Entrevista a Elfidio Alonso, director y fundador de Los Sabandeños
«Somos unos idealistas»
La revolución de los años sesenta en Canarias llegó con este grupo creado en el entorno universitario de La Laguna que rescató a la música popular con un sincero abrazo que dura hasta hoy

Los Sabandeños-
La universidad es una hacedora de sueños. Algunos se forjan con el boli en la mano, otros con una guitarra en el regazo; algunos se construyen desde las aulas, otros meciendo a la luna desde la barra de un bar; unos se persiguen, otros se cruzan en el camino de uno. El campus lagunero alumbró una locura que lo sigue siendo a pesar de haber cumplido ya cincuenta años. Los Sabandeños es un grupo esencial en la banda sonora sentimental del país y un indestructible puente entre Canarias y la península. Sus músicos son héroes, aunque hayan cambiado la capa por la manta esperancera, que se mantienen en la escena musical española fieles a sus orígenes y a sus ideales como si no hubiera pasado medio siglo. Cinco décadas merecen un brindis y ellos en vez de las copas levantan su voz en un espectáculo con el que esta semana regresan a tierras cidianas -tocan el viernes en Burgos y el sábado en Aranda, en sus respectivos centros culturales de Caja de Burgos a las 20 horas (25 euros)-. Uno de sus fundadores, Elfidio Alonso, habla de pasado, presente y futuro.Pregunta- ¿Qué repertorio animará este reencuentro?
Respuesta- Vamos a hacer un poco de todo. Además del folclore canario, que es obligado porque si no los canarios nos matan, haremos una muestra del cancionero español y algo de flamenco, tango y, sobre todo, bolero, desde el María Dolores, de García Morcillo, a Dos cruces, de Carmelo Larrea. Estamos preparando una antología del bolero a ver si conseguimos que la Unesco lo meta dentro de la nómina de bienes inmateriales de la Humanidad como ha hecho con el fado, la canción de mariachi mexicana, el tango argentino o el flamenco. Ahora los catalanes están locos por incluir la rumba catalana y yo me hago cruces porque la rumba es cubana, la catalana es solo un sello que le puso Peret. Y al final hacemos unos bises muy llamativos, que conoce todo el mundo y que nos piden, como el Unicornio, de Silvio Rodríguez, o el pasodoble Islas Canarias. Son casi dos horas de música popular de la buena.P.- Que, vista la hoja de servicios del grupo, aún tiene tirón...
R.- No tenemos una pléyade de seguidores como Julio Iglesias o Raphael, pero con los que contamos son maravillosos.P.- Lo de Julio Iglesias o Raphael con las fans es una hazaña, pero también lo es la fidelidad de sus seguidores durante 50 años...
R.- Sí, en eso no tenemos ninguna queja, todo lo contrario, pero el término fan, esa nomenclatura comercial, nos trae sin cuidado, nosotros cantamos por vocación, no vivimos de la música, tenemos mucho respeto a la gente y, sobre todo, a los jóvenes que se van incorporando a este tipo de música, que es de raíz, histórica, española, con un mestizaje que le da un atractivo muy singular.P.- ¿Existe relevo generacional en esta música tanto encima como debajo del escenario?
R.- Sí, nosotros lo notamos en los conciertos y también con la cantidad de agrupaciones que se han ido formando. El canto colectivo me priva porque hay que compartir las cosas, el divismo ya ha pasado, ha muerto.P.- Los Sabandeños tienen ya su capítulo en la historia española. ¿Qué la aportan?
R.- Dedicación, perseverancia y un trabajo constante, sin creer nunca que se ha conseguido todo, sino que estás en el camino, que puede ser el correcto, pero donde también los riesgos acechan. Hemos aportado seriedad, cariño, honestidad... Somos unos diletantes, aficionados eternos que seguimos aprendiendo y que hemos transformado las tunas de todo el mundo, de América y Europa, que, afortunadamente, ya han salido del Clavelitos, La cinta de mi capa o sus otro cuatro temas socorridos. Hoy cantan maravillosamente, tienen un repertorio muy riguroso y nos sentimos muy orgullosos de haber contribuido en alguna manera, no sé si mucha o poca, a esa transformación tan milagrosa producida en todo el elenco universitario.P.- ¿Cómo se mantiene la ilusión por salir a escena después de tanto tiempo haciéndolo?
R.- Pensando que es la primera vez que lo haces, con respeto al público que llena los teatros en cada interpretación.P.- ¿Pensaron en 1965, cuando crearon la formación, que la aventura duraría tanto?
R.- Que va, yo dije vamos a grabar unos disquitos para tenerlos de recuerdo y enseñárselos a nuestros hijos el día de mañana. Éramos jóvenes universitarios, con un gran amor por la música popular, pero jamás pensamos permanecer tanto tiempo en el candelero o en el candelabro, como dijo la otra.P.- ¿Sienten vértigo al mirar atrás y ver todo lo conseguido?
R.- Evidentemente, todos los países que hemos visitado, vernos cantando en el Parlamento Europeo o ante 60.000 personas en Argentina es inenarrable y el encuentro con los compatriotas, los emigrantes que han echado raíces en otros países, es una sensación única. No nos sentimos extraños nunca. Cuando vas por primera vez a un sitio y la gente te trae un disco para que lo firmes es una emoción impagable. Esto solo le pasa a aquella gente que va con un ideal por delante como nosotros, que somos idealistas y no nos persiguen otros motivos menos loables.P.- ¿Cómo se protege ese idealismo de una sociedad cada vez más materialista?
R.- Alguien tiene que enarbolar esa bandera. La canción es como el Guadiana, aparece, desaparece, la popular, la de testimonio, la de intención política, va y viene, pero nosotros siempre hemos mantenido nuestro sitio, con mínimas variaciones. La gente ya sabe dónde estamos, no espera ninguna sorpresa, no va a vernos pensando que sacaremos unas guitarras eléctricas para hacer rock.P.- ¿Qué metas les quedan por alcanzar?
R.- Siempre hay sueños. El grupo Vuelta Abajo nos está nominando a los premios Princesa de Asturias y, aunque este galardón se ha internacionalizado mucho y no sea una meta que nos hayamos puesto, se lo agradecemos mucho. Nos gustaría cantar en la ONU para contribuir a unir a los países, tratar de borrar discrepancias y protagonismos terroristas que nos están amargando la vida, pero también nos va muy bien actuar en otros escenarios. Recuerdo Milagros, donde el alcalde nos ponía las sillas en la plaza. Eso es lo que nos gusta. Nosotros no somos estrellas, sino gente normal que lo único que quiere es comunicarse con sus semejantes y enseñar la cultura de Canarias y también del resto de nuestro país.