El Correo de Burgos

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El amor, sutil sentimiento en Japón

La burgalesa Elena Gallego y la nipona Seiko Ota abren una nueva ventana a esta cultura y suman una tercera antología de haikus traducidos del original a la colección de poesía de Hiperión. Se presenta hoy en la Sala Polisón

Elena Gallego sujeta ‘Haikus de amor’, que compartirá hoy con sus paisanos.-Israel L. Murillo

Elena Gallego sujeta ‘Haikus de amor’, que compartirá hoy con sus paisanos.-Israel L. Murillo

Publicado por
A.S.R.
Burgos

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La larga distancia entre España y Japón no se traduce solo en kilómetros. También en cultura. Entender al pueblo nipón se presume tarea ardua y ni alguien como la profesora burgalesa Elena Gallego, que lleva treinta años brujuleando por los secretos de aquel país in situ, ha conseguido desentrañarlos. Es más. Asegura que cuanto más avanza más misterios destila la aventura y más enganchada está a ella. El deseo de desvelarlos y compartirlos la llevó hace tres años a iniciar una colección de libros de haikus traducidos directamente del original japonés junto a su colega Seiko Ota y con la complicidad de la editorial Hiperión, pionera en la publicación de esta poesía desde los años ochenta.

Tras una introducción esencial de esta poesía en Kigo. La palabra de estación en el haiku y una selección de los susurrados por la parca a los condenados a la pena capital en Haikus en el corredor de la muerte, las autoras reúnen Haikus de amor, una tercera antología que se presenta hoy (20 horas) en la Sala Polisón con la presencia de Gallego, el escritor Óscar Esquivias y el editor de Hiperión, Jesús Munárriz, en una velada en la que, a buen seguro, se repetirán esas escenas de amigos y conocidos haciendo cola por una firma que tanto maravillan y tanto agradece la burgalesa, que ya prepara un cuarto volumen sobre los versos inspirados por la guerra.

Haikus de amor reúne más de un centenar de poemas de autores clásicos y contemporáneos. Cada obra aparece en caracteres japoneses, su pronunciación en esa lengua, su traducción al castellano y el kigo, que es la palabra que enmarca el haiku en una de las cinco estaciones que contempla el país del sol naciente y una palabra clave al ser la naturaleza el tema principal de esta literatura.

No se escapan de este marco los haikus de amor. «Los japoneses se sienten en íntima armonía en fusión con la naturaleza, de modo que al decir crepúsculo de otoño o tarde de primavera están dando un código de sentimientos que expresan su sentir más íntimo. No expresan directamente sus emociones, algo que allí no es elegante ni está bien visto, sino que lo hacen a través de esas palabras clave, de una manera sutil», explica la profesora y entiende que, en ocasiones, resulte difícil discernir un haiku de amor del que no lo es.

«Es complicado situarte en el punto de vista de una persona que se ha educado con valores diferentes, con una concepción de la familia, la libertad y la felicidad totalmente distinta. Son valores universales pero cada cultura tiene sus códigos para interpretarlos», matiza Gallego como pista para leer estos versos, cuyas interpretaciones se pueden alargar hasta el infinito dependiendo de la experiencia personal del lector.

He ahí lo que la profesora llama la generosidad del haiku. «Eso es lo bonito, el poeta te da una llave y con ella tú abres cientos de puertas de tu mente», amplía e insiste en la sutilidad y la ambigüedad en la que se mueve el mundo a 11.000 kilómetros de aquí.

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