Artes escénicas
El paso burgalés de ‘Billy Elliot’
El alumno de la Escuela de Danza Pablo Bravo, de 13 años, interpretará al protagonista o a su amigo Michael en el musical sobre la premiada película que se estrenará en Madrid en 2017

Pablo Bravo Grijalba, en el escenario de la Escuela de Danza.-Raúl Ochoa
La única similitud entre la historia de Billy Elliot, el protagonista de la famosa película homónima que cuenta la lucha de este joven por convertirse en bailarín contra los estereotipos de la sociedad británica de los ochenta, y la de Pablo Bravo Grijalba es ese sueño y su disposición a cualquier sacrificio para conseguirlo. Sus biografías son dispares en lo demás. Mientras el personaje cinematográfico se topa con la oposición de su familia y ensaya en secreto, el joven bailarín burgalés cuenta con todo su apoyo. Un aliento esencial para haber conseguido ser uno de los seleccionados para interpretar a este personaje o a su amigo Michael en el musical que SOM Produce prepara sobre este largometraje para su estreno en 2017.Hasta esta meta, que tiene loca de contenta a toda su familia, ha llegado tras realizar un intenso taller que le ha obligado a viajar a Madrid durante nueve fines de semana y compaginarlo con las clases de la Escuela de Danza, donde ha cursado 2º de Profesional, y del colegio, ha hecho 2º de la ESO en el Virgen de la Rosa.Se enteró de las pruebas de selección a través de un profesor del centro. Llegó a casa. Pidió permiso a su madre. «Me dijo que sí y también que iba a ser muy difícil que me cogieran porque iban hacerlas muchos niños. Y yo ‘ya, ya, ya lo sé, pero quiero ver otra vez el ambiente’. Rellené el formulario en el ordenador. Me llamaron. Me presenté y a la semana me avisaron de que me cogían. Ha sido duro pero al final ha merecido la pena», relata aún emocionado y ya olvidado el cansancio de las intensas clases de danza clásica, claqué, coro, interpretación y preparación física que daba las tardes de los sábados y las mañanas de los domingos.«Después del taller me llamaron y me dijeron que estaba dentro. Me alegré mucho», recuerda este joven que el 2 de agosto cumplirá 14 años y que ya intervino hace dos años en el musical Sonrisas y lágrimas durante su representación en el Fórum.Los sacrificios no han terminado. Solo acaban de empezar. Ahora en julio volverá a Madrid para seguir con otro taller y en septiembre hará definitivamente el equipaje. La participación en este musical, que llegará a España tras diez años de éxito en Londres y con música de Elton John, le obliga a trasladarse a vivir a Madrid el próximo curso para preparar el personaje. Aún no sabe cuál de los dos interpretará.«Tengo ganas, aunque también me da un poco de miedo, porque dejo aquí todo», señala sabedor de que en el mundo de la danza, al que tiene muy claro que quiere dedicarse, este momento llegaría tarde o temprano.Su futuro está sobre las tablas. Le da igual si es danza, musical o teatro. Está dispuesto a tentar a todas las artes escénicas.El gusanillo del escenario le ha picado. Y le gusta, aunque le cueste poner palabras a lo que siente en él.«Es una cosa súper guay, te sientes súper bien, la gente te aplaude y es una sensación muy buena», destaca Pablo, que tocó a las puertas de la Escuela de Danza porque le gustaba bailar. Seis años después no se arrepiente. Todo lo contrario. «Cuando bailo me siento bien, a gusto, feliz, me olvido de todo».Ese momento hace bueno todo el esfuerzo. Las 18 horas semanales en el conservatorio, la necesidad de compaginarlo con las clases del colegio, las horas de estudio por la noche, el tiempo libre no pasado con los amigos...Y si la sonrisa es imborrable en el rostro de Pablo, tampoco se quita en la de sus padres, José y Ana, orgullosos de sus tres hijos. Además de Pablo, Carmen, su melliza, y Daniela, de 9 años, también están en la Escuela de Danza.«Estamos encantados. Él está emocionado y nosotros, también. Es un orgullo para él. Se ha esforzado mucho y es una buena recompensa», apunta la madre ante la mirada de su marido haciendo bueno el sacrificio de acompañarlo todos los fines de semana a Madrid. Sarna con gusto no pica. Y tanto Ana como José han recorrido la A-1 con mucho gusto.La madre reconoce que sí le da pena que con 14 años se vaya de casa. «Imagínate, imagínate. Eso de que se vaya el niño...», observa, aunque, por otro lado, sabe que la productora los mima. En ese aspecto, no hay preocupaciones. «Es una oportunidad que no puede dejar pasar», quita hierro el padre.Y Pablo está dispuesto a no hacerlo y a seguir los pasos de Billy Elliot.