El Correo de Burgos

Exposición

Un bello desconocido en escena

Cultural Cordón pone en valor y da a conocer a los creadores lusos desde mediados del XIX y del XX a través de un centenar de obras de pintura, escultura, fotografía y vídeo prestadas por la prestigiosa Fundación Gulbenkian de Lisboa

Ana Vasconcelos, Javier del Campo (c.) y Óscar Martínez observan la pintura ‘Duplo retrato’ de José Almada Negreiros.-Israel L. Murillo

Ana Vasconcelos, Javier del Campo (c.) y Óscar Martínez observan la pintura ‘Duplo retrato’ de José Almada Negreiros.-Israel L. Murillo

Publicado por
A.S.R.
Burgos

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António Carneiro, Almada Negreiros, Amadeo de Souza-Cardoso, María Helena Vieira da Silva, Canto de Maya, António Dacosta, Fernando Calhau, Ana Hatherly, Antonio Palolo, Júlio dos Reis Pereira, José Domínguez Álvarez... Podría ser la alineación de un equipo de fútbol o los invitados a un bautizo. Son nombres que nada dicen al gran público español, a pesar del aplauso de la historia del arte, y a pesar de que su escenario vital se encuentra a escasos kilómetros. Cultural Cordón se propone acabar con este desconocimiento con la exposición Más que vanguardia. Arte portugués entre dos siglos, que reúne casi un centenar de obras de pintura, escultura, fotografía y vídeo de mediados del siglo XIX y casi todo el XX prestados por la prestigiosa Fundación Calouste Gulbenkian de Lisboa.«Más que vanguardia nos brinda la oportunidad de desvelar artistas celebrados por los historiadores del arte que por esos extraños hados que acompañan a veces a los países vecinos no son aún suficientemente bien conocidos por el público español», resume Óscar Martínez, responsable del Área Social y Cultural de la Fundación Caja de Burgos, para quien esta exposición «no solo muestra la obra de artistas portugueses sino que descubre y revela en toda su amplitud la enorme potencia del arte y de las vanguardias de Portugal», amén de destacarla como «un verdadero hito y un acontecimiento para la ciudad de Burgos».No menos emocionado se muestra el director de Arte, Javier del Campo, que abunda en esa aportación al conocimiento «del gran arte portugués y de su relevancia internacional, del peso que realmente alcanzaron en las vanguardias europeas y que hoy tienen también en los circuitos de arte contemporáneo». Y le basta un solo detalle para ratificar sus palabras. El Grand Palais de París dedica ahora mismo una antológica a Amadeo de Souza-Cardoso, que está representado en el antiguo Palacio de los Condestables con tres óleos de la primera década del siglo XX.

Más que vanguardia, explica Del Campo, recoge lo más significativo de la modernidad portuguesa, desde mediados del siglo XIX hasta la Revolución de los Claveles, y su hilo argumental tira de la representación plástica del deseo de cambio.«Quería dar una visión lo más abierta posible en la que los acontecimientos históricos y sociales y las propuestas que los artistas plantearon a la sociedad portuguesa con el ánimo de provocar su cambio debían guiarnos. Aquí está la representación plástica de ese anhelo de transformación pública, cultural y social, la reivindicación de la cultura y de la educación», explica y sitúa el epicentro de ese terremoto en la revista Orpheu, que, junto a nombres tan conocidos como Fernando Pessoa, reúne a algunos de los autores presentes en la muestra como Souza-Cardoso o Almada Negreiros.

La exposición, articulada en cuatro capítulos, se diferencia igualmente por la inclusión del cine de vanguardia, con piezas de António Palolo, Ângelo de Sousa, Helena Almeida, Ana Hatherly o Fernando Calhau, «que realizó un papel extraordinario en la difusión del arte contemporáneo de Portugal», en palabras de la conservadora jefe de la Gulbenkian, Ana Vasconcelos, que aplaude Más que vanguardia como un viaje por el arte portugués, «un secreto que empieza a abrirse». Un secreto que ya lo es un poco menos.

 

Del ‘compartido’ Souza-Cardoso a un sorprendente paisaje de Frías

Más que vanguardia. Arte portugués entre dos siglos, que permanecerá en Cultural Cordón hasta el 14 de agosto, es un espectáculo coral con autores prestos a salir a escena, artistas con vidas más o menos intensas de las que da cuenta el delicado y también coral catálogo publicado para la ocasión. Una colección con un centenar de piezas, de distintas temáticas y estilos, pero con una historia por contar detrás. Es difícil no dejarse llevar por la magia del Nocturno de António Carneiro. O no bailar junto a los dibujos de José Pacheko hallados junto al programa de un espectáculo de Isadora Duncan. O dejar sola a esa muchacha en la estación de tren fotografiada por Víctor Palla. Imposible, por eso de hacer patria, seguir adelante sin detenerse en el Paisaje de Frías, de José Domínguez Álvarez. Un fantasmagórico cielo arropa al imponente castillo fredense, dominante sobre el caserío. Esta pintura, apunta el catálogo, forma parte de una serie de paisajes de Castilla realizados por el artista durante un viaje por España en 1932 con la luz como componente determinante. El paseo por la muestra también descubre tres piezas del celebrado Amadeo de Souza-Cardoso, al que el Grand Palais de París dedica en estos momentos una antológica, «un pintor incomparable de la vanguardia portuguesa» y con una vida de película por descubrir.

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