Entrevista
Julia Navarro: «La sociedad no puede perder su sentido crítico»
Su última novela, ‘Historia de un canalla’, se presume como un suma y sigue en la trayectoria literaria de esta periodista madrileña que acumula cinco millones de ejemplares vendidos en treinta países con sus anteriores libros

Julia Navarro.-
Historia de un canalla sigue los pasos de Thomas Spencer, un gurú de la comunicación, la publicidad y el marketing, que mira hacia atrás cuando siente cerca las garras de la parca y pinta su propio autorretrato. «Esta noche me asaltan los recuerdos de mi vida, y al hacerlo me están dejando un sabor tan amargo como la hiel. Soy un canalla, sí, es lo que siempre he sido y no logro arrepentirme por serlo, por haberlo sido...», dice en las primeras páginas el protagonista de esta novela que admite haber «mentido, engañado y manipulado a mi antojo, destruido sueños y reputaciones, traicionado a los que me han sido leales, provocado dolor a aquellos que quisieron ayudarme, jugado con las esperanzas de quienes pensaron que podrían cambiar lo que soy».
Una joyita de la que hoy habla la madre de la criatura, Julia Navarro, en la librería Hijos de Santiago Rodríguez del Camino de la Plata a las 20 horas.Pregunta- ¿Historia de un canalla es la novela en la que la mirada de la Julia periodista está más presente?
Respuesta- Sin duda, sin la experiencia que he adquirido como periodista a lo largo de los años no habría podido escribir esta novela.P.- ¿Cómo la ha ayudado?
R.- Me ha ayudado a tener un conocimiento de cómo se manejan los hilos del poder, lo que hay detrás del escenario, cómo se hace una campaña electoral, cómo se puede fabricar un candidato... Todo lo que he visto a lo largo de mis años profesionales está ahí.P.- ¿Cómo apareció Thomas Spencer en su vida?
R.- Esta novela es una reflexión sobre la sociedad en la que vivimos y cómo en los últimos veinte, treinta años han ido cambiando todos los paradigmas por las nuevas herramientas de comunicación. Es una reflexión de lo que es el mundo del poder y de la existencia de unas nuevas herramientas en el ámbito de la comunicación que facilita la posibilidad de manipular a la opinión pública. No por parte de los medios, sino por la de esas grandes agencias de comunicación, que hay que distinguir de las de publicidad, que lo mismo te fabrican un candidato que intentan convencer a la gente de que el fracking en una zona natural es estupendo. Ese es el trasfondo de la novela y para eso creé el personaje de Thomas Spencer.P.- Se adentra en esas agencias que marcan el camino a seguir y tratan a la gente como a borregos...
R.- Por lo menos lo intentan. Se trata de que seamos ciudadanos críticos con todos los input que nos llegan. La sociedad no puede perder nunca ese sentido crítico.P.- ¿Es más divertido construir personajes malos que buenos?
R.- No se trata de construir, yo siempre intento que en mis historias los personajes resulten reales. Siempre son poliédricos y Thomas también lo es. Está lleno de aristas. Lo que diferencia esta novela de las anteriores es que en esta yo cojo al lector de la mano y le invito a hacer dos viajes: uno detrás del escenario para que vea cómo se mueven los hilos del poder y otro a lo más profundo del alma humana. Este libro, a diferencia de los anteriores, está escrito en primera persona. El protagonista va contando su historia de manera que los lectores desde el minuto uno saben a quién se están enfrentando, no tiene misterios, porque ven la parte más oscura de su alma.P.- Pero también en las primeras páginas demuestra unas tímidas pinceladas de luz...
R.- Sí, él tiene un atisbo de conciencia, él sabe perfectamente, y hace la reflexión, de que las cosas podrían haber sido diferentes si él hubiese actuado diferente. Como muchas personas cuando afirman ‘no me arrepiento de nada, volvería a cometer los mismos errores’, una frase común, que la gente dice con una enorme facilidad, en el fondo es una huida hacia adelante y en ella Thomas ve que no tiene remedio y dice ‘soy un canalla y no me arrepiento de serlo’.P.- El clasismo de la sociedad norteamericana también corre por esta historia...
R.- La sociedad norteamericana es rica, contradictoria, dinámica, y en su vértice está una elite que son los blancos de origen anglosajón y luego todos los demás, pero también es verdad que es una sociedad de oportunidades, donde la gente con talento, si tiene algo que ofrecer, sale adelante, no es aristocrática.
P.- Y, de hecho, hay personajes que alcanzan ese sueño americano...
R.- Sí, hay mucha gente que lo logra, porque es una sociedad capaz de abrirse al talento.P.- ¿Por qué la sitúa en Nueva York y en Londres?
R.- Porque es una novela sobre el poder y Nueva York y la City de Londres son los dos principales centros de poder que hay, donde se toman decisiones que diariamente afectan a millones de personas en todo el mundo. No podía estar residenciada en otro lugar, sobre todo en Nueva York, que es casi un personaje más, es una ciudad con una entidad propia, muy especial, y muy difícil y muy dura.P.- Y se mete a fondo con el machismo...
R.- Soy una feminista convencida y confesa. En esta novela hago una llamada de atención. Hemos cambiado las legislaciones en Occidente y hoy en día la igualdad es un hecho, pero esta tiene que llegar a la vida cotidiana, no basta que solo esté en las leyes.P.- ¿Hay que combatir esos micromachismos?
R.- Micromachismos y maximachismos que continúan estando ahí. Luego está el problema de la agresión contra las mujeres, de todos aquellos que no son capaces de mirar a una mujer de igual a igual, que, en definitiva, la tienen miedo, y su reacción es violenta.P.- ¿Se ha topado en el mundo literario con ejemplos?
R.- El machismo está en la sociedad, está en todos los ámbitos más o menos camuflado, en algunos más, en otros menos, pero no es un problema de dónde se da más ni de profesiones, sino de individuos. El machista puede ser un escritor, un ingeniero de caminos, un empleado de banca o un fontanero.P.- «Hace tiempo que descubrí que los otros no te ven por cómo eres, sino por lo que representas o tienes», dice Thomas. ¿Lo ha sufrido Julia Navarro tras convertirse en una novelista de éxito?
R.- No porque yo he tenido la suerte, las circunstancias son las que son, de llegar a la literatura con unos cuantos años y, sobre todo, con una experiencia vital y profesional importante detrás, la suficiente para no despegar los pies del suelo y para saber quién soy. He procurado no levitar.P.- Saber cómo es una y cómo son los demás...
R.- Yo sé quiénes son mis amigos y siguen siendo los mismos que tenía antes de tener tanta suerte en el mundo de los libros, aunque he podido ampliar mi número de conocidos.P.- ¿Qué cambia en la escritora de la sexta novela a la de la primera?
R.- Todo lo que vas viviendo te deja una huella, vas aprendiendo, yo he ido creciendo y eso se refleja en lo que escribo. La primera novela, La hermandad de la Sábana Santa, tenía un planteamiento distinto, era un thriller sin más pretensión, con las siguientes ya fui introduciendo elementos para la reflexión. La biblia de barro trataba la inmoralidad de la guerra, cómo esta enriquece a unos, que normalmente son los que la provocan; La sangre de los inocentes era una reflexión sobre los fanatismos; y Dime quién soy y Dispara, yo ya estoy muerto, sobre la tragedia del siglo XX. Y esta es un retrato de la sociedad de hoy en la que sí he cambiado, sí he utilizado un lenguaje y una estructura distinta. He dado un salto. Cada historia necesita ser contada de una manera.
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