Música
Euterpe mece la cuna del hombre
Alumnos del Conservatorio, peregrinos, melómanos y público en general asisten con entusiasmo al maratón de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León, desmenuzada en formatos íntimos, en el Museo de la Evolución Humana

Alumnos del Conservatorio se sentaron en primera fila en el concierto inicial del maratón, protagonizado por un cuarteto de metales.-Santi Otero
Franny y Glenn Minervini-Zick bailan sin importarles las miradas ni los móviles que inmortalizan la escena. Tampoco hacen caso al irremediable cansancio que arrastran los peregrinos rumbo a Santiago. Ellos lo son. Salieron hace catorce días de Pamplona y «paso a paso» completan el camino sin pasar por alto los atractivos de cada lugar que atraviesan. La visita a los yacimientos de Atapuerca por la mañana guía por la tarde a esta pareja californiana que, a bote pronto, rondará los setenta años, hasta el Museo de la Evolución Humana (MEH). Van a ver los fósiles del primer hombre y se topan sorprendidos con las notas de un vals interpretado en directo por un cuarteto de metales de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León (OSCyL).Estos cuatro artistas abren con sus piezas el maratón musical en el MEH. Una propuesta llevada a cabo en anteriores ediciones en Valladolid, Salamanca, Palencia y Ávila que busca acercar esta música a otros espacios y a públicos poco habituales en los conciertos de la OSCyL.Euterpe meció, una vez más, la cuna del hombre. Al mismo tiempo, a más de 180 kilómetros, la musa de los músicos rondaba la creación plástica en el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León (Musac) en León.Cuando el cuarteto de metales, que aceptó como quinto integrante la escultura Cisne de Venancio Blanco y actuó con los pequeños alumnos del Conservatorio Profesional en primera fila, concluye su repertorio con piezas de Mozart, Gabrielli, Albéniz o Vicent Machi y se fotografía con el público como hasta ahora solo hacían las estrellas del rock, las melodías interpretadas por la violinista Daniela Moraru y el flautista Pepe Lanuza ya han arrastrado a un nutrido grupo hacia la planta -1. El MEH ya no es un museo. No es el río Arlanzón el que baja a lo loco a escasos metros. La cuna de la evolución es Hamelín.Los martillos y los picos no suenan en la recreación de la excavación arqueológica que ocupa este espacio. Pero sí el tango Por una cabeza de Gardel. En primera fila, convertida en grupi, la relaciones públicas de la Orquesta Sinfónica de Burgos apoya a los colegas y hasta luce una chapa con el 25 aniversario de la OSCyL en la solapa. Algunos aplauden a los músicos desde las plantas de arriba antes de aguzar el oído y seguir la melodía hacia un nuevo escenario.Suenan instrumentos de cuerda. Ahí están. Junto al cerebro diseñado por Daniel Canogar. Son Paula (viola), Irene (violín), Jennifer (violín) y Marie (violonchelo). Señoras, señores, el Cuarteto Isadora.
«La finalidad es acercar la música a colectivos que normalmente no tienen la oportunidad de vivir la música en directo tan de cerca y también intentamos, en la medida de los posible, interactuar con ellos. Venimos varias agrupaciones y hacemos conciertos cortos para que el público pueda escuchar distintos instrumentos, ver diversas formaciones...», explican minutos antes de tomar el relevo de sus colegas en este maratón que la OSCyL corre, por lo menos, una vez al año.Compositores archiconocidos como Mozart, otros más desconocidos como el checo Grunfeld o melodías populares como La vie en rose, de Edith Piaf, movieron los pies hasta el mismísimo Ramón y Cajal, que tiene en esta planta su lugar.La carrera continuaría por los distintos espacios del MEH. Un cuarteto de violonchelos tocaría a Piazzola, Pachelbel o Telemann y un quinteto de maderas se arrancaría por Bocherini, Tchaikovsky o Debussy.La propuesta concluye donde comenzó. En el vestíbulo, en medio de la inmensidad del edificio diseñado por Navarro Baldeweg. Una sección de cuerdas de la OSCyL da las últimas notas hasta la meta acompañada por Mozart, Gardel, Britten, Tchaikovsky, Strauss...El maratón termina con aplausos. No hay podio ni medallas. Todos ganan. La música, el público y la evolución humana.