El Correo de Burgos

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Del gafado monumento al Cid a la gracia de Zarra

Manuel Cámara presenta mañana la undécima entrega de ‘Hoy, como ayer’ en la Sala Polisón

Manuel Cámara, junto a un ejemplar del que será el penúltimo volumen de la serie ‘Hoy, como ayer’.-Raúl Ochoa

Manuel Cámara, junto a un ejemplar del que será el penúltimo volumen de la serie ‘Hoy, como ayer’.-Raúl Ochoa

Publicado por
A.S.R.
Burgos

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Manuel Cámara continúa con la composición del puzle histórico del devenir de la capital burgalesa durante el siglo XX recorte a recorte de periódico. Susurros nostálgicos. Burgos 1952-1955 es el título de la undécima y penúltima entrega de la colección Hoy, como ayer, que el profesor de la Universidad de Burgos presenta mañana en la Sala Polisón del Teatro Principal (20 horas) acompañado por los exconcejales Luis Escribano y Eduardo Francés y el catedrático Alfredo Jiménez Eguizábal.

Tres años se pasean por las más de 950 páginas de este volumen, que, una vez más, demuestra que la historia local forma parte de un bucle con focos de atención que hacen bueno el título de esta serie, que concluirá con la llegada a 1959 en el duodécimo tomo.

Ayer como hoy se hablaba de autobuses y de la Plaza Mayor. El Ayuntamiento, capitaneado por Florentino Díaz Reig, barajaba la creación de una red municipal de transporte, entonces en manos privadas y sin orden ni concierto, ante el crecimiento de la ciudad y las quejas vecinales. «Ahora se quiere privatizar el servicio, justo lo contrario», observa Cámara. Mientras que el ágora capitalina sufría un cambio de look con la eliminación de jardines y árboles -se decía que estaban enfermos y dañaban a los comercios de paños-.

Pero, sin duda, la ejecución más importante, aunque poco vistosa, fue la colocación del colector, que suscitó numerosas polémicas: se temió por la Catedral, aparecieron grietas en las casas de Laín Calvo...

El inicio del cinturón verde, la adhesión de Gamonal a la ciudad, la creación de un servicio de serenos nocturnos pagados por las propias comunidades de vecinos y el Consistorio, el traslado del Museo de Burgos del Arco de Santa María a la calle Miranda con el consiguiente uso del noble espacios para los actos más fastuosos también se producen durante estos años.

El libro, construido a partir de las noticias de la prensa de la época, Diario de Burgos y La voz de Castilla, y del brujuleo del autor en internet, da cuenta de la culminación de proyectos que venían arrastrándose desde entregas anteriores.

Un lugar de honor ocupa la ansiada culminación del monumento al Cid, obra de Juan Cristóbal -«era un poco gafe»-. Tanto fue el retraso acumulado -lo que se iba a hacer un año y medio se alargó diez- que el alcalde no admitía preguntas al respecto. El mal pie inicial no terminó ahí: el Estado no dio ningún duro para su financiación a pesar de las promesas, el día de la inauguración cayó una chaparrada con el consiguiente deslucimiento del acto...

La caída del gordo de la Navidad en Capitanía, la atención a un peluquero de apellido Villamor triunfante entre la jet set de París, la llegada de burgaleses de la División Azul desde Rusia, la creación del Centro Burgalés de Estudios Universitarios, germen de la UBU, la visita de Carmen Amaya, Jorge Mistral o Fray José de Guadalupe Mojica, un actor de Hollywood que se metió fraile, o el paso del rally de Montecarlo son contados ejemplos de los muchos ocurridos en la sociedad local.

Entre los nombres propios se cuelan los de Juan Yagüe, cuya muerte eclipsa la del pintor Marceliano Santa María; Félix Rodríguez de la Fuente, en el que ya se vislumbra el «comunicador nato» que luego fue; Jesús Posada Cacho, padre del presidente de las Cortes en esta última legislatura, que sustituye a Alejandro Rodríguez Valcárcel como gobernador civil; el ciclista José Luis Talamillo; o el novillero Rafael Pedrosa, que en la próxima entrega tomará la alternativa.

Este cajón de sastre recoge la ebullición artística, con un puñado de figuras como Modesto Ciruelos, Luis Sáez o Regino Sainz de la Maza, y la curiosa carambola que permitió al capitán del Burgos, Barrios, seguir su carrera profesional tras haber sido suspendido dos años en un aciago partido con muchas expulsiones. ¿Qué pasó? Pues que coincidió el castigo con la retirada de Zarra, mito del fútbol patrio, al que le concedieron como regalo de despedida la gracia de quitar todas las sanciones a sus colegas.

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