Artes escénicas
El microteatro se hace grande en Las Musas
Malaika estrena su octava temporada con cuatro nuevas piezas de distinto tinte

Foto de familia de la primera temporada de microteatro de Malaika en 2013-
Hablar de microteatro en Burgos es hacerlo de Malaika. El grupo que surgió al amparo de unas cervezas en la barra de un bar tras las oportunas clases de teatro ha afianzado su posición en la agenda cultural capitalina y con el otoño vuelve a la carga. Este fin de semana estrena su octava temporada con cuatro nuevas piezas y la trastienda de La Casa de las Musas (Eduardo Martínez del Campo, 22) como escenario. El telón se levanta este viernes y sábado (21 horas, entradas desde hoy a la venta) y lo volverá a hacer cada mes hasta enero.El repertorio se compone de Una extraña familia, una comedia que se cuestiona la normalidad o no del hogar en el que nacemos; ¿Ha pedido un servicio?, un juego de equívocos; La última parada, una escena sobre la llegada de ese último tren cuando se cree que ya han salido todos; y La promesa, obra que se regodea en el difícil cumplimiento de algunos compromisos.Malaika alumbró este proyecto en el año 2012 y ya es una ficha fija en el tablero cultural. «Nuestras ocho temporadas en La Casa de las Musas colgando el cartel de ‘No hay entradas’ nos hace entender que la manera en la que tratamos este formato gusta al público burgalés. Cada vez nos sentimos más cómodos y, por qué no decirlo, mejoramos más nuestros pases, con la incorporación de todo aquello que vamos aprendiendo», comenta Olga Caparroz, miembro de este equipo con renovación de rostros en este nuevo curso.Lola Arana, Marisa Soro, Carolina García, Roger Redondo, Pedro Martín y la citada Olga Caparroz continúan en un elenco al que se une Manu Pórtela -abandonan su disciplina por motivos personales y laborales Raquel de Pablo, Raúl Pérez y Umbelina López-.La tercera pata de la terna formada por Malaika y microteatro se llama La Casa de las Musas. Su propietario los animó a montar algo que alimentara sus veladas culturales y hasta ahora. Observa Caparroz que barajar nuevos escenarios con un ciclo periódico como este es inviable -«esto, de momento, solo es una afición y cada uno tenemos nuestras obligaciones laborales»-, aunque apunta que ya han llevado sus minis a Salas de los Infantes, Hacinas, Covarrubias...Miedo no existe en su diccionario, pero gustan de tener los pies en el suelo. Y, aunque hace un año, manifestaban su deseo de dar el salto al teatro en largo, la prudencia manda esperar.
«Estamos buscando algún texto que nos guste y se adapte a nuestras expectativas y nos lleve del pequeño formato, que tanto nos gusta, al grande, que tanto nos apetece», destaca Caparroz.