El Correo de Burgos

Literatura

«Seguimos viviendo en una aldea, aunque ahora se llame global»

Inma Chacón retrata el fenómeno de las ‘viudas de vivos’ que creó la emigración de finales del XIX en 'Tierra sin hombres', que presenta el martes 29 en el MEH

Inma Chacón presenta su novela el martes 29 en Burgos.-Joseba Oses

Inma Chacón presenta su novela el martes 29 en Burgos.-Joseba Oses

Publicado por
A.S.R.
Burgos

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Rosalía es una de tantas mujeres que se ve obligada a sacar adelante sola su granja y sus dos hijas, Sabela y Elisa, cuando su marido, Mateo, se va a hacer las américas. Es una de las muchas ‘viudas de vivos’, término que acuñó Rosalía de Castro, que hubo en la Galicia de finales del siglo XIX y primeros del XX, un fenómeno que guía Tierra sin hombres, el nuevo libro de Inma Chacón, que se presenta el martes 29 en el MEH (20.15 horas).La escritora pacense ha explicado en varias ocasiones que todas sus novelas surgen de una historia real. Esta no es una excepción. «Es la vida de la abuela de un amigo. Su madre fue una de estas mujeres. Me impresionó mucho la expresión ‘viuda de vivo’, que ya por sí sola cuenta mil historias, y yo quería contar la de una de ellas. En aquel momento la mujer casada estaba sujeta a la ley de obediencia marital y no tenía derechos. Cuando se quedaba viuda los recuperaba y podía comprar, vender, tener potestad sobre sus hijos..., pero estas mujeres eran viudas sin serlo. Se quedaban guardando la ausencia del marido, cuidando de la tierra, los animales y los hijos. Es esa historia con minúsculas que han escrito las mujeres en España y que prácticamente no se conoce», sostiene al tiempo que afirma que sí o sí este relato tenía que desarrollarse en Galicia.Un «vendaval tremendo» recibió a la escritora cuando viajó a Covas, el pueblo lucense donde transcurre el relato real y de ficción. «Y precisamente yo quería ver el mar en su esplendor, con esa fuerza de las olas, ese rugir del viento, la tierra mojada, el olor, la humedad en la piel... Yo quería sentir todo eso en persona», recuerda y con esa furia lo traslada a estas páginas.Tierra sin hombres es un homenaje a la emigración, un fenómeno a la que España está bien acostumbrada. «Ha habido unos picos importantes. El primero es el que describo en la novela, el segundo fue en los años sesenta, cuando emigraron muchísimos extremeños, andaluces, murcianos, castellanos hacia otras regiones más industrializadas como País Vasco, Cataluña o Madrid, pero también a otros países europeos como Francia, Suiza o Alemania. Y el tercer pico es el actual, que son los jóvenes que se están yendo porque no hay trabajo, una generación maravillosamente preparada en la que hemos invertido mucho desde el punto de vista económico, social y familiar y el fruto lo están recibiendo otros. Y es una emigración que en muchos casos no tiene retorno», se explaya.Sobre este tablero despliega amor, celos, envidia, deseo de justicia, venganza... «Todas las pasiones que dominan las relaciones humanas, pasiones condicionadas por secretos que se guardan a través de juramentos, promesas que se hacen poniendo en prenda lo que más quieren y además hechas ante Dios, por lo que es muy difícil de romper».No falta en este juego el qué dirán. «Ha influido en todas las familias en algún momento ayer, hoy y mañana. Se expresa de diferente manera y medios pero es el mismo. Antes se generaba en los corrillos, las tabernas, los lavaderos del río y hoy en las redes sociales. Seguimos viviendo en una aldea, aunque ahora la llamamos aldea global, y sigue condicionando la vida de las personas».¿Ha cambiado la sociedad menos de lo que se cree aunque ha pasado un siglo? «Las condiciones de vida han cambiado mucho, la ausencia no es tan dolorosa y se ha perdido el grado de intranquilidad, pero no tanto las situaciones y nada la forma de relacionarnos entre nosotros. Los sentimientos y las emociones son las mismas». Hoy como ayer, hay tierras sin hombres, y amor, y celos, y ganas de venganza.

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