El franquismo pierde otra careta
Esther López Sobrado publica, por primera vez en España, una edición crítica de ‘Los rehenes del Alcázar’, de Luis Quintanilla, que desmitifica otro episodio vendido como heroico por los sublevados

Portada del libro.-
«Soy uno más entre la ya inmensa mayoría de los españoles que desea se cicatricen del todo las heridas que aún queden de la guerra fratricida. Uno más anhelando que empecemos los españoles a formar un conjunto unido por la libertad, el trabajo y la dignidad, donde el diálogo sea civilizado. Creo que llegó la hora de dejar a los muertos enterrar a sus muertos, y que los demás miren hacia el porvenir sin reanudar viejas querellas. Pero considero una obligación, un deber moral que aclaremos nuestra historia para que prevalezca la verdad, y no que admitamos que se pretenda encubrir una infamia con el manto del heroísmo. Pensando en los inocentes del Alcázar de Toledo, víctimas de los militares rebeldes, he escrito estas páginas».
Estas palabras escritas por Luis Quintanilla en París en 1964 explican la salida tres años después del libro Los rehenes del Alcázar en el mítico sello Ruedo Ibérico y también su publicación por primera vez en España, que se produce cincuenta años después, en la colección Espuelas de Plata de Renacimiento, una edición crítica de Esther López Sobrado, que da un paso más en su infatigable camino por recuperar la figura de este polifacético autor.
«Cuando trabajas mucho en un artista acabas queriéndole y haciendo lo que él no pudo. Yo sé que a Quintanilla le hubiera encantado que este libro se publicase en España, aunque lo ideal hubiera sido que pasase en los años setenta, no en 2015, pero más vale tarde que nunca...», lanza la historiadora.
El principal hallazgo de estas páginas es el testimonio en primera persona del artista cántabro, que desmitifica el episodio de la defensa del Alcázar del Toledo, vendido por el franquismo durante más de dos generaciones como un hecho heroico de resistencia. Nada más lejos de la realidad.
Este libro, detalla la profesora burgalesa, quita tres capas de maquillaje en torno a este hecho histórico y deja claro que...
Primero: hubo más de quinientos rehenes, mujeres e hijos de republicanos, encerrados contra su voluntad. Más allá del testimonio de Quintanilla, testigo directo, López Sobrado ha podido certificarlo tras localizar a una familia que estuvo allí, a la mujer, la hija y las cuñadas de Domingo Alonso, director del Heraldo de Toledo, socialista significado, al que asesinaron después de usarlo como escudo viviente.
Segundo: el padre Vázquez Camarasa fue testigo de esa dramática situación.
Tercero: el fusilamiento del hijo del general Moscardó no se produjo por la negativa de este a rendir el Alcázar. «Eso es mentira. No entro en si hubo o no diálogo, que Quintanilla dice que no pudo haberlo porque la línea telefónica estaba cortada, pero sí sabemos que al hijo no le mataron allí, sino mes y medio más tarde en una saca», sostiene López Sobrado.
Al franquismo no le hizo gracia que alguien osara a desdibujar uno de sus principales mitos, inspirado en la leyenda de Guzmán el Bueno, e intentó desacreditar su relato. «Curiosamente, tras treinta años sin salir nada, a raíz de esta publicación, apareció el telefonista del Alcázar y se le hace una entrevista. No digo más. Pero sí es llamativo. Al franquismo sí le preocupó que alguien desmontara su gran escenografía», observa la historiadora.
Esta nueva edición se completa con documentación inédita aportada por Paul, el hijo de Quintanilla. La profesora llama la atención sobre tres papeles que trazan la labor de este en la Guerra Civil: el que certifica su condición de jefe del Cuartel de la Montaña, un salvoconducto que le acredita al frente de la primera red de espionaje en la zona vasco francesa y un tercero firmado por Largo Caballero, que le insta a realizar los frescos Ama la paz, odia la guerra, conocidos como Los otros Guernicas, recuperados por la Universidad de Cantabria.
Esta publicación es un paso más en la misión que se ha propuesto la profesora de recuperar la apasionante y desconocida figura de Luis Quintanilla (Santander, 1893-Madrid, 1978) y de su obra, de la que, dice, aún queda mucho por sacar: una historia de las mujeres, artículos, obras de teatro, en las que hacía texto, vestuario y escenografía...