El Correo de Burgos

Nubes de algodón contra el dolor

Pilar de Sebastián, ‘Piti’, continúa su camino en el mundo de la pintura y viste las paredes del bar El Pueblo con sus últimas obras, marcadas por la alegría en el color que ella ve como un regalo de su madre, fallecida en septiembre

Pilar de Sebastían expone doce cuadros en El Pueblo hasta el 12 de enero.-Santi Otero

Pilar de Sebastían expone doce cuadros en El Pueblo hasta el 12 de enero.-Santi Otero

Burgos

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Pilar de Sebastián, Piti, mantiene toda la ilusión de la primera vez en su segunda exposición, la que viste las paredes del bar El Pueblo hasta el 12 de enero. La autora burgalesa, que confiesa a los cuatro vientos y con orgullo que a los 55 años por fin ha descubierto lo que quiere ser en la vida, se sigue fogueando en los mundos de la pintura y continúa buscando su camino en ellos con empeño, trabajo y emoción sabedora de que nunca llegará a encontrarlo.

El color se quita los corsés en esta nueva colección. Aprecia la creadora una alegría vital en la paleta que, paradójicamente, nace de uno de los palos más duros que ha recibido. Su madre murió el pasado mes de septiembre y ella ha transformado su dolor en pintura. «En el fondo lo veo como un regalo, el mejor», reconoce Piti, que ha encontrado en la Asociación Contra el Cáncer un gran apoyo. Y por eso, a ella donará el 20% de los cuadros que venda.

Esa pena salta al lienzo en forma de cálidas nubes de algodón, acaparadores cielos rosas y azules, amapolas rojas de verano, anocheceres melancólicos...

El color baila en estas obras. Confiesa que le fascina. Pero se contiene porque sabe que antes de dominar la paleta debe controlar la técnica. Y a ello vive entregada. A las clases en el taller de Encarna Aguilardz en el que hizo sus pinitos, suma horas y horas de dibujo a lápiz con Chuchi Arribas.

Y está dispuesta a más. «Para mí esto ya es una forma de vida, necesito pintar, hay días que me levanto a las cinco de la mañana pensando en Matisse, en Van Gogh, que me inspira mucho, en Kandinsky o en artistas burgaleses, que también son amigos, como María José Castaño o el mismo Ignacio del Río dentro de su propia locura», insiste con el mismo brillo en los ojos que una adolescente enamorada.

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