Arte plástico

Historia del autobús que se alimenta de papel

Paula Sampelayo y Beatriz Martínez ponen en marcha el proyecto The Paper Bus, un taller-muestra-galería nómada que reivindica los valores humanos y nace con ánimo de continuidad. Aparca el sábado en San Juan y el domingo en el paseo de la Sierra de Atapuerca

Imagen de The Paper Bus.-

Publicado por
A.S.R.
Burgos

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Si hace un año un autobús se convirtió en escenario de un concierto de instrumentos insólitos, este fin de semana torna en sala de exposiciones y galería. Todo en uno. The Paper Bus es un original proyecto conducido por Paula Sampelayo y Beatriz Martínez Caballero que transporta arte, creadores de profesión o de vocación, valores humanos, espíritu viajero, intercambio de experiencias, vivencias...La historia comienza a miles de kilómetros. Los que separan Burgos de India. De allí, Beatriz se trajo 500 papeles de diferentes texturas, grosores y colores. Se convirtieron en la gasolina de esta propuesta que nació sin guion y sin pretensiones y que creció cincelada por el destino y pintada por la magia.Los papeles estaban sobre la mesa y ambas, la una artista y la otra antigua e inquieta alumna suya que aun sin dedicarse ex profeso al arte sí tiene ese espíritu, tuvieron el pálpito de que debían hacer algo diferente. Buscaron un espacio en el que trabajar. Pusieron su mirada en Castrojeriz. La condición de punto de encuentro de esta localidad al ser atravesada por el Camino de Santiago le imprimía un sentido simbólico que la marcó como el lugar ideal. «Queríamos dar importancia al proceso, al durante, a la propia experiencia de ese taller artístico». Allí todo fueron facilidades. ¡Albricias!La sede del sindicato agrícola fue su estudio durante el mes de julio. Empezaron a jugar con «las calidades y la magia de los papeles» y con el cartón como soporte. Lo necesitaban para facilitar el transporte y exposición de las obras.Pasaba el tiempo y era tan bonita la aventura que pensaron que era egoísta disfrutarla ellas solas. Abrieron las puertas a otras personas, artistas o no. Lo importante era la vivencia. Nada de nombres. Nada de egos. Nada de precios. Nada de localismos... «Se trata de trabajar desde los valores humanos, de compartir espacio, intercambio de experiencias, aprender unos de otros... Queremos dar valor al trabajo en sí mismo, no a su firma», señala Sampelayo y añade la presencia de mensajes con la reivindicación de esta bandera que destila The Paper Bus.Se esfumaron las tardes de verano, se empezaron a caer las hojas de los árboles, y, poco a poco, el taller artístico nómada crecía. «Ya hay un grupo de trabajo fuerte como para poder mostrar la idea general del proyecto y queríamos que fuera un montaje diferente».Una propuesta insólita que vino sobre ruedas. Un día vieron aparcado un autobús en la puerta de una empresa de Villalonquéjar. Pide y se te dará. Otra vez el azar y la buena disposición de entidades y empresas que se han subido a este bus de forma altruista, sin recibir a cambio ni una pincelada de márketing ni la palmadita agradecida al mecenas, hacían posible este sueño.Treinta personas se han subido ya a este vehículo -quedan plazas, a nadie se dice que no- que aparca este fin de semana en la capital burgalesa para darse a conocer al público. Estará el sábado en el Monasterio de San Juan y el domingo en el paseo de la Sierra de Atapuerca (de 12 a 18 horas).

Quedará instalada allí una exposición-galería nómada con los trabajos realizados en el marco del proyecto. A cada participante se le ha invitado a hacer un tríptico con tres tamaños posibles: 80x80, 30x30 y 10x10. Una parte lucirá en un espacio comunitario de cualquier lugar del mundo que defienda estos valores. Léase hospitales, una prisión, asociaciones que trabajen la solidaridad... La segunda pieza del tríptico se pondrá a la venta por un módico precio (80, 30 y 10 euros en función del tamaño) para pagar el transporte de esa primera donación y la tercera será para una persona pública que el autor considere que se lo merece por lo que representa.Todo el dinero recaudado de una u otra manera servirá para autofinanciar esta iniciativa que nada quiere saber de subvenciones públicas.Porque a The Paper Bus le queda mucho recorrido por delante. Kilómetros y kilómetros. No hay ninguna meta. Cuando se quede sin magia el motor cesará y a otra cosa mariposa. Pero ese momento no ha llegado. Y la idea es repetir la fórmula en otras ciudades aunque no necesariamente con las mismas características. Este taller artístico nómada sigue sin guion. Ya han solicitado parada en la India, Logroño y Tarifa y se está pergeñando hacer otra en Bruselas. Próxima estación...

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