El Correo de Burgos

Si pudiera empezar de cero...

Blanca Marsillach y su compañía, Varela Producciones, reivindican el teatro como herramienta para fortalecer la autoestima de las mujeres que sufren la dictadura de una sociedad machista, son víctimas de malos tratos...

Carolina África ahonda en el miedo a los cambios, la educación sexista, los malos tratos, los problemas de autoestima... en ‘Ella al desnudo’.-Raúl Ochoa

Carolina África ahonda en el miedo a los cambios, la educación sexista, los malos tratos, los problemas de autoestima... en ‘Ella al desnudo’.-Raúl Ochoa

Publicado por
A.S.R.
Burgos

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Si Carolina pudiera empezar de cero sería pastelera para chuparse los dedos, jamás trabajaría en una oficina, nunca volvería a poner la mesa, buscaría incansable a Sergio, su amor de juventud, el primero con el que sintió en el estómago algo parecido al hambre, pero que no lo era... Como Carolina, la protagonista del monólogo Ella al desnudo, representado ayer por Varela Producciones, la compañía de teatro de Blanca Marsillach, muchas mujeres ahora mismo romperían con su presente y redibujarían su biografía.

Dirían adiós a esa vida cimentada en una educación sexista en la infancia, construida en torno a los deseos de los demás y los cánones establecidos de una sociedad machista, que exige a la mujer ser la más bella, una trabajadora diez, la mejor madre, esposa y amante. Bye, bye.

Y el teatro las puede ayudar. Blanca Marsillach está más que convencida.

«Tiene tanta fuerza, tanta magia, que cuando sales al escenario y te ponen un foco, yo no sé qué pasa que te conviertes en otra persona. En el teatro naces, mueres y te reinventas. Te hace sentirte querido, importante, protagonista y hace que sientas», asegura la actriz que ayer se quedó entre cajas durante la interpretación de Carolina África después de prologarla. En ese preámbulo, lanzó cuatro preguntas a las mujeres -algún hombre también se atrevió- sentadas en el patio de butacas de Cultural Caja de Burgos. La reflexión estaba servida.

¿Alguien se ha levantado una mañana pensando que no sirve para nada y ha escuchado machacante a un Pepito Grillo repitiéndoselo? ¿Cuántas han querido hacer algo y el miedo al fracaso las ha frenado? ¿Quiénes no han hecho ese algo por el pensamiento negativo del colega que tienen al lado? ¿Alguna vez habéis querido cambiar algo de vuestra situación actual, una relación, el trabajo, el cigarrillo...?

Blanca Marsillach lleva ocho años desarrollando este programa. Todo empezó tras una charla que dio en una casa de acogida. Al terminar dos participantes se acercaron. Querían ser actrices. La empresaria las produjo su primera obra. Loca se estrenó con ellas como protagonistas. «Fue como ver nacer una estrella», recuerda. «Luego todas se colocaron. Para ellas fue una forma de darles seguridad, fortalecer su autoestima». El teatro había conseguido su objetivo. Se encendió una luz. Y después de ellas vinieron muchas. Más de 5.000 mujeres han intervenido desde entonces en este proyecto y los testimonios escuchados son, dice su responsable, estremecedores.

Desde el pánico de una mujer de cuarenta años con dos hijos, uno parapléjico, ante la próxima salida de la cárcel de su marido a otra joven estudiante de Bachillerato que se echó a llorar por los insultos que recibía de sus compañeros.

Porque, llama la atención Marsillach, este maltrato cada vez está empezando a más temprana edad. Increíble pero cierto. Y ahí están los estudios. «El machismo vuelve. Parece mentira que después de tantos años luchando por la liberación de la mujer volvamos a estar como estábamos», lamenta con rabia y convencida de que el teatro da a estas mujeres el empujón necesario para salir de ese agujero. «Las protege y las provoca. Aunque a priori pareciera que las inhibe, las ayuda a echarlo todo, a purgar. Nuestra misión es emponderar a la mujer».

Con Blanca Marsillach conviene la directora del grupo de teatro de la Universidad Popular -organizadora del evento en colaboración con el Instituto de la Mujer-, Paloma Fernández Yllana, sentada en el patio de butacas.

¿De qué manera puede ayudar el teatro a una mujer maltratada? «Es muy importante que cuenten con un lugar para la comunicación. Tienen muy pocos espacios para expresar lo que sienten y lo que les pasa en cada momento. Si encuentran el grupo adecuado en el que pueden desinhibirse y confiar, todo fluye y acaban soltándose», responde Fernández Yllana a bote pronto en la entrada del auditorio. Lo dice por experiencia ya que ha tenido ocasión de trabajar con víctimas de violencia de género.

«También es muy importante que vean representada su experiencia. Muchas lo sufren y no se dan cuenta hasta que no lo ven enfrente de ellas», añade minutos antes de que suba el telón y Carolina África represente a una de esas mujeres, de tantas, que si se atrevieran a empezar de cero...

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