchar contra la desmemoria... La cadena intergeneracional es fundamental y con ese vínculo afectivo, Disney no tiene nada que hacer. Hay que volver a la costumbre de la sobremesa, donde se cuentan batallas, leyendas, historias de la familia... Es la manera de combatir a esos subproductos de Cultura», responde esta doctora en Lengua y Literatura Española e Hispanoamericana además de un culo inquieto.
Ha sido editora de Siruela, ha recuperado y publicado en este sello cuentos en peligro de extinción (Cuentos populares del Mediterráneo, Libro de monstruos españoles, Libro de brujas españolas, La asombrosa y verdadera historia de un ratón llamado Pérez...), ha puesto en marcha una editorial, Libros de las malas compañías, con la que continúa su labor rescatadora y está enfrascada en una serie de cuentos de negros -próximamente viajará a los territorios del narco de México-, ha levantado una biblioteca en Senegal, en una zona denominada Casamance, llena de minas antipersona, en la que antes de tener libros prestaba abuelos que sabían contar, en la que ahora va a realizar un taller de alfabetización para mujeres con la venta del libro El dragón que se comió el sol, y otros cuentos de la Baja Casamance... Un personaje a descubrir.Citas con Ana Griott Un tal Ratón Pérez. La asombrosa historia del Ratón Pérez y otras historias de ratones y hormigas sonará en la Sala Capitular de San Juan el sábado 28 de noviembre a las 19 horas (2 euros). A partir de 3 años.
Brujas, hadas... Brujas, hadas y hechiceras se colarán en San Juan el domingo 29 de noviembre a las 12 horas (2 euros). Desde 6 años.