Entrevista a Javier del Campo, director de Arte de la Fundación Caja de Burgos
«Buscamos crear conciencia crítica»
Licenciado en Historia del Arte por la Universidad de Valladolid y vinculado a las galerías Caracol y Expresión de la capital del Pisuerga, en 2005 tomó las riendas del programa expositivo de Cultural Cordón y el pasado otoño sumó el del CAB

Javier del Campo.-Israel L. Murillo
Javier del Campo se mueve con una elegancia de otra época. Habla de una manera pausada y sus movimientos son exquisitos. Nada de estridencias. Aunque en ningún momento saca la pata del guion, sí descoloca cuando confiesa escuchar a Arizona Baby, su dificultad para digerir a Botticelli o que siente debilidad por Marina Abramovic. Deja estas confidencias para la intimidad, pero ni en ella se desprende de su papel oficial.Pregunta- ¿Cuál es el cometido del director de arte de la Fundación Caja de Burgos?
Respuesta- De mi responsabilidad depende todo lo que tiene que ver con la programación expositiva en la Casa del Cordón, en el CAB y en aquellos otros espacios donde la Fundación Caja de Burgos decida intervenir o participar.P.- ¿Se abrirán nuevos espacios?
R.- No se trata de nuevas aperturas, sino de colaborar con otras instituciones. Es algo que todavía está por definir, pero que entraría dentro de mi cometido.P.- ¿Aunque está por definir, hay ya algún proyecto a la vista?
R.- Puede haber algún proyecto cercano del que no se puede hablar mientras no se concrete, pero sí es nuestra intención.P.- ¿Sopesan rescatar el programa Siglo XXI: Arte en la Catedral?
R.- No.P.- Hablando de colaboraciones, en su día hubo un amago de proyecto conjunto entre el CAB y el resto de centros de arte contemporáneo de la Comunidad. ¿En qué quedó?
R.- Estaría bien recuperarlo. Como en tantas otras cosas estamos absolutamente abiertos a participar, a colaborar y a entendernos.P.- ¿La crisis lo ha truncado? La burbuja del arte contemporáneo ha tocado a muchos museos, a algunos hasta situarlos al borde del cierre...
R.- No soy quien para hablar de lo que sucede en la casa de los demás y, además, lo desconozco.P.- Entremos en casa propia. ¿Cómo ha afectado, afecta y vislumbra que afectará la crisis económica a la programación expositiva?
R.- Con más dinero se hacen más cosas y puede que a veces mejores, pero no es un axioma, no siempre se cumple. Nuestra obligación es hacer lo mejor con lo que tenemos y a veces ese esfuerzo que requiere esta situación de crisis hace que broten nuevas ideas y propuestas que, probablemente, en otro escenario no hubiéramos contemplado. Pero insisto: no es verdad que las crisis saquen lo mejor de nosotros ni que con menos dinero las cosas se puedan hacer igual de bien, sino que con menos dinero se hacen otras cosas. Pero nosotros tenemos un presupuesto que ya quisieran muchos. ¿Nos gustaría disponer de más? Y a quién no.P.- ¿De cuánto es?
R.- El presupuesto anual para la producción de exposiciones del programa de Arte es de 368.000 euros.P.- ¿Cómo son Cultural Cordón y el CAB como pareja de baile?
R.- Cada espacio tiene su propia historia, su manera de hacer las cosas y esa singularidad la vamos a mantener. Los programas para la Casa del Cordón van a continuar por la senda de lo que yo siempre he llamado alta divulgación y lo que propongamos en el CAB pasará por el camino de la ultima creación.P.- ¿A qué se refiere con alta divulgación?
R.- Es la creación de productos culturales científicamente bien resueltos, dotados de un aparato intelectual y de investigación, pero abiertos a todo tipo de público. No son excluyentes. Y eso es lo que caracteriza nuestro trabajo en el Cordón: llegar al público sin discriminar ni hacer categorías, pero a la vez buscando siempre un plus de calidad. La investigación, la creación de pensamiento y de conciencia crítica deben ser las características que nos gobiernen.
P.- ¿Hay alguna época que sirva de límite para separar la programación de uno y otro espacio?
R.- Es más cuestión de concepto que temporal, pero sí es cierto que no conviene solapar uno con otro. En la Casa del Cordón continuaremos con proyectos en los que abordemos aspectos de mayor trascendencia cultural, mientras que en el CAB trabajaremos con la última creación y, no solo, pero sí preferentemente, con artistas concretos.P.- ¿Hay alguna colección que se le ha resistido?
R.- Sí.P.- Resulta extraño con todos los piropos que recibe...
R.- Se me resistió el año pasado una que me dio mucha pena. Era de pintura y escultura española, muy poco conocida, que está en manos de los herederos de la familia. Nunca entendí por qué en el último momento se desdijeron, aunque es habitual. Cuando empiezas a trabajar con una colección es lógico que la gente quiera protegerla. Hasta que no ven cómo trabajas, les presentas el espacio y los anteriores proyectos no se relajan, es natural y comprensible, pero en este caso no me dio tiempo a llegar a este punto.P.- No le pega ser de los que se rinden... ¿Insistirá?
R.- Hay una cosa que no me gusta nada y es ser pesado. Yo entiendo el celo y las ganas de proteger una colección e incluso el miedo a mostrarlo. Y también espero recibir un día una llamada diciendo que les gustaría retomar aquello, no sería la primera vez y ojalá sea el caso.P.- ¿Dónde localiza estos fondos? ¿Cuál es el secreto?
R.- No es fácil. Hay una parte de trabajo de investigación, no policial, pero se acerca. De repente un día te asalta una noticia, recoges un comentario en un periódico, pasas por un sitio y ves algo que te sorprende, una etiqueta, un nombre... Son piezas y tú construyes poco a poco el puzle hasta llegar a ese lugar. En otras ocasiones se trata de colecciones más o menos públicas, a las que yo propongo siempre una nueva lectura, que es lo que singulariza nuestro trabajo. La construcción de un discurso expositivo propio hace que nuestras exposiciones sean diferentes a las demás.P.- ¿El CAB obliga a trabajar de otra manera?
R.- El CAB tiene su memoria, su historia y una forma de hacer las cosas que es importante respetar. Allí se trabaja con artistas que o presentan proyectos por ellos mismos o se les solicitan específicamente para nuestro espacios y nuestra obligación es intervenir en el planteamiento de ese discurso. Una de las vías que explotaremos será acercarnos a algunos artistas a través de algunas, muy pocas, colecciones, porque de otro modo no accederíamos a ellos.P.- ¿Prevalecerá algún género sobre otro?
R.- Nunca he creído en los géneros ni en los soportes. No me parece mejor el vídeo que el cine, ni el dibujo que la pintura ni la escultura que la instalación. Me interesa la creación artística y lo que es capaz de aportar. Y ese va a ser mi único criterio.P.- Ahora que los hilos de uno y otro los mueven la mismas manos, ¿hay algún proyecto conjunto?
R.- Podría ser en algún momento, pero es difícil. Que algún proyecto del CAB tienda un hilo con la Casa del Cordón no sería la primera vez que se hace. Pero sí es importante no destinar todo el contenedor a una única propuesta y mucho menos los dos, salvo que sea un hito extraordinario como pudo ser la exposición sobre Felipe El Hermoso.P.- De un tiempo a esta parte, desde San Esteban se apuesta por los artistas locales. ¿Cómo ve la creación en Burgos?
R.- El DNI no es garantía ni justifica nada. Nuestra obligación es detectar aquello que es singular y apostar por ello. En ocasiones somos obtusos a la hora de reconocer lo que tenemos más cerca e incluso de dar oportunidades a artistas que proceden de este entorno y que muestran su obra fuera. También es una de nuestras obligaciones traerlos a casa. Que no nos enseñen fuera lo que tenemos dentro. Eso sí me parece importante. Hay muy buenos artistas y otros muchos que no lo son, así de simple.P.- ¿Sobre qué nombres debemos encender el foco y sobre cuáles no?
R.- No te puedo dar nombres, como es natural. Hay que entender que el CAB no puede ser el punto de partida para alguien que empieza ni es el lugar de llegada para quien ha tenido su vida y trayectoria por otros derroteros. Debe ser un centro donde se muestre aquella creación comprometida con el discurso de la contemporaneidad y no todos los artistas actuales son conscientes de lo que significa esto. Los hay que llevan muchos años trabajando y que por la razón que fuere, por desidia personal, falta de suerte o desconocimiento de las claves del mercado o de las estrategias del arte contemporáneo, se han quedado fuera de ese discurso, pero su obra, o partes de ella, es pertinente y encajaría perfectamente con lo que nos proponemos. Detectar este tipo de cosas es importante.P.- ¿Por tener una exposición de quién mataría?
R.- Nunca lo había pensado. Soy una persona muy sistemática. Me gusta que las programaciones estén equilibradas, que no se repitan errores, insistir en líneas que hemos abierto... y en función de eso trabajo. Nunca había pensado en traer a alguien en concreto.P.- ¿Cuánto pesa la educación y la didáctica a la hora de seleccionar las propuestas?
R.- Sin duda, y créeme al cien por cien, para mí es lo más importante. Los proyectos de educación son lo más relevante dentro de la programación del CAB y de la Casa del Cordón. Es para lo que trabajamos. Cuando trazamos el discurso expositivo es en lo primero que pienso, en cómo trasladamos esto, cómo lo contamos. Luego, por otro lado, está el trabajo del departamento de Educación, que es más que necesario, no solo porque se trata de construir y crear nuevos públicos, sino también porque trabajamos para intervenir en la sociedad y esta a su vez sea capaz de generar una masa crítica.P.- ¿Qué público aún se resiste a cruzar las puertas de estos centros?
R.- El público debe ser universal. No se pueden hacer categorías sociales, ni de edad ni de ningún tipo. Cuando se hace algo debe estar abierto a cualquier persona, sea cual sea su condición. Eso no quita para reconocer que hay tramos de edad que son más difíciles, pero lo son en todos los órdenes. Debemos trabajar en la incorporación de los más pequeños a nuestros programas educativos y también en ese periodo de edad antes de que una persona sea completamente autónoma en cuanto a sus designios, que yo extendería más allá de la adolescencia, y ahí el problema está en las carencias educativas en los colegios, en los que no hay programas específicos que incorporen la cultura artística. Nosotros somos un termómetro, medimos ese tipo de carencias y nuestra obligación es trabajar sobre ellas. Lo idóneo sería que los centros educativos dentro de su diseño curricular incluyeran la necesidad de acudir a visitar nuestras exposiciones, pero de una forma activa.P.- ¿Qué le parece la idea latente, que viene y va, de crear un museo de pintores burgaleses?
R.- Es una cosa que se plantea en muchísimos lugares, pero para eso están los museos de Bellas Artes de las ciudades. Estos tienen que ser capaces de acoger en su seno las propuestas de artistas del entorno. En otras ciudades, las reivindicaciones tienen que ver más con fortalecer esos museos, dotarlos adecuadamente, tanto de personal como de equipamiento técnico, y sumar lo que ha sucedido en los últimos 150 años, no tiene sentido que muchos detengan la incorporación de objetos artísticos a mediados del siglo XIX. Es tan simple como eso. Los museos no son panteones.
EN LA INTIMIDAD «Todavía me cuesta querer a Botticelli»
Pregunta- ¿Cuándo y cómo llamó el arte a su puerta?
Respuesta- Cuando yo era muy niño, tuve la mala suerte de tener una madre enferma, estaba hospitalizada con muchísima frecuencia, pasaba temporadas muy largas en casa. Uno de esos veranos eternos iba a estudiar por las tardes al colegio y uno de los curas me llevaba con él a visitar conventos de clausura. Mientras él cumplía con su obligación, yo me quedaba absorto contemplando lo que había en aquellos lugares. Esa es, sin ninguna duda, la primera relación de absoluta intensidad con el arte. Tenía seis o siete años. Me llegó tanto que me acuerdo como si fuera hoy.P.- La experiencia artística más sobrecogedora de la que ha sido testigo...
R.- La primera vez que entré en la Mezquita de Córdoba. Fue algo absolutamente arrebatador. Incluso ahora mismo se me eriza el vello. Me ha pasado en algún otro espacio como cuando visité el tesoro de Atreo en Micenas. Tuve la inmensa suerte de estar veinte minutos yo solo y es algo que te transforma completamente, te empequeñece y te desnuda.P.- Su artista de cabecera es...
R.- Probablemente, Courbet.P.- ¿Por qué?
R.- Porque en él está casi todo lo que ha pasado después, es una suerte de punto final y también es el motor y generador de casi cuanto ha sucedido después.P.- ¿De qué pintor se enamoró nada más verle?
R.- De Matías Quetglas. Lo vi en una de las primeras ediciones de ARCO a las que asistí, me pareció una vía nueva, fresca, deslumbrante en aquel momento. Esa sensación de flechazo se produjo con él.P.- ¿Y a quién aprendió a querer?
R.- Todavía me cuesta Botticelli, que no quiere decir que no sea uno de los grandes.P.- Compartiría una larga conversación con...
R.- Por citar a un clásico, Caravaggio, y por decir una chica, por la que siento una debilidad tremenda, Marina Abramovic.P.- ¿Qué museo se conoce a pies juntillas?
R.- Puedo visitar El Prado una veintena de veces al año y aún no lo conozco. ¡Ya me gustaría!P.- ¿A cuál no volvería?
R.- A aquellos museos en los que según entras por la puerta te están persiguiendo para incitarte a que te vayas.P.- ¿Cuál le sorprendió?
R.- De los visitados más recientemente me ha sorprendido mucho el Museo Nacional de Shanghai y también, porque estamos trabajando con ellos para la próxima exposición en el Cordón, el Centro de Arte Moderno de la Fundación Gulbenkian de Lisboa.P.- ¿En qué periodo artístico sería la persona más feliz del mundo y por qué?
R.- Los años del informalismo americano, tan tremendo y tan arrebatado, tan vital y tan atrevido, tan osado y tan poco correcto en las formas, tan peleón y tan luchador, y, probablemente, también tan equivocado en sus postulados. Pero en el arte hay que correr riesgos y ese me parece un buen momento para mancharse y embadurnarse de pintura.P.- Su bola de cristal augura un gran futuro a...
R.- A nosotros, por supuesto.P.- ¿Quien es ese nosotros?
R.- Todos los que tenemos que ver con el arte en la Fundación Caja de Burgos.P.- ¿Y al margen de ella?
R.- A Rubén Martín de Lucas, que trabaja sobre los límites de la propiedad física e intelectual, sobre la creación de fronteras tanto desde un punto de vista plástico como de activismo político.P.- ¿Qué libros tiene en su mesilla?
R.- Actualmente todos son de arte portugués, del XIX y del XX.P.- ¿Cuál es el último concierto que le emocionó?
R.- Estuve viendo al tenor Javier Camarena y fue una suerte poder escuchar a un cantante en un momento tan extraordinario.P.- ¿Qué música es la banda sonora de su vida?
R.- No tengo un tipo de música especial de cabecera. Me gusta mucho la ópera, soy un habitual en los conciertos de la Sinfónica de Castilla y León, me encanta el pop, el rock, la música portuguesa, fados y no fados, el flamenco... Escucho desde Arizona Baby a Sex Museum.P.- ¿La película que no se cansa de ver?
R.- Querelle, de Fassbinder, la vi muchas veces y la sigo respetando, a pesar de que el tiempo ha hecho que no envejezca bien.