El Correo de Burgos

Danza

«Bailar nos hace sentir más vivos»

El bailarín y coreógrafo Daniel Abreu, Premio Nacional 2014, defiende el poder de este arte y reclama más presencia en las programaciones

Daniel Abreu (a la derecha, con camiseta roja), durante el curso que imparte ayer y hoy en la Universidad de Burgos.-Israel L. Murillo

Daniel Abreu (a la derecha, con camiseta roja), durante el curso que imparte ayer y hoy en la Universidad de Burgos.-Israel L. Murillo

Publicado por
A.S.R.
Burgos

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La danza baila como la hermana pobre de las artes escénicas, pero basta un chasquido de sus dedos para que el público se acerque a ella. El curso impartido por el bailarín y coreógrafo Daniel Abreu, Premio Nacional de Danza 2014 en la modalidad de Creación, reúne ayer y hoy a un puñado de gente con interés por esta disciplina en la Facultad de Económicas de la Universidad de Burgos.

La danza de los cuerpos se titula la propuesta. ¿Llega un bailarín a conocer todos los secretos del suyo? «Es difícil que uno llegue a conocerse a fondo, sería tener un poder bastante bestia, pero nuestro trabajo sí consiste en poder expresar con él lo máximo posible, lo cual implica tener un control y también perderlo muchas veces», responde y apunta que en la relación del artista con su cuerpo «se requiere mucha disciplina, soportar situaciones de dolor y es necesario cuidarlo porque siempre estamos transformándolo».

Abreu, que ha sido profesor invitado en la Escuela de Danza de Burgos, ha participado en uno de los encuentros organizados por Debla Danza en torno a este arte y que confirma que el Certamen de Coreografía Burgos-Nueva York tiene una proyección importante, aunque él no ha estado en él, todavía, anima a adentrarse en este mundo sin miedo.

¿Hay que estar loco para lanzarse a él? «Loco, no, pero sí tener claro en qué te metes. Es una profesión que requiere y te da disciplina, no en el sentido militar, sino en el de compromiso con el trabajo, es una pasión y una profesión que te obliga a estar al 100%, no se puede bailar a medias, pero sobre todo hay que disfrutarla, que para eso es, además de ser muy terapéutica, el acto de bailar nos hace sentir más vivos», contesta y añade sin titubear que la danza atrapa sin remedio: «El que la prueba, no la suelta». Y no necesariamente tiene que ser a nivel profesional.

A lo largo de la conversación queda claro que la danza en cuanto que es una criatura más de la cultura no atraviesa sus mejores momentos, pero de ahí a que sea una disciplina de público minoritario va un trecho. Abreu niega la mayor.

«Es verdad que hay poca promoción, pero yo giro por muchos sitios y los teatros sí se llenan, la gente sí va a vernos con curiosidad», sostiene al tiempo que reconoce que sí les cuesta romper el prejuicio del espectador neófito que cuando ve un espectáculo malo, se aburre y se aleja sin darle más oportunidades: «Todo el mundo sabe que todas las películas son diferentes, pero cree que toda la danza es igual. No es así. Hay cosas buenas y malas».

Otro asunto muy distinto es el apoyo que recibe desde las instituciones. Esa es harina de otro costal.

«Hasta ahora ha habido muy poca programación, muy poca apuesta por parte de los técnicos culturales por la danza, les parece un mundo raro, que nadie entiende y mejor no arriesgarse porque hay que hacer dinero. Estas ideas se han quedado paralizadas mientras el mundo evoluciona», dice y afirma hablar desde su propia experiencia. E insiste: «Mientras la sociedad avanza, las ideas que la sostienen no lo hacen, es un problema de burocracia y de desconocimiento».

Él, en cambio, sí ha visto recompensado su trabajo desde esas esferas burocráticas. ¿Sirve de algo recibir un Premio Nacional de Danza? «Sirve para que te conozca más gente más allá de la profesión. Cuando recibí el galardón ya era conocido dentro del mundo de la danza, pero después los medios se hacen eco y tu trabajo se refleja en ellos. Además, parece que cuando la institución te respalda y te dice ‘tú sí que vales’ el prejuicio de programación desaparece y sí te tienen más en cuenta», destaca y pone como ejemplo el interés que su presencia ha despertado a orillas del Arlanzón. Está convencido de que de no llevar esa insignia en la solapa hubiera pasado sin pena ni gloria, «pero mi trayectoria hubiera sido la misma».

Una carrera que empezó a despegar en el año 2003 como creador, pero empezó mucho antes como bailarín, y que se alarga con coreografías para su propia compañía y colaboraciones para otras tanto nacionales como internacionales, amén de su labor docente. Abreu pensaba que este año iba a ser tranquilo, pero se le han multiplicado los compromisos, algunos allende las fronteras.

Le esperan en Italia para una coproducción española-israelí con la compañía Fattoria Vittadini. ¿Los bailarines salen de España por obligación o por deber de conocer otros mundos? «Cuando sales fuera te enriqueces porque ves otras cosas. Fuera se valora la cultura, no solo la danza, y como hay un nivel cultural más amplio, no mayor, se respeta la calidad de los creadores e intérpretes españoles porque, no sé qué, pero es verdad que tenemos algo especial. Quizás esté relacionado con la sangre», asevera. ¿Si dice que fuera se valora la cultura es porque aquí no? «Lo pregunto yo: ¿Aquí se valora la cultura?».

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