El Correo de Burgos

Exposición

‘Almario’, mágico reencuentro

Hadas, brujas y otros personajes de los sueños y la noche arropan el regreso de Virginia Calvo a la ciudad en la que vivió casi dos décadas con una colección de su trabajo más íntimo

'No alcanzarás el cielo sin romper mi corazón'. Virginia Calvo, junto a una de las piezas.-Santi Otero

'No alcanzarás el cielo sin romper mi corazón'. Virginia Calvo, junto a una de las piezas.-Santi Otero

Publicado por
A.S.R.
Burgos

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Hadas con alma de hilo, bufones de botón de abuela, árboles acorazonados, damiselas de terciopelo, duendes de pana verde, brujas con varita de lana, malabaristas del alambre, caracolillos de neón, ilusionistas con trampa y cartón, meninas sin reina, cortesanas burlonas, flautistas misteriosos... Virginia Calvo regresa a la ciudad en la que vivió casi veinte años. No viene sola. Una corte de personajes que habitan la noche y los sueños la acompañan. La artista leonesa afincada de nuevo en Madrid descubre su universo más íntimo en Almario, la exposición que ocupa el Arco de Santa María hasta el 7 de febrero.

Almario está tejido con horas de insomnio, puntada tras puntada de soledad y silencio. Hilvanado con retales que vistieron a los seres más amados, puntada tras puntada de sueños y desvelos. Cosido con hilos de compromiso y de humor, puntada tras puntada de versos y caligrafía adolescente. Zurcido con corazones alegres y pies que bailan, puntada tras puntada de cuentos y leyendas. Remendado con amor de madre y risas de amigos, puntada tras puntada de magia y emoción.

«Almario es el lugar donde reside el alma, pero también es ese armario metafórico de lo que es mi mundo y del que parten muchos de mis proyectos. Es una exposición que resume el trabajo de casi veinte años viviendo en esta ciudad en la que he sido súper feliz. Pero también es un reencuentro con toda la gente a la que adoro, mi agradecimiento por haber recibido siempre su apoyo y que, aunque me he ido, me sigue demostrando su afecto y su cariño, que siempre ha estado ahí y me ha animado a mostrar mi trabajo aquí», destaca Virginia Calvo, que hacía catorce años que no tenía una exposición individual en Burgos -la última, Instantes de tela, trozos de vida, fue en el Monasterio de San Juan en 2002- y en Almario abre la puerta, pasen y vean, a su trabajo más íntimo.

A esos bocetos que después originarían proyectos más ambiciosos, obras de pequeño formato que alimentan su particular universo, personajes dotados con el alma del recuerdo, construidos con objetos guardados y rescatados para jugar una segunda vida. «Cualquier material que cae en mis manos es una ventana abierta a crear algo nuevo».

Una pila de apuntes de su hija Laura hallados una mañana en la papelera, la pata de la cama en la que durmió la pequeña Virginia, un botón caído de la chaqueta de su madre, la hebilla de los tirantes de su hija Raquel...

Y las telas, retales, ovillos de hilo, que Calvo reivindica y que han marcado su trayectoria creativa y vital. «Es un material con mucha vida. Yo trabajo con muchas telas usadas por gente a la que quiero y por mí misma. Posee un gran abanico de posibilidades, puede adoptar muchas formas, pero también tiene mucho que ver con la mujer», observa la artista al tiempo que recuerda aquellas tardes de invierno que, acompañada por la cháchara de su madre, su abuela y sus tías reunidas en torno a la aguja y el hilo y con la máquina de coser como impertérrito testigo, creaba personajes para sus historias. Se sumaban a los seres fantásticos que poblaban las leyendas que formaban parte de su imaginario infantil irremediable en las tierras leonesas del filandón.

«Al final tu universo más importante se crea en la infancia. Es normal que reaparezca y yo he vivido rodeada de esas historias, de mujeres que me enseñaron a coser y de estos momentos de encuentro para la costura como un espacio muy íntimo en el que se contaba y se hablaba de todo. Coser era una forma de escapar de la rutina, de los problemas, y a mí me sirve para encontrarme conmigo misma y huir de las cosas que no me gustan», comenta y recupera como un gran día aquel en el que se compró una máquina de coser.

La obra de Virginia Calvo es fantasía. También compromiso con la mujer. Desde su propio universo, desde el humor, desde la poesía. Quise ser bailarina y no meterme en la cocina.

Mamás trabajadoras, escritoras, liberales acusadas de mujeres fatales, aspirantes a actriz que se convierten en seres infelices, reinas a las que se comen la merienda, princesas encerradas presas... Ellas también habitan Almario. Ellas son los auténticos seres mágicos.

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